Crónicas del Poder

“…In memoriam: Pbro. Antonio Armendáriz Alvarado…”

   Querido Lector, hoy me doy humilde licencia verbal en este generoso espacio de publicación, para de inicio de año 2022, recordar a un personaje muy querido en mi familia directa, llamado a la Casa del Padre Celestial el pasado día 29 de diciembre. Agradezco la sensibilidad y fina consideración al respecto.

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    Gustaba que le llamáramos cariñosamente “Tío Toño”. A lo largo de cerca de 40 años ejerció su ministerio sacerdotal, dentro de la Congregación de Los Misioneros del Espíritu Santo. Es mi deseo en este momento darle espacio en mi limitada y selectiva memoria -¿acaso hay de otro tipo?- al trazo de un hombre siempre sencillo y de sonrisa cálidamente humana que tuvo la bendición y fortuna de transitar por una larga y espiritualmente fecunda existencia, fusionando con ventura el llamado de la vocación y la fortaleza de la convicción. Evoco dos personalísimas vivencias que marcaron memorablemente mi corazón e inteligencia.

   Mi memoria clara lo ubica de principio y de manera nítida, en mi relación con una conversación que sostuve con él, de visita en mi casa paterna siendo yo aún estudiante de Filosofía, el ya para entonces joven e inminente “Padre Toño”, querido hermano menor de mi padre Arturo, me compartió su atractivo por una serie de lecturas de tema teológico, preguntándome de manera sutilmente pedagógica acerca de el sentido de mi aproximación a la Filosofía, es decir, sobre cual disciplina del cuerpo integral de la misma había llamado mi atención intelectual como para decidir una potencial vocación al respecto, recuerdo que para el tema conversamos en torno a las bondades de la metafísica, la epistemología, la lógica, la antropología cultural, por supuesto el sentido profundo de la filosofía de la religión y su colindancia sustancial con la teología. Aquel diálogo me dio como resultado una innegable ampliación de perspectivas de reflexión para mi propio y en ese tiempo muy incipiente sentido formativo en la nobilísima disciplina cultural, recuerdo que en ese momento, inicio de los 80,s me definía por el acceso epistemológico, debo decir que la determinación de aquella mi certeza, hoy tendría desplazamientos laterales indispensables en mi vida.

   Otro memorable momento lo viví en el año 2002, al tener el gusto privilegiado de ser generosamente invitado por el “Padre Toño” a sostener una conversación en Oregon en EUA, en una bellísima y verde comunidad llamada sugestivamente Mount Angel, con el cálido propósito de hablar algunos temas de Filosofía de manera libre a una comunidad de jóvenes novicios de su Congregación, para dotar de cuerpo a ese diálogo me permití abordar algunos conceptos de Teoría de la Comunicación, materia reflexiva que ocupaba de manera intensa mi actividad profesional en ese momento y aun lo ocupa actualmente. Lo sustantivo de la vista en lo personal, radicó en la compañía de mi hijo Sergio y en el contacto que se propició en el aprecio y cariño que se cimentó con aquella joven comunidad de creyentes novicios, por supuesto de manera agradecida en forma permanente con mi “Tío Toño”.

   Sin embargo, mucho más allá de este par de trazos personalísimos vinculantes con el personaje que fue el “Padre Toño”, sé que deja una vida de servicio en la asesoría y acompañamiento espiritual que tocó a muchísimas vidas humanas en diversas partes del mundo. Fue un hombre cosmopolita en su vocación y existencia apasionadamente transitadas desde su íntima convicción religiosa, por demás inquebrantable. También deja un recuerdo memorable de sencillez como ser humano, con fino y noble sentido del humor siempre a flor de piel, fiel y fiero combatiente en contra de cualquier forma de infamia o sentidos capciosos degradantes de la dignidad de la condición humana, por eso mismo siempre amoroso cristiano con los enfermos y desheredados, protector espiritual de la dignidad humana en todas las piadosas manifestaciones de su miseria en este mundo, en ese sentido, la llamada experiencia de la Cruz fue su inspiración y ruta de vida, la argamasa de amor que lo constituyó.

   Siempre vendrá a mi memoria, sonriente. Sin duda, la fortaleza de su vocación y la roca sólida de su convicción maravillosamente consumadas en la espiritualidad transfigurada por su muerte física, representan desde ya una ruta en lo personal para el encuentro inevitable y cada vez más próximo de mi propio destino. Ni hablar aquí de todo el sentido profundo consagratorio que este evento trae para el espíritu de todos los que creemos en la comunión de la Fe, ese primordial asunto se trata en otro ámbito.

    Alguien dice que la muerte consuma perfectamente al tiempo, no lo sé, quizá así sea. Lo que si sé es que los humanos siempre queremos mas vida, creemos con pasión que hay otra posibilidad de continuar siendo en conciencia de nosotros mismos, cada quien, cada cual. Antonio Armendáriz Alvarado se dedicó en cuerpo y alma, literalmente, a alimentar esa sustancial vocación humana de eternidad, lo hizo desde el ministerio sacerdotal, siendo parte ya del inmemorial cuerpo de su iglesia, su apuesta la vivió siempre con la sonrisa en el rostro, hoy me permito recordarlo como muy posiblemente hubiera querido que lo hiciera, en paz y alegría, por la memoria del Padre que fue.

   Adiós, mi querido Tío Toño.

Sergio Armendariz SQD
Sergio Armendáriz
Comunicador Social en Organismos Privados y Públicos | + posts

Comunicador en Radio, TV, Prensa Escrita y Portales Electrónicos. Académico Universitario. Funcionario Educativo. Miembro Consultivo en OSC.


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