La tarde del martes 9 de junio, fue particularmente fresca en la frontera norte de México.

Sin embargo, en Ojinaga, el diablo apareció y descargó su fuego. Encendió los ánimos de los campesinos nogaleros de aquel lugar y calcinó las posibilidades del superdelegado Juan Carlos Loera de la Rosa, por la candidatura de Morena al gobierno de Chihuahua.

El funcionario acudió a resolver un conflicto sobre el añejo tema del agua.

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Pensaba que se trataría de un trabajo sencillo de conciliación ante una mesa de diálogo, para convencer a los campesinos de pagar a los norteamericanos lo que el tratado binacional de aguas de 1944, obliga a México.

El tratado es más que justo. Obliga a México a entregar anualmente poco más de 433 hm3 del vital líquido; y en reciprocidad, recibe nuestro país 1850 hectómetros cúbicos.

Sin embargo, el funcionario federal, defendería lo indefendible.

En un siniestro escenario donde se tejieron tantos malos entendidos, ambas partes defendían posturas que jamás lograrían un acuerdo.

Desde su poltrona, en la Ciudad de México, el presidente de Conagua, había dado la instrucción de pagar a los norteamericanos, su adeudo natural.

Lo que no sabía el superdelegado, era que la instrucción desde Conagua, era que, se extrajeran 1000 hectómetros y no 433.

Los campesinos, pensaban que el superdelegado, conocía bien el tratado binacional, y que estaría en contubernio con el holgazán de Conagua.

Es evidente que ninguna de las partes conocen el método Harvariano para la negociación.

De otro modo, la supuesta mesa de diálogo, habría comenzado con la apertura de las dos posiciones sobre la mesa, y comenzar a conciliar entre sí.

Pero no. En Chihuahua aún no llegamos a protocolos de entendimiento, y aflora la rudeza del carácter norteño.

Sin mediar palabra, la plebe, comenzó con gritonearle al funcionario, empujarlo, y agredirlo verbalmente antes de comenzar el diálogo.

Lo acompañaban, el secretario de desarrollo rural, René Almeida; el director de gobierno, Joel Gallegos; el diputado local, Jesús Villarreal; los alcaldes de Ojinaga, Coyame y Aldama. Y el diputado federal, Mario Mata.

Este último, acusado por la dirigencia de Morena, de ser el incendiario político que azuzó a los campesinos para reventar la mesa de diálogo.

La turba, obligó a esta comisión de funcionarios, a resguardarse en las oficinas del ayuntamiento local, protegidos por un par de policías viales de aquel singular pueblo chihuahuense.

Mientras buscaban la manera de solucionar el problema, los ánimos desbordados, condujeron a los campesinos a la destrucción de 3 vehículos oficiales, prendiéndoles fuego, ante el alarido de la multitud que con ello pretendiera llamar la atención presidencial.

En tratándose de estos problemas sociales, es imposible saber si detrás de los disturbios hubo alguien moviendo los hilos de la destrucción.

Los morenos, acusan a los panistas; los panistas, se deslindan, y acusan al presidente, de maltratar a los campesinos con decisiones injustas.

El clásico diría: «haiga sido como haiga sido», el golpe seco al delegado Juan Carlos Loera, lo expone a una posible remoción. O en el mínimo de los casos, olvidarse de su aspiración a la silla del salón rojo.

Hoy está aquí, María del Carmen Almeida, chihuahuense avecindada en Nuevo León. Que viene a decirnos de su intención por ser la abanderada de Morena en la elección 2021 para gobernarnos.

Trataré de conseguir una exclusiva para Cartapacio, y por la tarde haremos un programa interesante.

Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

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