El futuro de México y el regreso a las aulas

México y el mundo han vivido un año y medio sufriendo y enfrentando los efectos de la pandemia que más daños ha causado en la historia contemporánea.

Además de las defunciones, los enfermos y las secuelas que padecen quienes han sobrevivido, ha provocado una gran diversidad de pérdidas en la experiencia de todos los ciudadanos de todas las naciones del mundo de hoy.

La inmensa mayoría de quienes hemos presenciado sus efectos nunca habíamos experimentado una catástrofe de semejantes dimensiones. Sólo quienes siendo, aún jóvenes, conocieron las desgracias que causó a la humanidad la II Guerra, podrán hablarnos del miedo, de las muertes que causó esta inmensa tragedia; pero después de este evento tan lamentable no hay nada que se le compare; en particular, porque todas sus consecuencias las han vivido, con mayor o menor intensidad, todos los países, todos las comunidades, todos los hombres y mujeres, quienes viven este momento tan complicada de nuestra historia.

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La experiencia ha sido dolorosa y las pérdidas cuantiosas, el duelo no ha terminado, las precauciones y estrategias preventivas deben mantenerse, pero no hay duda que ha llegado el momento de levantarse, de continuar, de empezar a reconstruir todos los elementos de nuestra vida cotidiana que han sido afectados y entre ellos destaca la imperiosa necesidad de concentrar nuestra atención y nuestra energía para darle nueva vida a nuestro sistema educativo.

Hemos hablado del alcance de los perjuicios de la pandemia, muchos elementos han sido lastimados, pero entre ellos destacan los fundamentos de nuestra sociedad, en particular la economía y la educación.

Todas las sociedades para sobrevivir requieren mantener en óptimo estado su aparato productivo, de otra manera, a la catástrofe de la salud pública muy pronto sobrevendría una catástrofe económica que dañaría, sin remedio, el sistema de abasto, los mercados y los aparatos productivos; lo cual, en principio, provocaría, desempleo masivo, y hambre; pero muy pronto, también estos fenómenos darían lugar a conflictos sociales inmanejables y a pérdidas en el posicionamiento económico global de las naciones irrecuperables, porque estamos ante una economía internacional en la que los espacios vacíos inmediatamente se ocupan, sin dar oportunidad alguna a quienes están perdiendo sus posiciones en los mercados.

Afortunadamente, la mayor parte de los países y los organismos internacionales que se ocupan de la definición de políticas y estrategias económicas para enfrentar los riesgos económicos que trajo consigo la pandemia definieron principios básicos para enfrentarla y resulta evidente que hasta ahora han funcionado: como ha sido el caso de la estrategia para mantener en operación, sin interrupción, las bien llamadas actividades esenciales, que comprendieron, todas las inmediatamente asociadas con los servicios de salud, las relacionadas con la provisión de alimentos, de materias primas, de comunicaciones, y de servicios de seguridad; sin olvidar la importancia de mantener en operación los sectores industriales que generan gran valor, como la industria automotriz.

La mejor evidencia de que estas acciones para proteger el aparato productivo la tenemos en México, cuya economía ya da muestras claras de una rápida recuperación, en todos los sectores relevantes de su economía, con excepción del turismo; pero con fortuna apreciamos que esta situación también la están viviendo la mayor parte de los países latinoamericanos y según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) la plena recuperación la vivirá la región a lo largo de 2024.

Sin embargo, no podemos presentar buenas cuentas cuando hablamos del impacto de la pandemia sobre los daños que el confinamiento generalizado causó en los aprendizajes de casi 39 millones de niñas, niños, adolescentes y jóvenes de nuestro país que debieron asistir a las escuelas y universidades durante el ciclo escolar 2020-2021.

En este ámbito, fundamental para el desarrollo con progreso de la vida material, social y cultural del país, pero en particular para el futuro mismo de las generaciones de mexicanos que hoy están en su etapa formativa, no tenemos los mismos resultados y, en verdad, de continuar con el confinamiento; causaremos un daño irreversible, no sólo a ellos y ellas, sino a México entero.

La cicatriz es grande y muy pronunciada, tan solo en este ciclo, por falta de recursos, no se inscribieron más de cinco millones de infantes, adolescentes o jóvenes, y esto es una tragedia cultural y social inmensa, que cuanto antes debemos de reparar.

Pero eso no fue todo, el modelo de aprendizaje a distancia, elegido por necesidad, no podía ser exitoso en un país en el que el 50% de los hogares mexicanos viven en la pobreza. La instrucción en casa precisaba de medios, y recursos, básicamente electrónicos, que las familias en pobreza nunca tuvieron forma de sufragar.

Más que eso, lo que más limitó los aprendizajes, fue el cambio de modelo, un salto inmediato y sin escalas del modelo omnipresencial, al de instrucción a distancia, sin inducción y sin preparación previa; que, por ejemplo, las universidades mexicanas, a pesar de tener tres décadas preparándose para introducir, la mayoría de ellas ni siquiera han comenzado.

No debe, por ello, extrañarnos las limitaciones que enfrentaron en sus aprendizajes la mayor parte de los estudiantes mexicanos, en todos sus niveles, y cuyo saldo muy pronto habremos de conocer, por ello hoy no hay alternativa, todos debemos organizarnos para facilitar el regreso a las aulas de las nuevas generaciones, que nacieron en nuestro México en las últimas tres décadas.

No hay más ruta en el corto plazo que restaurar el modelo presencial de enseñanza/aprendizaje en las aulas, en estrecho vínculo cotidiano, con profesores y autoridades educativas.

Juan Carlos Loera SQR
Juan Carlos Loera de la Rosa

Empresario y político defensor de la cuarta transformación.


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