Se percibe en el ambiente la prisa, la desesperación, el resentimiento, la tristeza, la desolación, el duelo, la incertidumbre y los celos, entre otros tantos defectos de carácter y emociones encontradas entre sí, de los que habitamos ésta ciudad fronteriza, que adolece del olvido y la ingratitud de sus hijos y de quienes se han encargado de administrar sus bienes.
Leí en el baño de un restaurante de Ciudad Juárez un ambicioso letrero que pedía a los clientes “no tirar el chicle en el retrete del excusado” y remataba como siempre “atentamente la gerencia”...
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