No existe una sola profesión en el mundo que haya sido generada sin la asistencia de un profesor o un docente que haya encaminado los primeros pasos incluso de las mentes más brillantes del universo. La figura del docente ha tenido en el transcurrir de los siglos diferencias significativas, aprendizajes acumulativos, enseñanzas únicas, resultados dispares. El conocimiento acumulado no fue un acto espontáneo, fue pensado, diseñado, previsto como un hecho de trascendencia humana.

Filósofos como Sócrates, inventaron la mayéutica como esquema de  enseñanza, basado en preguntas y respuestas para llegar al conocimiento racional. Platón describió en “Los Diálogos” las enseñanzas de su maestro, dejó inmortal obra que hoy conocemos y que forman parte de las bibliotecas del pensamiento occidental. Aristóteles, a su vez, revisó los escritos de los filósofos de la época, le dio su toque especial y tenemos un ejemplo de ese conocimiento que trascendió el tiempo y el espacio.

Siglos después, los escritos de los socráticos y presocráticos fueron parte de la obra de Santo Tomás de Aquino, quien en la Suma Teológica hizo una “cristianización” del pensamiento antiguo. En está nueva etapa de la historia conocida como la edad media, se logra el rescate cultural de la mayoría de los escritos y el pensamiento así como el conocimiento se almacena en las bibliotecas de los conventos donde eruditos los transcriben a mano, formando la etapa de la escolástica.

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La escuela evolucionó hasta llegar a nuestros días… días de pandemia que dejan una clara enseñanza, en la era de la información que es atacada por la desinformación, en dónde nos jactamos de los conocimientos científicos y los cuales fueron puestos a duda como si el método de la duda sistemática de René Descartes fuera verdad absoluta. Nunca antes los conocimientos que salieron a la luz de una pandemia del siglo habían sido puestos a prueba por personas y gobiernos que crearon distractores, asumiendo como dioses de la verdad y poniéndo en duda las recomendaciones para atender una emergencia médica.

Nuevamente, en los tiempos de la luz, salieron contrapesos que opacaron a la humanidad.

Una sociedad que “no sabía” cómo atender cada uno de los casos que se presentaban en los nosocomios, un “virus asesino” hizo que cayeran las figuras más emblemáticas de nuestras vidas. La docencia regresó a los hospitales, aprendieron técnicas de reconversión de hospitales, cambiaron los protocolos de atención primaria para pacientes con COVID – 19, métodos de enseñanza “in situ” se convalidaron ante la imposibilidad de llevar a las aulas tradicionales y además para proteger al personal de la salud.

La recomendación era no ir a los hospitales, utilizar las mascarillas, lavarse las manos antes y después de ingresar a nuevos espacios físicos, no saludar de mano, no saludar de beso, evitar espacios con multitudes, evitar reuniones… pero la “naturaleza humana”, expresión que siempre recuerdo de un gran maestro mío y de grandes hombres que he conocido, era sólo indescriptible, no hicieron caso.

Había necesidad de hacer tiempo, de ganar la batalla para que llegaran las primeras vacunas pero la ignorancia de unos, la soberbia de otros y el “valemadrismo” de unos más provocaron muertes que se pudieron evitar. Nunca antes, la ignorancia y sus derivaciones costaron la vida a quienes creyeron en las palabras de los mesías de la desinformación y de las malas decisiones.

La gran enseñanza es para las futuras generaciones que enfrentarán a las pandemia que les toque vivir, aquí se generaron miles de maestros que enseñaron y aprendieron juntos, que cambiaron la vida de muchos y lograron realizar el sueño de todo hombre al trascender con sus ejemplos de vida y amor hacia los demás. Gracias a todos por compartir sus experiencias y convertirse en los maestros de la sociedad que hoy sigue viviendo en la pandemia. Larga vida a los docentes que a pesar de la adversidad lograr continuar con el ciclo de la formación de hombres y mujeres para un futuro mejor.

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Eduardo Borunda

Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de la Frontera Norte. Máster en Administración y Licenciatura en Administración Pública y Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Ha sido Consejero Presidente de la Asamblea Municipal Juárez del Instituto Estatal Electoral, Consejero Electoral para el Instituto Federal Electoral (IFE) y el Instituto Estatal Electoral (IEE).

Actualmente Profesor de Tiempo Completo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UACH, institución de la que fue director del 2005 al 2010.

Ha publicado los libros “Ciudadanía, modernización y derechos políticos”,  y compartió la autoría de “La estrategia Obama: la construcción de una marca exitosa en la política electoral y el gobierno” y “La Videopolítica: nuevos desafíos para la democracia”.


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