La prepa cenicienta de la educación en Chihuahua

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Después del receso más largo e inesperado que se ha tenido en el sistema educativo mexicano que, en la práctica, tuvo una duración de cinco semestres, en agosto y septiembre de este año maestros y alumnos están regresando a las aulas.
En la víspera autoridades educativas, investigadores y organizaciones de la sociedad civil, interesadas en el tema de la educación, estudiaron el impacto de la pandemia y los efectos de una reconfiguración precipitada de los procesos de instrucción, llegando a una conclusión general: dado que la enseñanza en línea representó un salto abrupto en los procesos educativos y pedagógicos, el aprovechamiento y logros, tanto de estudiantes, como del magisterio y las instituciones, fueron muy limitados y más que avances se registraron grandes pérdidas y rezagos con respecto a los objetivos y metas de aprendizaje en todos los grados y niveles de estudio.

En el balance destaca un aumento excepcional de las tasas de abandono escolar, reducción generalizada de la eficiencia terminal y, como se esperaba una distribución de los impactos negativos enteramente desigual.

Aunque no hubo nadie que escapara de los nuevos problemas y obstáculos que dificultaron los procesos de aprendizaje; en el plano individual, quienes no disponían de los equipos y accesos necesarios para comunicarse, simplemente se mantuvieron desconectados y en los hechos ausentes de las llamadas aulas virtuales.

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A esta altura no es necesario precisar que los más afectados han sido las personas y comunidades vulnerables, quienes por carencias materiales no pudieron ingresar y mantenerse dentro de las nuevos circuitos y redes de aprendizaje; pero sí lo es, el saber que la educación media superior, que es el nivel escolar que por su naturaleza es el más débil de todo el sistema escolar, tuvo daños que llevará muchos años reparar y muchos más superar.

En este nivel, el daño puede apreciarse en el incremento de los y las adolescentes que truncaron su trayectoria escolar antes ingresar a la preparatoria, en el aumento del abandono escolar temprano y en general, en una eficiencia terminal en franco descenso.

Quienes diseñan la políticas públicas de educación saben de la fragilidad del subsistema que conforman los miles de instituciones que imparten bachillerato en todo México. Sin duda es el eslabón más débil de nuestro sistema escolar.

Es el que tiene una tasa de absorción de egresados del nivel anterior más baja, el que presenta las mayores proporciones de abandono escolar temprano, mayores tasas de reprobación, menores tasas de eficiencia y como remate los porcentajes de acceso al nivel posterior (léease educación superior) más bajas.

En buena medida el gran problema del aprendizaje lo encontramos en este nivel y esto es ampliamente conocido.

Las razones son múltiples, pero aquí sólo destacaremos dos externas y una interna.

En cuanto a la primeras, un factor esencial lo representa la disyuntiva que toda persona joven tiene en esta edad, entre estudiar o trabajar, pues es en estos momentos, en la que la mayoría de ellas ingresa por primera vez al mercado laboral.

La otra está relacionada con la anterior y nos lleva otra encrucijada: la de mantenerse en la soltería, sin establecer compromisos conyugales, o la de iniciar una vida en pareja.

Ambas serían suficientes para comprender porque en las «prepas» de México se trunca con tanta frecuencia la trayectoria escolar de millones de mexicanos.

Pero eso no es todo, en México hay una razón que provoca el elevado fracaso escolar en el bachillerato, y este proviene del corazón mismo del sistema escolar: que desde su origen ha sido caótico y ha generado una oferta de estudios con cientos de planes de estudio divergentes que en poco se concilian con los programas de estudio universitarios.

En Chihuahua los estudios preuniversitarios han tenido una larga historia de maltrato incomprensión y olvido.

Hasta hace muy poco tiempo en las dos grandes ciudades, como en las de tamaño medio y las pequeñas, predominaban las ofertas privadas, cuando en muchas regiones, la mayoría ya era de carácter público.

Acaso por ello los problemas de nuestra educación media superior eran y son mucho más complejos que en otras entidades.

Por eso, cómo entender que recientemente en el subsistema del Colegio de Bachilleres, desde el centro de su jerarquía se diseñó un proyecto incomprensible, para centralizar la venta de uniformes a las decenas de miles de alumnos que están inscritos en estos colegios.

No cabe duda que esto derivó del descuido y la negligencia con la que se sigue administrando y dirigiendo la enseñanza del bachillerato en nuestro estado.

Ello duele porque en el ámbito educativo todos saben que, si un nivel de estudios necesita estímulos para progresar, éste es el de la educación media superior.

El Gobierno Federal sí lo ha comprendido y por ello tiene en marcha las becas Benito Juárez, que para los estudiantes de bachillerato, tienen prácticamente un carácter universal.

Para mejorar en este nivel es necesario entender que sin estímulos efectivos y permanentes muchos alumnos están condenados a truncar sus estudios; por eso todos los gobiernos, así como sus dependencias involucradas, debemos realizar un esfuerzo especial para apoyar a los miles de jóvenes que están transitando por la inigualable experiencia de vivir sus estudios de bachillerato.

No podemos dejarlos solos, necesitan de políticas y programas públicos que los ayuden a transitar por una experiencia plena de obstáculos, distractores y riesgos.

Juan Carlos Loera SQR
Juan Carlos Loera de la Rosa

Empresario y político defensor de la cuarta transformación.


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