Reasumiendo el análisis de los argumentos falaces utilizados diariamente en todos los ámbitos de nuestra existencia (para el lector que apenas empieza a leer la presente columna, en mi entrega anterior razoné acerca del argumento Ad Hominem), me permito discutir otra perla de la trampa del lenguaje al momento de una discusión.

Argumento de “autoridad”: El peso del argumento es en realidad el peso de la fama, el poderío (cualquiera que sea el baremo del mismo, en cualquier ámbito de acción) y/o la capacidad de cooptación que tenga quien lo enuncia. 

En realidad no importa si la persona que está ejerciendo la competencia argumentativa está versado en el hilo de la discusión o que siquiera tenga información que respalde su discurso, lo que importa es que él o ella lo dijo. Es sumamente común encontrarse con este tipo de argumentos en forma de videos “motivadores”, en textos de tipo religioso, en conferencias de superación personal, en capacitaciones laborales o sencillamente en los cientos de “cadenas” que recibimos diariamente por las redes sociales. 

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Recuerdo un escrito que desde hace años anda circulando vía internet en donde José Saramago, famoso y laureado escritor portugués premio Nobel de Literatura en 1998, supuestamente define poéticamente lo que es un hijo. Aunque existen varias versiones y hay varias venias literarias en el texto, generalmente empieza diciendo que un «hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos…”. Sin demérito de la belleza del texto, de lo acertado o no de su argumento y de las creencias que evoque en el lector tal expresión, para cualquier persona medianamente versada en la vida y obra de tan insigne escritor salta inmediatamente una objeción: Saramago fue un ateo militante. Solo por ello, la autoría del texto queda en entredicho. Para darle difusión a su visión de lo que debe ser un hijo, el verdadero autor cita falsamente a una “autoridad” que corte de tajo toda objeción que los lectores puedan tener en contra de su argumento. No importa que la idea presentada tenga por sí misma un peso específico, se debe evocar a alguien que respalde las aseveraciones antes de que cualquier persona empiece a ejercer la crítica. Porque como lo dice un premio Nobel, pues…

Abundan en las redes sociales “revelaciones” médicas, morales y científicas que generalmente tienen como componente común la evocación a una autoridad. Citan a científicos de alguna universidad prestigiosa (Harvard, Instituto Tecnológico de Massachussets, Oxford, Stanford, etc.) con investigaciones “reveladoras, contundentes” que contradicen las “verdades oficiales” y que tratan de probar fuera de toda duda que el bicarbonato cura el cáncer, que hay una conspiración entre los Reptilianos y los Illuminati para acallar a las voces que defienden la homeopatía y que las vacunas contra la gripe matan a más personas de las que salvan. Dan decenas de datos y “pruebas clínicas”, presentan estudios de casos (generalmente con un caso hacen toda una generalización de los resultados) y hablan de lo engañados que vivimos por intereses oscuros. No deseo atiborrar de ejemplos de ello a quien me esté leyendo, solo los invito amablemente a tomarse la molestia de abrir su buscador de preferencia y hacer la pesquisa correspondiente. Si quiere ir mas allá, hágame el favor de pedirle al autor (casi nunca saldrá a relucir la firma de alguien, pero inténtelo) que le explique detalles que no cuadren, o simplemente abra la página web de la universidad o del “científico” citados y busque datos al respecto. Ejercer un sano escepticismo sobre la información recibida diariamente hará que usted tome mejores decisiones, que no se vea tentado a comprar esa píldora maravillosa de extractos naturales que algún laboratorio corrupto le niega como cura del Alzheimer y que no sature de basura informática su computadora o su celular. El solo hecho de que el argumento termine con un “favor de reenviar a todos sus contactos”, es indicativo de que alguien está tratando de verificar si su cuenta de WhatsApp o su correo electrónico están activos para llenarlos de publicidad, virus informáticos o cosas peores. Recuerde el autor que nuestras madres siempre nos invitaban a desconfiar de los desconocidos. ¿Por qué? Bueno, “porque te lo digo yo, ¡Que soy tu madre!”.

Ojala tenga el privilegio de ser leído por usted la próxima semana. Alea iacta est*.

*La suerte está echada

Marcos Delgado 2017
Marcos Delgado Ríos

Ingeniero Químico y Licenciado en Educación, con Maestría y Doctorado en Ingeniería Ambiental.

Catedrático universitario y empresario emprendedor en productos con valor científico agregado. Analista político y Rector de la Academia Superior de Estudios Masónicos (ASEM) de la Gran Logia “Cosmos” del Estado de Chihuahua. Líder del Comité de Participación Política “Salvador Allende”.

*La suerte está echada


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