Se percibe en el ambiente la prisa, la desesperación, el resentimiento, la tristeza, la desolación, el duelo, la incertidumbre y los celos, entre otros tantos defectos de carácter y emociones encontradas entre sí, de los que habitamos ésta ciudad fronteriza, que adolece del olvido y la ingratitud de sus hijos y de quienes se han encargado de administrar sus bienes.

Es solamente cuestión de analizar por ejemplo, cuando un hijo va creciendo y a su alrededor ve que sus padres se ofenden, se insultan, se agreden, lo obligan a acudir a reuniones que no desea, le cuestionan su actitud, le exigen un comportamiento lejos del ejemplo dado, lo golpean, lo agreden y se desquitan porque lo hacen sentir culpable de sus desgracias. Ese hijo luego acude a la escuela y agrede con odio y resentimiento a sus compañeros, a quienes ve el rostro de sus padres y como no puede hacerlo con ellos lo hace con quienes sí puede.

Contrasta visiblemente y de manera lastimosa y envidiable con la vecina ciudad de El Paso Texas, cuyos impuestos se ven reflejados en obras viales, con sus calles, edificios, escuelas, centros recreativos, restaurantes, centros comerciales y edificios de gobierno impecables. Lugar que sirvió de refugio para los ricos de la época de la revolución que huyeron para evadir las balas. Hoy en día refugio de políticos que gozan de riqueza inexplicable, con doble nacionalidad o residencia, que les permite darse ese lujo, que la mayoría de los juarenses no nos podemos dar. O de los que aprovechan las dos nacionalidades según convenga.

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Hemos permitido todo tipo de abusos de autoridades y hemos impulsado a la corrupción. Hemos superado el consumo de alcohol y drogas como nunca antes existió. Ese ejemplo es el que demerita nuestra hospitalidad. Todo lo bueno lo estamos sepultando en el olvido, porque no conservamos casi nada de nuestros antecedentes históricos, culturales y artísticos, ni los damos a conocer a las generaciones. Nos conocen como la ciudad perdida, la de perdición o la bestia. Habrá quien se moleste por considerarme pesimista, pero no es pesimismo, es una realidad que debemos enfrentar.

Ciudad Juárez tiene hermosas familias que nacieron en este suelo desértico y también familias que adopta con el mismo amor y sin distinción, pero dejamos crecer todo lo negativo, que empaña el bienestar común. Años y años y años con los mismos problemas de narcotráfico, feminicidios, trata de personas, extorsiones, robo de infantes, además de políticos cínicos, soberbios, prepotentes y cómplices de la corrupción y de criminales. Medios y comunicadores que contribuyen a ocultar la realidad social y política por el pago de unas monedas como Judas. Nuestro patrimonio en manos de perversos delincuentes de cuello blanco y familias acaudaladas que se han adueñado de tierras mediante la simulación de actos jurídicos.

Todo esto es secreto a voces. Pero guardamos silencio porque tenemos miedo. Porque mientras tengamos vida, salud y forma de vivir como sea, lo demás no importa. Por eso nos llenamos de lavadores de dinero sucio y doble moral. Nadie se atreve a denunciar ningún delito del que tiene conocimiento. Mejor somos indiferentes e insensibles a lo que ocurre a nuestro alrededor. Las leyes pasan por encima de la justicia, porque los delitos políticos no son graves. Porque se han protegido mutuamente y así sucesivamente.

Veo a las iglesias católicas y cristianas llenas hasta el tope orando y pidiendo por nuestros gobernantes y por nuestras familias, y queremos dejarle todo el paquete a Dios. Juzgamos a nuestros semejantes por no estar de acuerdo con nuestras ideas, opiniones o puntos de vista, pero no debatimos ni contribuimos para mejorar, solamente criticamos. Lo podemos palpar en las redes sociales, sobran los todólogos. Los que todo lo saben. Los expertos en la crítica, pero que no dan ni un centavo de caridad, ni exponen soluciones, ni mucho menos a la práctica.

Mientras vemos y vivimos la inseguridad pública y social, así como el abuso de las autoridades, nos peleamos entre nosotros. Nos ofendemos en la calle hasta con la manera de manejar, no permitimos ni con las direccionales que entre un vehículo al carril. Nos desgarramos por los partidos políticos, mientras que los dirigentes comen juntos en los mejores restaurantes del mundo.

Somos unos “dejados y rajados” como lo diría mi abuelita. Las amenazas son considerables para entrarle al toro, eso es cierto, pero si nos unimos es más fácil entrarle al toro. Dentro de lo bueno tenemos empresarios, profesionistas y gente que desea contribuir para erradicar la mancha negra urbana. Los corruptos y saqueadores de la nación están fuertes. Están en todas partes. Pero los buenos seguimos siendo mayoría. También tenemos algunos extranjeros que aman a esta tierra y ayudan con su granito de arena.

El gran silencio de la injusticia y el gemido de las víctimas que no se oye, porque estamos sordos. Porque no queremos oír. A ver hasta cuándo seguimos en silencio.

Molinar Apodaca
Héctor Molinar Apodaca
Abogado | [email protected] | + posts

Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.


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