La DEA va en serio.

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La relación entre México y Estados Unidos entró en una nueva etapa. Y no precisamente diplomática.

La DEA ya dejó de hablar como agencia de cooperación. Ahora habla como autoridad decidida a exhibir públicamente a políticos mexicanos presuntamente vinculados con el narcotráfico.

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Y eso cambia completamente el tablero político.

El jefe de la DEA, Terry Cole, fue brutalmente claro ante el Senado estadounidense: la acusación contra Rubén Rocha Moya “es sólo el comienzo”.

Traducido:
Washington ya no piensa detenerse.

Y quizá lo más delicado fue otra frase:
“Altos funcionarios del Gobierno mexicano han estado involucrados durante años”.

Eso no es una declaración diplomática.
Es una acusación política internacional.

La DEA incluso sostuvo que políticos mexicanos que cooperan con cárteles son “igualmente responsables” de la muerte de estadounidenses por fentanilo.

Es decir:
Estados Unidos ya no observa el narcotráfico mexicano solamente como un problema criminal.
Ahora lo interpreta como una amenaza político-estructural binacional.

Y allí comienza el verdadero problema para el gobierno mexicano.

Porque Claudia Sheinbaum respondió diciendo que no existen conocimientos oficiales sobre investigaciones contra políticos mexicanos en funciones.

Y luego vino la frase obligada:
“Que presenten pruebas”.

El problema es que México parece seguir creyendo que esto todavía funciona bajo lógica de cooperación diplomática clásica.

Y no.

No existe una real cooperación, como la que tal vez pudo haber en el pasado. Los gobiernos progresistas de corte marxista, como el mexicano, no simpatizan en su médula, con gobiernos conservadores como el de Donald Trump. Esto genera una brecha inmediata, natural e inevitable. La que la corrección política del progresismo no sostiene y menos tolera.

Porque Trump no está operando bajo las reglas tradicionales del viejo protocolo bilateral.

Trump opera bajo lógica de presión.
De exhibición.
De confrontación.
De costo político.

Y además, con un discurso profundamente nacionalista:
“Estados Unidos primero”.

Eso fue exactamente lo que Terry Cole repitió durante su comparecencia ante el Senado estadounidense.

Mientras tanto, el gobierno mexicano sigue atrapado entre dos contradicciones enormes.

Primera:
necesita mantener la relación económica con Estados Unidos.

Segunda:
su narrativa ideológica choca frontalmente con el trumpismo.

Y eso provoca tensiones inevitables.

Porque el progresismo latinoamericano suele construir su identidad política alrededor de conceptos como:
soberanía discursiva,
victimismo histórico,
antiimperialismo selectivo,
y desconfianza hacia el capitalismo estadounidense.

Pero la realidad económica destruye rápidamente la retórica.

México depende profundamente de Estados Unidos.
Exportaciones.
Remesas.
Inversión.
T-MEC.
Industria maquiladora.
Tipo de cambio.
Cadena automotriz.

Es decir:
pueden pelear discursivamente con Washington…
hasta que los mercados recuerdan quién sostiene buena parte de la economía mexicana.

Por eso el gobierno mexicano intenta moverse cuidadosamente:
ni confrontar totalmente,
ni someterse abiertamente.

Pero esa posición empieza a volverse insostenible.

Porque la DEA ya dejó claro que vienen más acusaciones.

Y aquí aparece el gran temor político:
¿qué ocurrirá si aparecen nombres todavía más cercanos al poder?

Porque Rocha Moya ya representa un golpe histórico:
la primera acusación formal de narcotráfico contra un gobernador mexicano en funciones presentada por Estados Unidos.

Eso no tiene precedente moderno.

Y el mensaje es clarísimo:
Washington ya no distingue demasiado entre narcotráfico y estructura política.

Allí está la gravedad real del asunto.

México creyó durante años que la narrativa podía sustituir la realidad.

Pero el gobierno estadounidense actual parece decidido a romper precisamente eso:
la simulación diplomática.

Y hay otro detalle importante:
Estados Unidos sabe perfectamente que muchas pruebas jamás podrán hacerse públicas de inmediato.

Por razones judiciales.
Por protección de testigos.
Por acuerdos con capos.
Por investigaciones abiertas.

Sin embargo, políticamente, México responde exigiendo pruebas públicas inmediatas sabiendo que muchas veces eso es legalmente imposible.

Es una forma elegante de patear el problema.

Pero el reloj político sigue avanzando.

Porque si las acusaciones continúan, la relación bilateral podría entrar en uno de sus momentos más tensos desde la época de Camarena.

Y entonces la pregunta dejará de ser:
“¿Dónde están las pruebas?”

La pregunta será:
“¿Cuánto está dispuesto a tensar Estados Unidos la relación con México?”

Porque cuando la DEA dice:
“Esto apenas comienza”…
normalmente conviene tomarles la palabra.

El Meollo del Asunto.

ADN Daniel Valles
Daniel Valles

Periodista y comentarista de radio y televisión. "El Meollo del Asunto" y "La Familia es Primero" son sus principales herramientas periodísticas que se publican en medios impresos y digitales en diversas geografías de habla hispana.

Ha sido merecedor de diversos reconocimientos como conferencista y premios de periodismo, entre ellos, la  prestigiosa Columna de Plata, que otorga la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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