Ni fría, ni caliente; “Guerra Tibia”

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Una de las cosas que más me gustan de la historia y de la vida, es la manera en que la permanencia del cambio y el devenir de los ciclos conviven entre sí. Si bien, el cambio es la única constante en nuestra existencia, el hecho de que todo se repite cada cierto tiempo, es otra realidad. Dos verdades que conviven entre sí y que enmarcan las circunstancias de cada pueblo, de cada grupo de cada individuo. 

Todo cambia, pero también, todo vuelve…

Bajo otros nombres, lugares, personas y cosas, pero los ciclos se cumplen y se repiten. 

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Resurgimiento, segunda parte, como gusten llamarle, la cuestión es que muchos están hablando ya de una nueva Guerra Fría. Una Guerra (si queremos unirnos a esta corriente mediática) que no dio inicio con el comienzo al fuego en el conflicto Rusia – Ucrania, sino que lleva años gestándose; a través del deterioro en las relaciones Estados Unidos – Rusia, así como la animadversión hacia China, de un sostenido crescendo y que tanto preocupa a los internacionalistas por el poder armamentístico de los dos primeros, y el poder comercial del tercero.

Si bien, podemos hablar de una Guerra fría por el peso de los actores, las condiciones actuales hacen imposible un juego de suma cero, es decir; lo que tú ganas lo pierdo yo y lo que yo gano lo pierdes tú, que fue el sentido que determinó la Guerra fría, dos bloques enfrentados donde no se podía conceder ni un metro al enemigo, donde ningún movimiento podía quedar sin respuesta, pero el principal garante del no estallido de una guerra era la certeza de que un contraataque de cualquiera de los bloques significaría la destrucción masiva de una importante parte del planeta. 

Un mundo bipolar, con un tremendo costo económico. Todos bajo una misma consigna: ni un paso atrás, ya sabemos cómo fue esa consigna: Corea, Cuba y el epítome; Vietnam, un conflicto que desangró a Estados Unidos y donde desde casa y sin despeinarse, Rusia se las ingenió para dar apoyo sin derramamiento de sangre y a bajo costo económico. 

En cambio, para Estados Unidos significó una gran derrota y la muerte de 60 mil soldados. Los estadounidenses aprendieron la lección y aplicaron la receta en Afganistán cuando Rusia invadió este país en 1979. El apoyo de USA a la insurgencia agana determinó la retirada de Rusia y la muerte de 15 mil de soldados rusos. Lo que vino luego es de todos conocidos, el desgarramiento y fallida del Estado afgano. 

Si bien, tras la invasión de Rusia a Ucrania el sonido de tambores apunta a un nuevo resurgimiento del bloque este/oeste, la verdad es que las condiciones son bastantes distintas a las que prevalecieron durante la Guerra Fría, para empezar el mundo ya no es ese bloque bipolar comandado por dos grandes Estados. 

La interdependencia económica es tan grande en este mundo globalizado (en especial entre las grandes economías) que cualquier movimiento puede generar una grave crisis mundial, la subida en el precio de los combustibles, es apenas el comienzo. Aquellos que han echado las campanas al vuelo y creen que la salida de Rusia es cosa de días tras las sanciones económicas impuestas por la comunidad internacional y las grandes trasnacionales, las cuales pondrán de “rodillas” Rusia, lo único que denota es que solo consume información y propaganda occidental. 

Como toda guerra y conflicto, una de sus principales batallas se libra en los medios de comunicación y la opinión pública. No es de sorprendernos la desinformación, la manipulación y el desaseo que imperan en este conflicto. 

Es claro que Estados Unidos no tiene intención (leáse: ni condiciones) de enfrentar un conflicto directo con Rusia. Todo con NATO, nada sin NATO. Una Europa que sí se ha echado a temblar porque el recuerdo de su historia sigue latente, es una herida vieja profunda, pero no cerrada. Quien crea que el conflicto está por cerrar a la vuelta de la esquina olvida los años que han pasado desde que un Estados Unidos que se mostró vencedor de una guerra que enfrentó a los actores más poderosos y que costó millones de vidas alrededor del mundo, pero que nunca los enfrentó y que aunque occidente dio por terminada con la desintegración de la antigua Unión Soviética, gran parte del  pueblo ruso no ha terminado de digerir. 

Creer que Rusia renunciará a “asegurar” su frontera de manera sencilla es una ingenuidad. No es solo Putin, es toda una corriente social a la que Putin ha sabido subirse, la añoranza de la Guerra Fría por parte de un importante grupo conservador en donde Rusia era respetado por Estados Unidos.   

Cierto, el poder económico y político de Occidente es mayor, pero ha dejado de ser un único bloque fuertemente liderado. De hecho, la mayor debilidad de Occidente es la debilidad de Estados Unidos. A diferencia de décadas anteriores, los estadounidenses no se muestran muy entusiastas y nada comprometidos ante una defensa militar de sus aliados europeos. 

De entrada, el pueblo estadounidense no ve como su principal enemigo a Rusia, sino a China. Pero todavía más grave, la baja aprobación del Presidente Biden, quien por cierto intenta recuperar sus bonos de credibilidad y confianza culpando del alza de la gasolina y la inflación más alta en 40 años a los rusos. Biden aseguró que la mala economía que atraviesa su país y que empieza a desesperar a sus ciudadanos es culpa de Vladimir Putin.  A lo que Putin contestó que ellos no tienen nada que ver en los problemas que tiene Estados Unidos, “los suministros de petróleo ruso al mercado estadounidense no superan el 3%. Esta es una cantidad insignificante. Si sus precios están creciendo. No tenemos absolutamente nada que ver con eso.”

Recordemos que el marcador del 7.9% de inflación en Estados Unidos corresponden a los meses de enero y febrero, es decir, antes de que se prohibiera la compra de energéticos a Rusia.  

La postura actual de Estados Unidos tiene mucho que ver con la popularidad y aceptación de Biden a la baja, más que a una verdadera defensa de la soberanía europea. El resurgimiento de una guerra fría “light” que conviene más a los intereses políticos de Biden y a un Putin que necesita enviar un fuerte mensaje a Occidente sobre su radar de influencia y su posición geoestratégica, una guerra en su versión nada ideológica, mucho menos ambiciosa y eso sí…. más barata que la librada durante 45 años. 

Aún y contra toda propaganda anti rusa invadiendo celulares y medios de comunicación, así como de una anticipada convicción de triunfo un tercio de los estadounidenses ven a Putin como una figura de poder más confiable que su propio Presidente, una cifra y un sentir muy lejano de un retorno a la guerra fría. 

Una guerra fría que a nadie conviene escale a caliente, un conflicto que como ya estamos viendo, se librará más en lo económico que en lo bélico. 

Ucrania puede caer, quizá no bajo el fuego ruso, pero sí bajo la esfera post soviética de Rusia sin una determinada defensa económica y militar de sus aliados. 

Que nadie se confíe, los mismos analistas estadounidenses tienen serias dudas, como dijo un gran hombre que admiro: “It’s very bad to have a weak president in the strongest country”.

Claudia Vazquez Fuentes
Claudia Vázquez Fuentes

Analista Geopolítica.

Maestra en Estudios Internacionales por la Universidad Autónoma de Barcelona.


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