El rotundo fracaso de MORENA

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El pasado sábado quedó demostrado que cuando la ciudadanía decide participar de manera genuina, organizada y valiente, puede convertirse en una voz imposible de ignorar. Las calles fueron escenario de un contraste muy claro: por un lado, mexicanos convencidos que salieron a defender principios fundamentales; por otro, el viejo mecanismo del acarreo, la manipulación y el engaño político que, tarde o temprano, termina exhibiendo el verdadero rostro de MORENA y de su forma de gobernar.

Uno de los primeros grandes fracasos de MORENA ha sido su insistencia en querer someter a consulta pública temas que simplemente no son materia de votación popular. La justicia y la soberanía nacional no pueden depender de encuestas, de ejercicios propagandísticos ni de mayorías momentáneas. La ley existe precisamente para garantizar que el Estado actúe conforme a principios y normas, no conforme al aplauso o conveniencia política del momento.

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Cuando una persona comete un delito y existen pruebas suficientes, debe responder ante la justicia aunque un grupo de personas piense lo contrario. La legalidad no se consulta, se aplica. Ese ha sido uno de los errores más graves del oficialismo: convertir las instituciones en herramientas políticas y utilizar conceptos tan delicados como la justicia para alimentar narrativas electorales.

El mismo caso ocurre con la soberanía nacional. Un gobierno que presume defender la soberanía no puede actuar con discrecionalidad ni enviar mensajes contradictorios. En meses recientes, México ha sido testigo del traslado de decenas de personas privadas de la libertad hacia Estados Unidos en medio de cuestionamientos sobre el debido proceso y la transparencia jurídica. Mientras el discurso oficial habla constantemente de independencia y dignidad nacional, en los hechos pareciera existir una profunda inconsistencia entre lo que se dice y lo que realmente se hace. La soberanía no es un eslogan de campaña; es el respeto irrestricto al Estado de derecho y a las instituciones mexicanas.

Otro de los grandes fracasos de MORENA ha sido el engaño sistemático. Durante años construyeron un discurso basado en la idea de que eran distintos, de que combatirían la corrupción, acabarían con los privilegios y transformarían la vida pública del país. Sin embargo, el tiempo ha demostrado que muchas de esas promesas quedaron reducidas a propaganda y marketing político.

El sábado circularon numerosos videos donde ciudadanos entrevistaban a personas asistentes a la movilización organizada por MORENA. Muchos no sabían ni siquiera cuál era el motivo de la marcha. Esa imagen refleja perfectamente lo que ha construido el oficialismo: movilizaciones basadas en la desinformación, en el condicionamiento político y en el aprovechamiento de las necesidades económicas de millones de mexicanos.

Los apoyos sociales, que deberían ser instrumentos de respaldo temporal y desarrollo humano, fueron convertidos en mecanismos de control político. MORENA pensó que el agradecimiento de las personas duraría para siempre y que bastaría con repartir dinero para ocultar los enormes problemas nacionales. Pero el pueblo mexicano no es ingenuo. La gente puede necesitar un apoyo, sí, pero también sabe perfectamente cuando no hay medicinas en los hospitales, cuando no encuentra especialistas médicos, cuando una cirugía se pospone por meses o cuando una madre debe recorrer varias farmacias buscando medicamentos inexistentes en el sistema público.

La crisis del sistema de salud es quizá una de las muestras más dolorosas del fracaso de la llamada “transformación”. Prometieron un sistema mejor que el de Dinamarca y la realidad es completamente distinta. Hospitales saturados, médicos rebasados, pacientes abandonados y familias enteras enfrentando gastos imposibles por la ausencia de atención digna. La propaganda puede llenar conferencias mañaneras, pero no puede llenar anaqueles vacíos ni curar enfermos.

Y si hablamos de fracasos, la inseguridad merece un capítulo aparte. México vive una de las etapas más violentas de su historia reciente y las carreteras del país se han convertido en símbolo del abandono gubernamental. Transportistas, comerciantes y familias enteras viven con miedo constante al transitar por distintas rutas nacionales donde los asaltos, robos y extorsiones son cada vez más frecuentes.

Resulta indignante escuchar testimonios de operadores de carga que aseguran tener que pagar cuotas al crimen organizado para poder circular. Más grave aún es que muchos de ellos sienten que quienes deberían protegerlos simplemente han renunciado a hacerlo. La presencia del crimen en las carreteras evidencia la pérdida de control territorial en muchas regiones del país y el fracaso absoluto de una estrategia de seguridad basada en los abrazos mientras millones de mexicanos viven atrapados entre la violencia y el miedo.

Por eso no sorprendió que incluso dentro de las movilizaciones impulsadas por MORENA surgieran expresiones de molestia y hartazgo por parte de transportistas y ciudadanos cansados de la inseguridad. Porque la realidad termina alcanzando cualquier narrativa política.

Hoy México enfrenta una profunda crisis en economía, salud, educación e inseguridad. El país se cae a pedazos mientras el gobierno insiste en dividir a los mexicanos entre buenos y malos, entre pueblo y adversarios, entre quienes obedecen y quienes se atreven a cuestionar.

Pero el sábado también dejó algo claro: todavía existen ciudadanos valientes dispuestos a levantar la voz. Y en Chihuahua eso tiene un significado especial. Los chihuahuenses históricamente han demostrado carácter, valentía y resistencia frente al abuso del poder. Somos una tierra de gente trabajadora que entiende que los gobiernos deben servir a todos, no solamente a un grupo político ni a una clientela electoral.

Gobernar implica generar desarrollo, prosperidad y oportunidades. Implica garantizar seguridad, salud y educación de calidad. Implica aplicar la ley sin privilegios ni excepciones, ya sea para el gobernador de Sinaloa, para cualquier funcionario o incluso para familiares de expresidentes. La justicia no puede depender de afinidades políticas.

La participación ciudadana de los chihuahuenses ha sido ejemplo a lo largo de la historia y seguirá siéndolo. Porque cuando un gobierno fracasa en escuchar, gobernar y resolver, siempre habrá ciudadanos dispuestos a recordar que el poder pertenece al pueblo y no a quienes pretenden perpetuarse mediante el engaño.

ADN Marisela Terrazas
Marisela Terrazas

Ex Diputada por el PAN en Chihuahua. Doctorante en Ciencias de la Educación por la Universidad Libre de Bruselas, Bélgica. Maestra en Educación por UTEP, ex directora del Instituto Chihuahuense de la Juventud y experta en políticas públicas juveniles.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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