Ni en casa estamos seguras

La situación a la que nos hemos encontrado en pandemia en relación a la violencia en contra de las mujeres es completamente aberrante, pues mientras las autoridades señalaban que el mayor índice de delitos de violencia de género era “por salir solas”, “por emborracharnos”, “por ser novias de narcotraficantes”, la contingencia ha demostrado que la situación de violencia de género que vivimos las mujeres mexicanas día a día excede los prejuicios de aquellos que no han logrado dimensionar de manera realista la problemática.

Lamentablemente nos volvemos a encontrar con otro caso de feminicidio que reafirma lo que hemos estado mencionando las feministas, y esto es que no estamos seguras en ninguna parte, ni en nuestras casas, reafirmando que no todos los agresores o victimarios no actúan de forma aleatoria y son desconocidos, sino que se trata de personas que rondan en nuestra comunidad, personas que coinciden en nuestra cotidianidad.

Hoy redacto, con mucha tristeza, el caso de Itzel Dayana, una adolescente de tan solo 16 años, quien se quedó en su casa a estudiar sin imaginar que horas después sería abusada sexualmente y privada de su vida. La tarde del 3 de junio fue encontrado el cuerpo de Itzel amarrado y con los ojos tapados en su domicilio en Nanchital, Veracruz.

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De acuerdo con la información recabada, Itzel estudiaba el bachillerato y debido a la pandemia tomaba clases en su hogar, donde permanecía la mayor parte del tiempo. Itzel no había salido de noche, Itzel no se fue con el novio, no ingirió alcohol, no usó minifaldas, no, Itzel era una joven de apenas 16 años que solo se dedicó a cumplir sus obligaciones y responsabilidad de tomar sus clases en línea.

Las autoridades y políticos y políticas debieron de haberse tomado en serio la violencia de género hace ya mucho tiempo, deben de dejar a lado sus prejuicios y su machismo de lado para asegurar una vida libre de violencia para las mexicanas, deben de escuchar las consignas feministas, tomarse en serio nuestros gritos de desesperación. Todas las mujeres y niñas deberían de poder gozar de su vida y actividades cotidianas de manera libre y segura.

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Paola Jacobo

Activista. Defensora de los derechos de la mujer y promotora de la agenda de perspectiva de género en el ámbito político y social. Estudiante del último semestre de derecho en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.


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