La evolución de la educación

El artículo tercero constitucional, establece la educación gratuita y obligatoria por parte del estado y se basa en un triunfo de la Revolución Mexicana. Había una gran necesidad de establecer escuelas, a las que pudieran acceder todas las clases sociales sin distinción alguna, y sin que lo económico fuera un obstáculo para acceder a la educación. Un objetivo logrado a base de sangre y fuego.

Durante décadas, se han establecido métodos de enseñanza que han permitido competir con los mejores del mundo, desde la preprimaria, primaria, secundaria, preparatoria y universidad. Para ello hubo necesidad de establecer escuelas para maestros y formalizar sus agrupaciones para proteger sus derechos civiles y sociales. Así nacieron los sindicatos y sus dirigentes, que posteriormente politizaron la educación, mermando en la debida forma de instruir.

La educación es básica en nuestro país, para superar todos los obstáculos que propician la pobreza y la delincuencia. Los niños nacen con gran capacidad de entendimiento y comprensión en su mayoría, capaces de aprender todo lo que se les enseña y aplicar todo lo que aprenden. Por ello, el estado está comprometido constitucionalmente, a administrar adecuadamente el gasto público destinado a la educación en todos los niveles. También está obligado a crear y vigilar, el debido cumplimiento de programas incluyentes de todas las ciencias y áreas del conocimiento, sembrando el amor a la patria, que incluye a sus familias, amigos y sociedad en general.

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Las generaciones del pasado que ya nos estamos extinguiendo, somos testigos del aprovechamiento que teníamos en las aulas. En las clases presenciales con maestros debidamente capacitados. En la educación primaria tuvimos un maestro(a) por año, que nos enseñaban todas materias obligatorias, tales como aritmética y geometría, historia y civismo, ciencias naturales y lengua española. Aprendimos muy bien a leer y a escribir, además de que nos enseñaron a hablar con propiedad y respeto.

En la época de los años cincuentas, sesentas y setentas, la enseñanza primaria era de primer nivel educativo. Se puede apreciar en la ortografía, en la lectura, en la rapidez con que sumamos, restamos y dividimos sin calculadora, ni utilizando métodos que hoy todo lo facilitan, pero que producen pereza en el estudio. Sabemos lo básico de todas las materias como nuestra historia, nuestra cultura, nuestras costumbres y entonamos con disciplina militar, el Himno Nacional Mexicano. Aprendimos de política en civismo, y distinguimos en qué consisten las funciones de los poderes de la unión.

A partir del sexenio de Miguel de la Madrid, desde 1982 a la fecha, la educación se volvió en un motín político, de líderes sindicales y maestros que se corrompieron para controlar las plazas, mediante pactos, reglamentos y decretos, que viciaron las aulas. Llegaron los recomendados, los familiares, los reprobados y los partidos políticos a definir el rumbo de la educación primaria, con las pésimas consecuencias que hoy lamentamos. Un niño “mal educado”, no puede ser un buen ciudadano. Y menos con el mal ejemplo de sus maestros.

La reforma educativa, debe impedir que siga la corrupción dominando el sector magisterial. Pues tan solo con escuchar expresarse a la maestra Elba Esther Gordillo, así como su manera de leer públicamente, nos indica la gravedad del panorama en que se encuentra nuestra niñez expuesta, con maestros de dudosa reputación. Sin duda la buena educación, depende de quienes la imparten en las escuelas, en el aula y en forma presencial. El nivel actualmente es demasiado bajo, y las consecuencias están a la vista por la falta de valores y principios; esos que nunca pasan de moda: la verdad, honestidad, amor, vida, libertad, paz, equidad, armonía, respeto, tolerancia, integridad, amistad y justicia.

Tenemos que comenzar desde el principio, y exigir que las escuelas públicas estén al mejor nivel en la preparación de sus maestros. Pues afortunadamente tenemos en el país las escuelas privadas, que son las que nos salvan de la ignorancia. Aunque se han sujetado a las reglas de la Secretaría de Educación Pública, que han eliminado materias básicas para el crecimiento en el civismo y el respeto mutuo, así como empobrecido el lenguaje nacional oral y escrito.

Quizá fallamos los que vivimos esas generaciones. Seguramente lo hicimos sin querer, porque a nosotros sí nos enriquecieron en conocimientos y nos obligaron a razonar, a meditar, pensar y tomar decisiones. Nuestros maestros(as) eran de vocación y amor. Así llegan infinidad de estudiantes a la universidad, sin conocer nuestra historia, sin saber de política, sin saber sumar, restar y multiplicar.

Molinar Apodaca
Héctor Molinar Apodaca
Abogado | [email protected]

Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.


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