¿Qué está pasando en el gobierno federal de nuestro país?

Fieles a su estilo, los inquisidores de la cuarta transformación han dirigido sus dardos hacia el ex funcionario federal que se atrevió a cuestionar y a expresarse libremente sobre el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Se tienen datos del ala radical del Presidente de la República. Sí. Esa ala capaz de ver y formular enemigos en un pestañeo. En un abrir y cerrar de ojos, Carlos Urzúa, el otrora secretario de Hacienda pasó de ser un elemento importante e imprescindible de la 4T, a ser un “neoliberal”.

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La carta pública que le dirige al Presidente es lapidante; señala vicios, desconocimiento de la función pública, y hasta tráfico de influencias en el actual gobierno federal. Urzúa se ha sumado a las tantas voces que advierten retrocesos en materia económica, pero también política y social.

La rebelión en la granja de la que comentaba en columnas anteriores, ahora tocó el ámbito fiscal. De Urzúa se pueden decir muchas cosas, pero no que es una persona ignorante o no preparada. Tampoco se le puede juzgar por actos de corrupción o nepotismo, como sí ocurre en otras áreas del gobierno de la República.

No es en sí, la renuncia de un funcionario, el problema. Muchos han renunciado en gobiernos anteriores. El problema es el fondo: el mensaje de que las cosas se están haciendo mal. El ritmo improvisado y la dinámica sin rumbo de este gobierno ha provocado que la austeridad llegue a áreas que no debería llegar.

Me refiero a salud, ciencia y tecnología, deporte, educación. ¿Qué futuro le podemos dar a un país que descuida estos aspectos tan importantes para su progreso? Dejando de lado el cadavérico y aterrorizado aspecto del nuevo secretario de Hacienda, al ser nombrado por López Obrador (que, hay que decirlo, parece desconocer el proceso legislativo para realizar esto) y que fue motivo de ingeniosos y divertidos memes en las redes sociales, la entrevista concedida a Proceso, por Urzúa, nos revela específicamente dónde estuvo el problema, si no es que hay más que con el tiempo se irán haciendo visibles.

En específico menciona a dos funcionarios: Manuel Bartlett de CFE, y Alfonso Romo, jefe de Gabinete Presidencial.Más allá de que si es o no un conservador de ultraderecha, la acusación de un conflicto de interés, con la familia de Romo, no puede pasar inadvertida. Es cierto que quien acusa debe probar lo que sostiene.

Pero no sería tan descabellado darle el beneficio de la duda a Urzúa, puesto que hasta el mismísimo AMLO ha inmortalizado un señalamiento de corrupción contra Romo, en algún libro de su autoría donde lo acusa de haberse beneficiado del FOBAPROA. Ricardo Anaya lo atrapó en la incongruencia de manera magistral en un de los debates de la campaña presidencial pasada.

El otro caso, de Bartlett, (sí, ese del fraude del 88’) el perdonado por el manto sagrado de AMLO, tuvo que ver con su visión estatista y su rechazo a cumplir con contratos con compañías extranjeras. De ser así se tendría que revisar por medio de la materia legal y jurídica, no hay pierde.

La renuncia ya está. El tiempo dará la razón a alguno de los bandos. ¿Cuántos más se rebelarán en esta granja? Ya está la secuela, ¿habrá trilogía? Mientras, aquí andamos, apreciable lector.

GEN Z | Rebelión en la Granja Vol. I

Luis Carlos Caniano
Luis Carlos Casiano

Lic en Ciencia Política. Diplomado en Políticas Públicas y Prevención del Delito. Estudiante de Maestría en Administración Pública. Funcionario público municipal.


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