El Quevedismo, una época política violenta en Chihuahua

El 3 de octubre de 1936, el gobernador Rodrigo M. Quevedo rendía un informe de Gobierno y recibía medallas y diplomas de reconocimiento a su trabajo por parte de sus partidarios en el Teatro de los Héroes en la capital del estado.

El ex mandatario, un veterano de la revolución que anduvo en casi todos los bandos armados hasta llegar a la gubernatura, también entregaba ese día el poder a su sucesor Gustavo L. Talamantes en una ceremonia donde el senador por Michoacán, Ernesto Soto Reyes, conminaba al nuevo mandatario a seguir la política trazada por Quevedo y por supuesto, a cumplir con los postulados de la Revolución.

Y como en ocasiones o casi siempre sucede en la actualidad, el gobernador saliente y su grupo perdían poder y terminaba enfrentándose a su sucesor.

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Casi seis meses después la confrontación brotaba cuando el Juez Segundo penal dictó una orden de aprehensión en contra del alcalde de Ciudad Juárez, José Quevedo Jr., –familiar del ex gobernador– y de todo el Ayuntamiento por los cargos de peculado y otros delitos.

Al mismo tiempo 3 mil integrantes del recién creado Frente Único de Obreros y Campesinos de la Frontera, con los regidores Pedro Díaz y Edmundo Vázquez, se lanzaron a las calles a marchar pidiendo la renuncia del presidente municipal.

El alcalde, quien había logrado obtener un amparo, junto con los regidores Valentín Fuentes, Gilberto Martínez, José Suárez, Alfredo Aragón, Nieves Ortiz, Ignacio Jiménez y sus respectivos suplentes, se encerraron en la Presidencia Municipal, en aquel entonces a espaldas de la Misión de Guadalupe, (hoy edificio del Centro Municipal de las Artes y originalmente Presidio Militar durante la época colonial).

Ahí, el alcalde decidió destituir a su jefe de Policía, el capitán Antero Torres Aizpuru. Sin embargo, el Congreso del Estado tomó otra decisión: ordenó la inhabilitación de Quevedo y designó sustituto a Antero Torres.

Rodrigo M. Quevedo
Rodrigo M. Quevedo / Crónicas de Juárez

El 31 de marzo de 1937, en el hotel Río Bravo, fue designado oficialmente el nuevo Ayuntamiento, pero por 11 días más, Quevedo se negaría a entregar la Presidencia Municipal y estuvo a punto de tomar las armas.

El 12 de abril, el nuevo Ayuntamiento se mudaría del hotel Río Bravo para instalarse finalmente en la Presidencia Municipal, luego de que Quevedo decidió entregarla.

El asunto no quedó en la destitución del alcalde Quevedo, la confrontación subiría de tono y el mismo ex gobernador en un arranque de furia asesinaría a uno de los opositores a su grupo, al senador Ángel Posada.

Tres días antes del crimen, el legislador llegó a la frontera acompañado del diputado federal Francisco García Carranza para visitar la zona agrícola del Valle de Juárez.

En el mismo hotel Koper localizado sobre la avenida Juárez entre las calles Abraham González y 16 de Septiembre, propiedad del general Alonso Quevedo Moreno, el senador sostuvo una reunión en una de las habitaciones para tratar asuntos del Congreso.

Al concluir, tomó su portafolio y se dirigió a la salida del hotel y justo en la escalera se encontró al general Rodrigo M. Quevedo, entonces recién nombrado jefe militar en Puebla.

Las crónicas señalan que al intentar saludar al militar, el legislador recibió como respuesta siete balazos que acabaron con su vida. Algunos de sus acompañantes intentaron defenderlo y se desató una balacera en la que resultaron heridos el ex alcalde José Quevedo, Narciso Talamantes, hermano del gobernador en funciones, el diputado Valentín Oñate y la niña Josefina Ariciniega, que pasaba en esos momentos por la avenida Juárez y fue alcanzada por una bala.

Posada recibió tres proyectiles en la cabeza y cuatro más en el cuerpo, incluyendo un tiro en el corazón que acabaron con su vida al instante.

Rodrigo M. Quevedo salió y se encaminó a la Guarnición de la Plaza donde se entregó, pero fue ayudado a huir y tiempo después apareció en Nuevo Laredo, Tamaulipas donde fue arrestado, degradado y hecho prisionero por dos años. No obstante obtuvo un amparo de un juez de Distrito de Puebla y el presidente Cárdenas omitió aplicar un castigo, pese a la presión social que se generó en el estado de Chihuahua.

José Quevedo Jr. se refugió en El Paso, Texas y obtuvo también un amparo de un juez federal argumentando ser perseguido por cuestiones políticas.

Tres semanas después del asesinato de Posada, el 1 de abril, José Borunda, quien había tomado protesta como presidente municipal apenas a principios de ese año, recibió en su despacho un paquete que le fue enviado por el Servicio Express del ferrocarril desde la ciudad de Chihuahua.

El remitente era su propio sobrino Teófilo Borunda.
El paquete fue abierto por la noche por el mismo alcalde y el conserje de la alcaldía, Domingo Barraza, quien le prestó una navaja y procedió en su mismo escritorio a cortar las cuerdas que lo sujetaban.

Al abrir la tapa, una explosión sobrevino y sacudió al viejo edificio de la Presidencia Municipal. Se trataba de siete libras de nitroglicerina que al estallar, arrancaron las manos y lo dejaron sin ojos. El conserje también quedo destrozado.

Ambos quedaron vivos pero por la gravedad de las heridas fallecieron en breve tiempo.

Del Quevedísmo, solo el recuerdo queda y una vieja canción de la compositora Graciela Olmos, La Bandida:

y ahora que ya llego febrero
ganas tenía de verte mi general Quevedo

tu me enseñaste a robarme los elotes
quitarles las hojas y hecharlos al bote
tu me enseñaste a robarme las vacas
borrarles el fierro y venderlas baratas

Juan de Dios Olivas
Juan de Dios Olivas
Periodista.

Periodista en Ciudad Juárez, Chihuahua, ha realizado su trabajo periodístico por espacio de dos décadas para la Organización Editorial Mexicana (OEM), MEGA Radio, El Diario de Juárez y Periódico Norte de Cd. Juárez. Cuenta con estudios de historia por la UACJ, actualmente es colaborador de La Verdad Juárez y A Diario Network.


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