Los avances en biología y neurociencia, le han dado a la sicología y filosofía nueva herramientas para sus elucubraciones o para tratar de entender esa cosa compleja y enigmática que es la conducta humana.

El mundo exterior se aparece ante nuestros sentidos trayéndonos mil sensaciones que nuestros órganos sensoriales mandan a procesar a nuestro cerebro.

A través de la percepción los eventos del mundo real se transforman en personales, los estímulos exteriores se transforman en información y conocimiento en nuestros cerebros.

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Una imagen entra en nuestros ojos proyectándose en la retina, Ahí las células fotosensoras conocidas como conos separan los colores y los bastones registran la intensidad, estas células envían impulsos eléctricos a través del nervio óptico hasta el tálamo que funciona como el mayordomo de una casa, si la imagen es interesante la pasa a la parte automática del cerebro, para un tratamiento automático, si es algo nuevo tendrá que ir al lóbulo occipital para que analice forma, figura, colores, movimiento etc. y luego a los lóbulos parietales y temporales para darles significancia, ya bañada, peinada y en tercera dimensión pasa al lóbulo temporal para saber que hacer con esta imagen o evento.

Cuando uno estudia a detalle cómo el cerebro procesa los estímulos externos se queda impresionado y contra la pared, en mi caso entiendo a Edwin Schrödinger, cuando al terminar su libro de ¿Qué es la vida? Dijera ¡Estas son las maravillas que el señor nos regaló¡

El problema surge cuando quieres hacer esto en forma artificial.

Gracias a los electrónicos que desarrollaron los sensores fotográficos CCD se puede tener una imagen eléctrica de la imagen visual, una ventaja adicional ha sido el autoenfoque y otras gracias que nos evitan pelearnos con lentes y filtros, los circuitos electrónicos nos transforman en fotógrafos de excelencia.

Una vez que tenemos la imagen, normalmente en una matriz de dos dimensiones cuyos elementos son vectores de 3 dimensiones, uno por cada color el problema es cómo reconocer los objetos.

Lo primero que hay que hacer es simplificar el problema y convertimos la imagen en blanco y negro, luego hay que determinar la figura, esto es donde inicia un objeto e inicia otro.

Como solamente tenemos una matriz cuyos elementos son los tonos de negro se recorrer toda la matriz buscando donde hay variaciones bruscas de valor, para que esto sea más fácil aumentar el contraste de la imagen y generas otra matriz con estos puntos donde se da el contraste resultando la imagen algo así como un dibujo en lápiz del escenario.

Normalizas la imagen y te vas a imágenes de archivo previamente normalizadas a buscar coincidencias y valúas que tanto se parece la foto de archivo a la presente, si tiene una coincidencia relativamente alta lo encierra en un cuadro.

Según los neurocientíficos, una de las capas del lóbulo occipital hace ese trabajo, establece la figura de los objetos, de ahí que nos sea muy fácil reconocer objetos y personas con unas cuantas líneas.

El reconocimiento de rostros es el culmen de esta tecnología, ya que todas las caras son muy parecidas, lo primero que se le viene a la mente es ¡para nada! Yo puedo distinguir miles de caras.

Y así es una persona puede distinguir no miles sino millones de caras, ya que el cerebro le dedica recursos adicionales al reconocimiento de rostros, dicen los evolucionista que era para subsistir, vaya usted a saber.

Hay varios métodos para la clasificación y detección de caras y los más sofisticados puede detectar millones de rostros.
En el caso de Aristóteles usamos la técnica cascade, ya que, aunque no son muy precisos, requieren menos recursos de hardware.

Dejamos en el tintero usar el espacio de Hilbert para el reconocimiento de caras, pero lo retomaremos en el futuro.

Algo adicional que tiene el robot Aristóteles es un sistema de rayos infrarrojos que le permiten detectar la proximidad de las personas, al parecer también nosotros tenemos algún sentido que nos hace percibir la cercanía de las personas, pero ese tema vale la pena dedicarle un artículo completo.

Cuando usted se acerque a Aristóteles, le preguntará su nombre para asociarlo a su rostro, genera un expediente donde guarda la plática que recuperará la siguiente vez que lo visite.

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Marcos Barraza

Ingeniero de profesión y aficionado a la ciencia y filosofía. Intelectual de nuestro tiempo que compagina conocimiento científico y humanista. Domina las ciencias exactas y armoniza con las ciencias sociales.


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