Durante los últimos años, la narrativa dominante en la política nacional parecía haber instalado una idea peligrosa: que el régimen era invencible, que la oposición estaba derrotada y que la participación ciudadana había sido reducida a la resignación. Sin embargo, lo ocurrido este sábado 30 de mayo en Chihuahua durante el evento “Yo con Maru” demuestra que esa historia puede comenzar a cambiar.
Lo que vivimos no fue simplemente una concentración política más. Fue un acontecimiento sin precedentes en los años recientes para Chihuahua y para la oposición nacional. Más de 15 mil personas se dieron cita para respaldar a la gobernadora Maru Campos y para enviar un mensaje claro al país: todavía existen ciudadanos dispuestos a defender la democracia, las instituciones y la libertad.
La magnitud del evento quedó reflejada en la calidad y diversidad de quienes acompañaron a la gobernadora. La presencia de dos expresidentes de México, así como de un gobernador en funciones, legisladores federales, diputados locales y alcaldes de distintas regiones del país, entre ellos Marco Bonilla, alcalde de Chihuahua capital, convirtió la convocatoria en una demostración de unidad política que pocas veces se ha visto en tiempos recientes.
Pero más allá de los nombres y los cargos, el evento evocó una tradición profundamente arraigada en la historia de Chihuahua. Este estado ha sido, durante décadas, una tierra de resistencia democrática. Aquí surgieron algunas de las luchas más emblemáticas contra el autoritarismo y el fraude electoral. Las nuevas generaciones quizá no vivieron aquellas jornadas históricas, pero los nombres de Don Luis H. Álvarez y Francisco Barrio siguen representando una época en la que miles de ciudadanos decidieron salir a las calles para exigir democracia.
Fue imposible no recordar aquellas movilizaciones que marcaron el rumbo político del país. La Marcha del Silencio, las protestas pacíficas, las manifestaciones multitudinarias y la valentía de hombres y mujeres que enfrentaron al poder cuando hacerlo implicaba enormes riesgos. Chihuahua fue semillero de la transición democrática mexicana, y el evento del sábado pareció reconectar con ese espíritu de participación y resistencia ciudadana.
Uno de los mensajes más relevantes de la jornada fue el pronunciado por el expresidente Felipe Calderón. Sus palabras no se limitaron a una defensa partidista. Fueron una convocatoria a la participación ciudadana, a la organización social y, sobre todo, al discernimiento. En tiempos donde la polarización busca simplificar la realidad en buenos y malos, el llamado fue a analizar con seriedad qué tipo de gobiernos queremos construir.
La reflexión fue contundente: existen gobiernos que enfrentan los problemas con valentía, que luchan por la seguridad de sus ciudadanos y que asumen el costo político de combatir a la delincuencia. Y existen otros que prefieren la complacencia, la indiferencia o la sumisión frente al crimen organizado. Esa diferencia no es menor. Define el futuro de millones de familias mexicanas.
En ese contexto, la figura de Maru Campos emerge con una relevancia nacional cada vez más evidente. Su participación en la vida pública no ha estado exenta de obstáculos, ataques y riesgos. Sin embargo, ha optado por enfrentar los desafíos de frente. En una época donde muchos actores políticos prefieren el cálculo antes que la convicción, la gobernadora de Chihuahua ha proyectado una imagen de valentía y determinación que conecta con amplios sectores de la ciudadanía.
Su liderazgo también envía un mensaje a otros integrantes de la oposición. La política no puede construirse desde la pasividad ni desde el miedo. La defensa de las instituciones democráticas requiere voces firmes, liderazgos visibles y disposición para asumir costos. En ese sentido, el evento “Yo con Maru” no solo fortaleció a la gobernadora; también abrió una ventana de esperanza para quienes buscan una alternativa política seria en el país.
Para el Partido Acción Nacional, la jornada representa además una oportunidad para reconstruir una narrativa de liderazgo nacional. Durante años, muchos ciudadanos percibieron una oposición fragmentada, reactiva y sin rumbo claro. Lo ocurrido en Chihuahua demuestra que todavía existen liderazgos capaces de convocar, unir y generar entusiasmo entre miles de personas.
Sin embargo, sería un error pensar que el trabajo está terminado. La oposición parece haber despertado. Se está organizando, está encontrando puntos de coincidencia y comienza a construir una causa común. Pero todavía falta el componente más importante de cualquier transformación democrática: los ciudadanos.
Ningún partido político, ningún gobernador, ningún alcalde y ningún líder nacional podrá cambiar el rumbo del país sin la participación activa de la sociedad. México necesita un ejército de ciudadanos conscientes, informados y comprometidos. Ciudadanos capaces de analizar la realidad, de cuestionar el poder, de dialogar con respeto y de involucrarse en los asuntos públicos.
La democracia nunca ha sido una obra exclusiva de los políticos. Siempre ha dependido de ciudadanos dispuestos a actuar. Chihuahua lo demostró en el pasado y puede volver a demostrarlo en el presente.
Por eso, la lección más importante del sábado no es únicamente que la oposición se reunió. La verdadera lección es que todavía existe esperanza cuando los ciudadanos deciden participar. No podemos quedarnos sentados observando los acontecimientos desde la distancia. Mucho menos podemos esperar que otros hagan el trabajo que nos corresponde.
La historia demuestra que los grandes cambios comienzan cuando la sociedad despierta. Tal vez eso fue precisamente lo que empezó a verse este fin de semana en Chihuahua.

Marisela Terrazas
Ex Diputada por el PAN en Chihuahua. Doctorante en Ciencias de la Educación por la Universidad Libre de Bruselas, Bélgica. Maestra en Educación por UTEP, ex directora del Instituto Chihuahuense de la Juventud y experta en políticas públicas juveniles.
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