«Más vale paso que dure, y no trote que canse», reza el refrán.

Y en tratándose de la carrera rumbo a la gubernatura de Chihuahua, los corceles, pastando, estiran las patas, entre los potreros chihuahuenses.

No hay nada escrito y todo puede pasar. Pero el escenario de hoy es este.

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Aunque personalmente pienso que el PRI ya no tiene con qué responder para las elecciones 2021, dejemos que un manto de ensoñación los envuelva y los ponga en competencia electoral. Aquí pondré tres corceles posibles: Graciela Ortiz, Teto Murguía y el mismísimo Enrique Serrano.
(No se rían, es sólo un ‘supositorio’) los pondré hoy como tres ponys, sin mayor alzada.

Por el PAN, todo indica que sería Maru Campos la contendiente por los pitufos. Una Jaca, muy briosa, difícil de domar.

La posibilidad de Gustavo Madero, se disuelve con el beso mortal de su promotor, Javier Corral, y su propia personalidad, soberbia y sin mayor aportación que impacte a los chihuahuenses. Un jamelgo con demasiadas mañas, que no ayudan a los panuchos.

Aquí todo indica que ella va «de cincho» al arrancadero, a menos que la ahogue el síndrome de Marko Cortés, con su idea de modificar los estatutos y permitir candidatos externos. «Ciudadanos», les llaman, para no entintarlos de azul.

Por los establos de MORENA andan briosos dos cuacos pura sangre, uno de sangre pesada y otro de sangre variopinta, por las múltiples transfusiones a lo largo de su carrera.

Un Mustang pinto, diría un aborigen apache accionista de speaking rock casino, en New Mexico, refiriéndose a Cruz Pérez Cuéllar.

Con la cercana posibilidad de que los desbanque una potranca encarrerada de nombre Bertha Luján.

Los ‘pura sangre’ llevan gran ventaja de posicionamiento en la entidad, media campaña hecha sin incurrir en desacato a la ley que no permite actos anticipados de campaña. Ya veremos quién de estos tres queda para el galope final.

Enseguida dos independientes buscando el herraje de cualquier ‘fierro’ reconocido en la comarca.

El primero, Armando Cabada, alcalde de Ciudad Juárez, que no trae más velocidad que un caballo de tiro, pues su promotor estatal, Víctor Valencia, trae el fuego en los aparejos, que lo persiguen desde Prospera, con el tema de La Estafa Maestra.

Tras de Cabada, un equipo de malandros, que le alimentan la codicia, y un historial de más de una docena de denuncias penales, aderezadas con un legajo de historias de terror que lo persiguen.

Finalmente, el único corcel que realmente es un rocín en la política chihuahuense. ‘El Caballo’ Alfredo Lozoya.

Alcalde de Parral, Chihuahua; la capital del mundo, tierra del Centauro, Pancho Villa.

Quien va ‘a trote lento’, relinchando con propuestas frescas y haciendo amarres para salir como flecha hacia la gubernatura de Chihuahua.

Le critican que en sus amarres, los masones ya figuran como un filón de gran ayuda, pero aun en estas honorables organizaciones, hay fricciones y una partícula de los hombres bajo la escuadra y el compás, no toleran que se acerquen personajes como Fernando Martínez Acosta, y Marcos Delgado, «…pues en vez de ayudar lo joden». Dicen.

Su imagen va in crescendo, pero si no aprieta el paso, los ‘pura sangre’, le pueden empalmar vuelta y media en el recorrido de «reconocimiento» del terreno.

En la próxima entrega, PENCOS EN ENGORDA: TIRADORES A LA MUNICIPALIDÁ.

ADN Iicon 06
Redacción ADN / Agencias

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