Todo conocimiento adquirido por el hombre inicia con la percepción de una multitud de datos en aparente desorden…

Originalmente publicado el 31 de octubre de 2o17

Cuando las transformaciones permanentes e inevitables de la realidad se refieren y tienen conexión con el hombre se llaman hechos o actos: los primeros son procesos naturales que afectan al hombre y suceden sin la intervención de su voluntad; los segundos, supuestamente están determinados por la voluntad generada con base en la inteligencia y en la razón.

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Los hechos son independientes de la voluntad del hombre, por ejemplo: nacimiento, procreación, enfermedad, muerte, y más. Los actos dependen de la voluntad cimentada estrictamente en la inteligencia y la razón, verbigracia: otorgar una firma, buscar el progreso, estudiar, investigar, entre otros.

Los hechos suceden en absoluta necesidad, es decir, los elementos de las consecuencias estaban contenidos en las causas y así sucesivamente, simplemente no pueden suceder de otra forma; es lo que lamentable y ridículamente se considera como obvio, al no despertar la curiosidad que inicia la investigación para conocer. Los actos son contingentes al ser posible que sucedan de muchas formas; son consecuencia de la voluntad ejercitada con la libertad que justifica responsabilizar al hombre de las consecuencias de sus actos.

Para continuar con este trabajo es preciso entender a grosso modo el mecanismo de relación mutua entre el hombre y el mundo: el hombre percibe sensiblemente un cumulo de datos del mundo en aparente desorden, enviándolos al entendimiento para que la reflexión, inteligente y razonable, impulse la voluntad con la cual el hombre ejercite sus acciones ajustadas a las transformaciones del mundo.

Por un lado y para iniciar, todo conocimiento adquirido por el hombre inicia con la percepción o experiencia de una multitud de datos en aparente desorden del mundo que a través de los cinco sentidos: tacto, oído, gusto, olfato y vista, se transmiten por medio del entendimiento a la reflexión, ahí la inteligencia y a la razón analizan con profundidad los fundamentos y esencias del objeto. Los datos de la experiencia sensible son un contenido o sustancia que por sí sola es inútil; también las estructuras de la reflexión actuando aisladamente no tiene utilidad. Es menester que unidas funcionen para ser útiles.

Desafortunadamente, el hombre se paraliza e inmoviliza en el inicio de este proceso, dedicándose a deleitar y pretender satisfacer los insaciables deseos sensibles; morando únicamente en la experiencia de los datos estériles del mundo, considerando que esta es la vida y calificando de torpe y de desequilibrado el esfuerzo que conduce esos datos desordenados al entendimiento reflexivo, inteligente y razonable, único camino que conduce al conocimiento fundamental y esencial de las cosas.

Por otro lado, para finalizar y en complemento a lo anterior, los hechos son la inminente totalidad de las transformaciones de la realidad que suceden independientemente de la voluntad del hombre. Los actos son una muy insignificante cantidad de los cambios de la realidad que se efectúan y determinan con la supuesta voluntad del hombre y aún más, esa supuesta voluntad está sometida y esclavizada por el doloroso egoísmo con una influencia contraria a la voluntad. Los actos supuestamente ejercidos con la libertad que responsabiliza al hombre casi siempre son realizados y determinados por egoísmo, es decir, obedeciendo a factores extraños y no a una voluntad libre y pura del hombre. Por lo tanto, el hombre no influye en la evolución o en las transformaciones constantes y permanentes de la realidad: sus poderosas herramientas de la razón e inteligencia que impulsan la actividad de la voluntad se han extinguido.

Para concluir: el hombre es incapaz de influir en las transformaciones del mundo y de su propia sociedad. Esa incapacidad se genera por dos vertientes:

Una, el lamentable estado del hombre al considerar con certeza de que el fin de la vida es dedicarse al deleite de la satisfacción de los deseos de los sentidos, quedando cautivo de la experiencia de la información desordenada del mundo; considerando un desequilibrio el esfuerzo del entendimiento inteligente y razonable del hombre para emplear en su beneficio esa información.

Dos, las acciones del hombre deberían generarse por una voluntad con base en la reflexión inteligente y razonable para ajustarse perfectamente con las transformaciones del mundo y de la sociedad; sucede lo contrario, el egoísmo estéril e infundado domina las acciones del hombre con una voluntad extraña y en consecuencia origina la imposibilidad de acomodar su conducta a los cambios de la sociedad y del mundo.

El hombre, cautivo del egoísmo con una voluntad extraña y de la delicia de la satisfacción de los deseos sensoriales habita en las apariencias y de ahí solo zarandea al mundo.

Es cuánto ¡un abrazo fraterno!

Guillermo Chavez
Guillermo Chávez
Columnista en Juárez a Diario | + posts

Abogado. Filósofo. Columnista.
Buen amigo y consejero, entusiasta. Publicamos cada semana tu columna, en tu espacio en tu memoria.
Descansa en Paz.
Hasta pronto querido amigo.