El gobierno demócrata busca avanzar en su agenda sobre temas inmigratorios, para revertir políticas más restrictivas del expresidente Donald Trump, sin embargo, expertos advierten que el camino para lograrlo no será nada fácil. Aquí explicamos los pasos.


Estados Unidos (VOA/) – Una dura batalla legal está en curso en Estados Unidos el jueves, cuando está pautado que la Cámara de Representantes de Estados Unidos vote dos proyectos de ley de inmigración que proporcionarían un camino a la ciudadanía para millones de personas que viven ilegalmente en Estados Unidos.

El tema es parte de las prioridades del gobierno demócrata del presidente Joe Biden, pero ha tenido oposición entre los republicanos que alertan sobre el incremento en la llegada de inmigrantes por la frontera sur con México. Algunos republicanos han solicitado incluso regresar a las políticas restrictivas implementadas por el gobierno de Donald Trump.

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Actualmente, tanto la Cámara de Representantes como el Senado, tienen mayoría demócrata, pero el margen es estrecho en la Cámara Alta.

Los proyectos de ley para ayudar a los trabajadores agrícolas y a los inmigrantes que llegaron siendo niños a Estados Unidos con sus padres, conocidos como soñadores o «dreamers», son parte del esfuerzo para dar pasos específicos mientras los demócratas del Congreso deliberan sobre la reforma de inmigración del presidente Biden.

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¿Cómo se aprueban las leyes en EE. UU.?

El sistema legislativo de Estados Unidos es bicameral por lo que la propuesta de proyectos de leyes comienza lo mismo en el Senado que en la Cámara de Representantes, dependiendo de si lo presenta un senador y un representante.

«Todos los poderes legislativos otorgados en la presente Constitución corresponderán a un Congreso de Estados Unidos, que se compondrá de un Senado y una Cámara de Representantes», indica el texto de la Constitución estadounidense de 1787 en su Artículo Uno.

Cuando el proyecto de ley se inicia en la Cámara de Representantes, -ahora de mayoría demócrata-, se coloca en una caja de madera conocida como «the hopper».

Una vez ahí se le asigna un número legislativo antes de que la presidencia de la Cámara de Representantes, liderada en este momento por Nancy Pelosi, lo envíe a uno de los comités de esa instancia.

Los representantes o senadores encargados de impulsar el proyecto de ley se reúnen en pequeños grupos para estudiar, intercambiar opiniones, hacer cambios o reescribir el proyecto en cuestión.

Luego votan para aceptar o rechazar el documento y los cambios antes de devolverlo a la Cámara de Representantes o al Senado para el debate general. Si es aprobado por la mayoría, se envía a una u otra cámara del Congreso para pasar por un proceso similar que incluye debate, posibles modificaciones y votación.

Al presidente de Estados Unidos, -encargado de firmar o no para que se convierta en ley (Act en inglés)-, le debe llegar una versión final en que concuerden ambas versiones: del Senado y de la Cámara de Representantes.

¿Cómo se vota?

Para votar, la Cámara de Representantes usa un sistema de voto electrónico.

El Senado -ahora por estrecho margen con mayoría demócrata- vota por su lado a viva voz: «yay» (sí) o «nay» (no).

La Constitución indica que la votación de ambas cámaras será nominal y los nombres de las personas que voten en pro o en contra del proyecto se asentarán en el diario de la instancia que corresponda.

¿Qué ocurre cuando el proyecto llega al presidente?

El presidente de Estados Unidos tiene la potestad de:

1.-Aprobar y firmar el proyecto de ley y convertirlo así en ley.

2.-Vetar el proyecto. Al rechazarlo, este regresa al Congreso con los motivos por los que fue vetado. Pero el Congreso puede anular el veto si tiene el apoyo de 2/3 partes de los congresistas presentes en ambas cámaras. De ocurrir, el proyecto se convierte en ley pese al veto presidencial.

3.-Determinar no hacer nada. Si el Congreso está en sesión, tras 10 días de no recibir una respuesta del presidente, el proyecto se transforma automáticamente en ley.

4.-Hacer un veto «de bolsillo» («Pocket veto«), que consiste en que si el Congreso no está en sesión dentro de los 10 días posteriores a que le fuera enviado el proyecto de ley, el presidente puede optar por no firmarlo y por tanto no convertirlo en ley.

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Redacción ADN / Agencias

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