… Congruencia, es decir, sostener una relación lógica y coherente entre lo que decimos y hacemos.

En un mundo ideal, todas las personas cumplirían sus promesas y dirían lo que realmente piensan o sienten y de este modo, no sólo serían honestos con los demás, sino fieles a ellos mismos. Sin embargo, en el mundo real hay quienes no le dan valor a que sus hechos coincidan con sus palabras. Basta tan solo con observar a algunos personajes que se empeñan en ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

A estas alturas ya está de más señalar las contradicciones diarias del “austero” que vive en un palacio. Lo inquietante es que hay muchos que siguen sus pasos y peor aún, que algunos de ellos están entre nosotros y, su disfrazada necesidad de atención abunda como los baches en Juárez, en todos lados los vemos. Desde alguno que otro académico obsesionado en reprochar gastos ajenos, como si sus incontables mantas salieran gratis y se reprodujeran por arte de magia en lugares donde no le corresponden, hasta el “PRESIDENTE” de una fundación, quien solo resalta su cargo pero no su labor, ¿será que tiene alguna? Y cómo olvidar a los “abogados” inconformes, los cuales utilizan colores que, por donde se quiera ver, no combinan.

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Nuestro país tiene ejemplos de sobra acerca del daño que ocasiona la incongruencia, porque mientras se dice que ya no hay corrupción, la Secretaría de la Función Pública no dice ni Pío. Donde se tiene al presidente “más feminista de la historia”, se prefiere escuchar y proteger a quien carga con acusaciones de abuso sexual y no a sus víctimas. Y por si fuera poco, nuestros peores criminales se convierten de la noche a la mañana en testigos protegidos, para no verlos más.

No obstante, parece ser que lo más grave en el México de los “otros datos”, es que la congruencia se ha convertido en un bien escaso y muchos han desarrollado la facultad que George Orwell denominó “doblepensar”, la cual se refiere a sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, así como decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que sirva.

Ojalá pronto llegue el día en el que, quienes solo se han dedicado a la crítica de lo que otros dicen, hacen o dejan de hacer, se den cuenta de que sus propias acciones los han convertido en aquello que juraron destruir, dejando en evidencia su falta de honestidad con los demás y especialmente, su falta de respeto propio.

Al final del día, los actos hablarán más que las palabras.

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Selma López

Licenciada en Relaciones Internacionales por la UACH. Juarense, apasionada por el servicio público, la lectura y la oratoria.


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