Papá ¿tú me quieres? Preguntó una hija a su padre mientras terminaba un barquillo de nieve que sostenía en su mano izquierda. “Claro que te quiero, hija, mucho. ¿No ves qué habitación tienes? ¿No ves cuántos juguetes tienes? Yo nunca tuve una habitación así, ni tuve tantos juguetes como tú”, respondió su padre señalando con la mirada hacia la habitación de la pequeña.

“Ya papá, tienes razón. Entonces, ¿por qué te enfadas cuando, pidiéndote que me des tu amor, te pido que me compres algo?”

No son muchos los padres que pueden decir que pasan mucho tiempo con sus hijos o que están por ellos cuando éstos les llaman. Los trabajos con horarios poco amigables para las familias, el que tengan que pasar muchas horas en la guardería, los consejos educativos que recomiendan que no les “mimemos” demasiado y mil factores más hacen que muchos niños se sientan solos, faltos de amor y cariño.

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Esto hace que busquen maneras de ahogar esa soledad y, cuando no hay padre o madre para jugar, uno acaba echando mano de lo que sea: “Papá, mamá, ya que ustedes no pueden estar conmigo, quiero que me compren todo lo que quiero para no aburrirme»

Vivimos en una sociedad en la que se promueve el materialismo y el consumismo, perpetuando esta particular enfermedad inculcando los malos hábitos a nuestros hijos. Enseñamos a nuestros niños que la medida del éxito y la felicidad en la vida viene por la cantidad de cosas materiales que se poseen. Naturalmente, los niños desean cosas, sobre todo si sus amigos tienen algo similar. Pero la realidad es que debemos proporcionar en la medida que nuestra capacidad financiera nos lo permita.

El concepto de “merecer” o la idea de que algo “no es necesario” parecen haber quedado obsoletos. ¿Realmente hay alguna ventaja en endeudarse en determinado momento de la vida adulta?

Desde la infancia nos han inculcado una mentalidad de conseguir lo que queremos y cuando queremos. El desafortunado resultado es que existen consecuencias devastadoras para tal comportamiento en las etapas más tardías de la vida.

El modelo de bienestar de la sociedad actual se basa en la posesión y acumulación de bienes, lo cual sirve de justificación para que prolifere el consumismo entre las personas. Si el objetivo de la vida es tener muchas cosas, la principal actividad que se ve beneficiada es, lógicamente, el consumo. La posesión y acumulación de bienes suele darse siempre de forma inmoderada

Así, hemos llegado a convertirnos en una sociedad materialista, consumista y muy competitiva.

La competitividad tiene su reflejo también en el consumo, ya que el hecho de comprar cada año un teléfono celular o un bolso nuevos no responde a una necesidad real, sino a un deseo de ser mejor (o aparentarlo) en este mundo en el que vivimos. Aquel que sólo tiene un abrigo, o que vive en un departamento pequeño pudiendo vivir en uno mejor ubicado, amueblado y de lujo, es considerado como un perdedor.

Todo esto gracias al poder adquisitivo de la sociedad consumista que barre con todos sin importarle nada: «El consumismo puede referirse tanto a la acumulación, compra o consumo de bienes y servicios considerados no esenciales, como al sistema político y económico que promueve la adquisición competitiva de riqueza como signo de status y prestigio dentro de un grupo social.»

En cuanto a nuestros hijos es apropiado crear espacios de análisis y debate tanto con los niños, adolescentes y jóvenes en los que se aborden la realidad social y se enseñe a identificar el comportamiento consumidor en las personas:

  • Abordar la importancia de la dignidad de las personas, por encima de la apariencia física.
  • Explicarles la verdadera situación económica familiar, con el objetivo de que estos propongan posibles acciones que contribuyen a la solución de dicha situación.
  • Valorar la importancia que tienen las cosas que se tienen en el hogar.
  • Realizar actividades en la familia en las que se fomente el amor por el trabajo, el ahorro de electricidad, el cuidado del medio ambiente.

En muy poco tiempo, la sociedad se ha vuelto más compleja, lo cual aumenta el riesgo y la angustia, y el consumo es un modo de evasión para lograrlo. No queriendo decir con esto estimado lector que el tener o gustar por tener algo bueno sea malo, mas esclavizarse por lograrlo si lo es.

Por eso como dijo Adolfo Bioy Casares: «El Lujo es Vulgaridad»

Eduardo Quezada Compañ
Eduardo Quezada Compañ

Estratega Digital.

Lic. en Derecho, estratega digital y asesor en comunicación política. Orgulloso juarense de corazón.


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