El hombre tiene el organismo más débil y raquítico de todos los seres vivos; en base a esa naturaleza, el individuo no puede vivir aislado, le es necesario estar en sociedad con sus semejantes para poder subsistir. Cada individuo tiene su objetivo, su sueño particular, legítimo y válido como el de todos sus semejantes; la sociedad, para ser considerada como tal, debe proporcionar al individuo los mecanismos necesarios para que alcance su meta, su fantasía personal.

A fin de eludir el caos y el desorden en la sociedad y evitar el abuso del individuo más débil por el individuo más fuerte, la comunidad se organiza y establece leyes.

Así, de esta manera, nace el Estado con dos elementos esenciales: La sociedad (pueblo) y el Gobierno (poder).

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Emerge el gobierno con dos obligaciones fundamentales: una, establecer esos mecanismos necesarios para que el individuo alcance sus objetivos personales; dos, el respeto estricto a las garantías individuales y la realización evidente y perceptible de los derechos universales.

Por otro lado, el individuo adquiere dos obligaciones principales: el respeto y observancia a la ley y el pago de impuestos para contribuir en los gastos del gobierno.

Sí el gobierno o el individuo no cumple con alguna de sus dos obligaciones constitucionales y principales: el Estado deja de funcionar.

Así, como un matrimonio estable, el gobierno y la sociedad se fundirían en un intenso intercambio de valores, derechos, necesidades, obligaciones; la sociedad trabajaría en beneficio del gobierno y el gobierno trabajaría en beneficio de la sociedad en base a los principios básicos y elementales que le dan origen al Estado que son: El respeto gubernamental a las garantías individuales; la sociedad cumpliendo con su pago de las contribuciones; el respeto y la observancia de la sociedad a la ley; la concretización palpable físicamente de los derechos individuales; el gobierno establecería los mecanismos para que el individuo alcance sus metas propias.

Al contrario. La sociedad y el gobierno perciben que su matrimonio ha dejado de ser necesario e invocan su divorcio de hecho, acusándose mutuamente de la culpabilidad de esa ruptura: La sociedad dice en público que el gobierno es inepto, corrupto, irresponsable y demás conductas ilegales; el gobierno en privado dice que la sociedad es desordenada, incumplida, ociosa y otras actitudes negativas de la comunidad.

Si bien es cierto, el matrimonio estable, descrito anteriormente, entre sociedad y gobierno no existe; también es bien cierto que el divorcio que ambos describen y exponen no tiene presencia, es inexistente, por más que la sociedad rechace y se oponga a su gobierno; por más que el gobierno repudie y repele a la sociedad: otro tipo de matrimonio sí existe.

Hoy la sociedad y gobierno están fusionados en un matrimonio compuesto de intereses y carente de valores. Los intereses injustos e inmorales se entrelazan y mezclan confundiendo cuales son de la sociedad y cuales son del gobierno; ambos invocando la universalidad y mérito de los valores en su beneficio cuando así conviene a su interés.

El gobierno, bajo la complacencia de la sociedad, no cumple con los principios y obligaciones que le dieron origen: constantemente viola las garantías individuales de la sociedad; carece de la obra material necesaria para acreditar el cumplimiento a los derechos universales o naturales; en el olvido, están aquellos intentos de colocar los mecanismos necesarios para que el individuo alcance sus metas personales. Al igual, la sociedad, con la tacita autorización del gobierno, evade cumplir el pago de sus obligaciones fiscales; la observancia de la ley es nula, no hay quien le aplique y el que le aplique pretende un beneficio personal.

Este es el matrimonio entre sociedad y gobierno: esta es la contribución del gobierno en beneficio de la sociedad, el no cumplir con sus obligaciones principales y fundamentales a cambio de no exigir a la sociedad el pago de sus deberes. Esta es la sociedad que apoya a su gobierno, que incumple sus obligaciones con el firme conocimiento de que el gobierno no le requerirá y no hay consecuencia.

El individuo ya no es débil: su fortaleza radica en la intensidad de intercambio de intereses, mas no valores, con el gobierno.

Es cuanto ¡Un abrazo fraterno!

Originalmente publicada el 17 de Agosto de 2015

Guillermo Chavez
Guillermo Chávez
Columnista en Juárez a Diario | + posts

Abogado. Filósofo. Columnista.
Buen amigo y consejero, entusiasta. Publicamos cada semana tu columna, en tu espacio en tu memoria.
Descansa en Paz.
Hasta pronto querido amigo.