Continúa la transformación del derecho, pero desde la cúpula de la justicia que es la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La Institución Jurídica más respetable de la república y desde luego, el Tribunal de mayor jerarquía en la interpretación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que emanan de ella.

Refiero lo anterior, porque precisamente quien ha dado pauta a la nueva era en la definición de los derechos humanos es la máxima autoridad del Poder Judicial. De la manera en que fluyen los hechos de grupos minoritarios, en la exigencia de la igualdad de derechos y obligaciones, es como el Poder Legislativo procede en la creación, modificación o derogación de leyes.

Contrario inclusive a las tradiciones, valores y creencias religiosas, se han impuesto normas jurídicas que han colocado a México, como el de la vanguardia en América Latina. La despenalización del delito de aborto, es una muestra de ello. Primero la Ciudad de México en el año 2007 y ahora el Estado de Oaxaca, como respuesta al impulso de los grupos feministas, la polarización electoral y el triunfo del Partido Político Morena.

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El argumento de los legisladores es que es una posición humanitaria, porque no debe ser juzgada por abortar ninguna mujer, por lo que se despenaliza y podrá efectuarlo legalmente hasta las doce semanas de gestación, después de ése tiempo se considerará delito. A no ser que haya sido violación o inseminación artificial no consentida y cuando ponga en riesgo la salud o la vida de la mujer no podrá ser acusada. Considerando los innumerables abortos clandestinos que son un problema de salud y sin control, de acuerdo a datos del INEGI, es la tercera causa de mortalidad materna en menores de 20 años.

Despenalizar significa que se suprime el carácter penal del acto que se considera ilegal. Por lo que más que enfurecer a la sociedad pro vida, creo que sirve para reflexionar el papel que hemos jugado, como parte directa en la defensa de un ser humano vulnerable e indefenso, cuyos derechos se suprimen por encima de la constitución, que protege a todo mexicano al momento de ser concebido.

Primero porque como parte de la sociedad creyente la mayoría, nos matamos los unos a los otros. Hasta los sicarios tienen a sus santos y altares guadalupanos, y se sabe que algunos están bien relacionados con sacerdotes, que acuden a bendecirlos por la espléndida caridad que otorgan, para que les perdonen sus pecados en el nombre de Dios. Otro ejemplo, es el líder de la secta cristiana “La Luz del Mundo”, enjuiciado en Estados Unidos por violador de menores. O los sacerdotes y pastores que son pederastas o pedófilos que destrozan la vida entera de niñas y niños. Están en todo el mundo.

Los delitos tipificados como violencia física, psicológica y patrimonial contra la mujer son demasiados, y se siguen sumando a la lista de las legislaturas, tales como los abusos sexuales, feminicidios, maltrato, y violación por mencionar algunos. Y la pregunta obligada ¿y los valores morales y religiosos inculcados desde la familia y doctrinas dónde están que no se ven?. ¿Quién se atreve a tirar la primera piedra?. Es increíble que en lugar de crecer en el amor, hayamos fortalecido el odio. En lugar de lograr la paz, sigamos promoviendo la guerra. Hasta en el abrazar nos hemos excedido que ya son tocamientos libidinosos.

El aborto siempre ha existido como tal y en lugar de prevenir los embarazos no deseados, las relaciones sexuales se practican con o sin permiso sin control, ni educación. Culpando de todas nuestras desgracias al gobierno y en especial al Presidente de México, dejando de lado todas las décadas pasadas, de graves omisiones y falta de atención y responsabilidad, de los que vamos abriendo el camino a seguir de nuestros hijos y nietos.

La despenalización del aborto, es la consecuencia de una parte de lo que expongo. Nunca se justificará el crimen a un ser humano indefenso en el vientre de su madre, que en lugar de brindarle amor, protección, alimento y salud, planea destrozarlo antes de nacer. Esa es una realidad que duele, pero es una realidad. El estado no es la iglesia, ni nuestro papá o mamá, tampoco es quien debe decirnos qué hacer y qué no hacer, simplemente actúa como consecuencia de nuestros actos, por eso el derecho regula la conducta humana.

¿Por qué mejor no enfrentamos nuestros miedos y a los corruptos incrustados en todas las ideologías, religiones, gobierno y familias?. Vienen cosas peores. Los derechos humanos, son aquellos que desarrollamos como tales en estos tiempos con nuestros actos. Todo lo malo dejará de serlo. La Suprema Corte de Justicia de la Nación, se contradice todos los días de sus tesis que ya no aplican por la modernidad, y los cambios en la personalidad humana.

Molinar Apodaca
Héctor Molinar Apodaca
Abogado | [email protected] | + posts

Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.


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