DESDE EL PARALELO MAGNÍFICO | Observatorio del Azogue (12-2)

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Después del doctorado y una rápida y audaz —diría yo— estancia postdoctoral en Argentina, siguiendo mis intereses por esclarecer el comportamiento dinámico de la luna Fobos de Marte, establecí contacto profesional con el astrónomo y geólogo planetario Pascal Lee.

Lee era líder de la proyectada misión PADME de la NASA hacia Fobos y Deimos, y continuaba también al frente del Mars Institute.

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Resurgiendo como fénix después de haber sido descartada por la NASA, PADME recibió un fuerte apoyo de la comunidad de astrónomos planetarios del continente, siendo reconsiderada y finalmente aprobada como la primera misión científica hacia las lunas marcianas en 2024.

El Dr. Lee trabajaba intensamente en este extraordinario orbitador que sobrevolaría las lunas de Marte para desentrañar su origen, y en el 2022 discutí con él las predicciones de mi tesis, quizá parcialmente verificables por astrometría con PADME.

Lamentablemente, los objetivos científicos de la misión de Lee no incluían mediciones astrométricas per se, ni instrumentos diseñados especialmente para medir la cinemática individual de Fobos con la resolución que las predicciones de mi trabajo requerían.

La instrumentación abordo de PADME tampoco nos ayudaría a caracterizar la dinámica conjunta de Fobos, Deimos y los tres recientemente descubiertos pequeños objetos elongados y el anillo de polvo en la región de Fobos.

Sin embargo, este encuentro motivó una colaboración científica por casi cinco años con Pascal, antes de ser yo seleccionado para ser parte de la primera misión tripulada al planeta rojo, habiendo sido precisamente nominado para este viaje pionero, entre otros colegas, por el Dr. Lee.

Curiosamente, yo lo había nominado a él tambien para tal empresa, y de hecho fue seleccionado también, pero declinó ser parte del viaje a Marte por motivos fundamentalmente familiares. Pascal tenía muy fuertes lazos y deberes en la Tierra como para ausentarse y desprenderse de ellos. Sin embargo, él sería uno de los asesores más importantes de esta aventura, coordinando la colaboración entre SpaceX y NASA.

En 2026, radicando en los Estados Unidos, vivimos la terrible crisis de las ciudades norteamericanas fronterizas. El ataque biológico de aquel coordinado grupo de extremistas, quienes deliberadamente bloquearon las rutas y salidas hacia el norte de ciudades como San Diego, El Paso, Columbus, San Luis, Laredo, Brownsville, desencadenó ese histórico éxodo masivo de ciudadanos norteamericanos hacia México, que abrió toda su frontera norte y dio refugio a una aterrorizada población estadounidense de centenares de miles de personas.

Tuve el privilegio, a través de mis contactos y colegas en los Estados Unidos, en su consulado en México y en los distintos niveles de gobierno mexicanos, de facilitar y participar directamente en el rápido traslado de la angustiada población norteamericana hacia México, particularmente en las fronteras El Paso-Juárez y San Diego-Tijuana.

Fue una movilización terrible, masiva y sin precedentes, con intenso sabor a fraternidad y pesadilla hacia los albergues, casas particulares y el sinnúmero de refugios temporales improvisados en parques, plazas, estadios, gimnasios, iglesias, edificios públicos, estacionamientos e incluso centros comerciales de México.

El ataque biológico masivo, que de acuerdo a los extremistas se prolongaría por dos semanas y aniquilaría a buena parte de la población norteamericana en frontera con México, fue perpetrado pero contrarrestado y eliminado al segundo día, como fue anunciado personal e inmediatamente por el presidente Kodaly.

Sin embargo, los asesores científicos del presidente de los Estados Unidos sugerían como medida precautoria que la población afectada, refugiada en México, no podría regresar a sus ciudades de origen por lo menos en un período de tres semanas, mientras el delicado proceso de descontaminación por las autoridades sanitarias norteamericanas tomaba lugar en al menos cuatro de los centros urbanos fronterizos atacados.

Este ataque despiadado y cobarde, amplia y debidamente documentado internacionalmente, que aunque cobró la vida de cientos de ciudadanos norteamericanos fronterizos, no alcanzó a afectar a las decenas de miles de almas a las que estaba dirigido, develó un nuevo sentido de fraternidad entre México y los Estados Unidos, a todas las escalas, desde lo social y personal a nivel ciudadano, hasta lo político.

A raíz de esa desgracia la población norteamericana en general, y su presidente y las ciudades en la frontera sur de los Estados Unidos en particular, manifestaban un conmovedor agradecimiento a México que sólo quienes lo vivimos podemos intentar describir.

Por un mes entero, los refugiados del norte encontraron un rincón de vida y optimismo en la generosa patria de Morelos donde fueron recibidos, tuvieron alimento, un techo temporal y el apoyo y afecto de la población. Estados Unidos estaba agradecido, México honrado y complacido.

Mi trabajo como astrofísico e investigador, y mi cuidadoso registro de las crónicas contemporáneas precisas de nuestros esfuerzos por conquistar el planeta Marte, sin duda, respaldaron mi nominación para viajar al vecino planeta. Pero también reconozco que la comunidad científica norteamericana, Planet X, NASA y el Consejo de Exploración Marciana apoyaron desde un principio la idea que un científico mexicano en particular, un especialista en dinámica planetaria, formara parte del primer grupo de hombres y mujeres a Marte.

¿ Qué otra razón podría existir, que no fuera un afecto y agradecimiento genuino de los estadounidenses hacia los mexicanos a partir de 2026, para que el buen Brix Ramsey aceptara, sin dilación, mi propuesta de donar las ganancias económicas asociadas al hallazgo diamantino en Marte a la niñez mexicana ?

Después confirmé que una percepción similar a la de los colegas norteamericanos existía entre la comunidad internacional de científicos, especialmente entre mis compañeros de misión en 2028.

El viaje, la llegada a Marte, el establecimiento de la primera colonia humana y, eventualmente, del primer observatorio astronómico en el planeta rojo, El Observatorio del Azogue, son eventos pilares en mi vida que atesoro como científico, mexicano y ser humano.

Pero nadie me había preparado para una sorpresa como la del hallazgo de los profundos orificios hexagonales en la superficie marciana, un enigma que hoy exploramos…

Continuará…

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Hector Noriega
Héctor Noriega Mendoza
Profesor y Divulgador Científico. en UTEP

Ponente. Investigador.

Maestría en Astronomía (UNAM | NMSU) y Doctor en Astronomía por la Universidad Complutense de Madrid (UCM)

Fundador de la Sociedad Astronómica Juarense, Cofundador del Proyecto Abel, Miembro de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica, Miembro de la American Astronomical Society y Profesor de tiempo completo de Astronomía en UTEP.