Terror

Publicado el

Publicidad - LB2 -

Exit Music (For a Film) / Radiohead (1997)
“We hope that you choke.”

Hay violencias que todavía pueden explicarse, otras no. Cuando el acto deja de responder a un objetivo y se convierte en una forma de decir “aquí estoy”, todo se vuelve más inestable. Ese silencio denso donde algo ya se rompió, aunque todavía no sepamos exactamente qué y quizá eso es lo más inquietante de este tipo de violencia: no el acto en sí, sino la sensación de que ya estaba ahí… esperando a repetirse.

- Publicidad - HP1

Había una especie de consuelo, torpe, pero consuelo al fin, en creer que ciertas cosas simplemente no nos correspondían, que eran ajenas, que pertenecían a otra geografía, a otra cultura, a otra sociedad que resolvió mal su relación con las armas, con la violencia y con la idea misma de notoriedad. Columbine funcionó durante años como esa referencia lejana, como caso de estudio o como el documental incómodo de domingo por la tarde que uno podía ver con distancia porque ocurría en un país donde, según nos repetíamos con alivio, todo eso era más probable.

Aquí no, aquí la violencia tenía otras reglas, brutales sí, pero reconocibles: el crimen organizado, sus códigos, sus territorios, sus ajustes, es una violencia que opera como negocio, no como espectáculo; tiene su identidad propia y definida y si, es un gran problema pero lo que hoy 20 de abril pasó, abrió la puerta de la preocupación extrema.

No se si usted puede recordar lo ocurrido en el Colegio Americano en Monterrey en 2017, eso no fue una excepción, fue un aviso: un estudiante, un salón de clases, disparos a quemarropa y una escena que no necesitaba traducción porque ya la habíamos visto antes, sólo que en otro idioma; después vino Torreón, luego las amenazas, las imitaciones, los ecos cada vez menos sutiles y bueno ahora Teotihuacán, que no es un detalle menor sino precisamente el punto de quiebre, porque ya no se trata de un espacio cerrado donde todavía se puede fingir que el problema es localizable o encapsulado, sino de un sitio abierto, simbólico, internacional, un lugar al que acuden personas de todo el planeta para conocer de forma personal las estructuras hechas por quienes pisaron esta tierra mucho antes que nosotros y que de alguna forma nos heredaron mas que una cultura, espacio que esta, hasta hoy, fuera del ruido, fuera del peligro, fuera de la lógica cotidiana de la violencia mexicana.

Los hechos ocurrieron ahí, no por dinero, no por disputa, no por control territorial, sino por imitación. Ocurre bajo una lógica torcida en la que la violencia deja de ser un medio y se convierte en lenguaje, donde alguien no dispara para obtener algo sino para decir algo, aunque ese “algo” sea apenas una copia mal entendida de otra tragedia. La camiseta, la fecha, la referencia no son casualidad sino intención; no son accidente sino narrativa prestada, a todas luces, un homenaje a “Columbine”.

Ese desplazamiento cambia por completo la escala del problema, porque la pregunta deja de ser quién está en riesgo y pasa a ser quién no. En este tipo de casos la violencia se vuelve imitativa y aspiracional perdiendo  perímetro, se vuelve difusa y, en ese proceso, más peligrosa que la violencia organizada.

El crimen organizado, con toda su brutalidad, no dispara al azar, no por principios sino por objetivos; esto, en cambio, rompe con esa lógica y se acerca más a una forma cruda de terrorismo sin necesidad de estructuras sofisticadas ni ideologías complejas, donde basta con alguien que crea haber entendido que la notoriedad se consigue replicando una escena que ya fue validada en otro lugar.

Lo verdaderamente inquietante es que este fenómeno no depende del tamaño del Estado, ni de su capacidad operativa, ni siquiera de su nivel de desarrollo, Estados Unidos lleva décadas enfrentándolo sin encontrar una respuesta definitiva, lo que deja claro que no hay protocolo suficiente cuando el problema no es únicamente la acción, sino la idea que la precede: la posibilidad de que cualquiera pueda convertirse en protagonista de una tragedia.

A partir de ahí, todo empieza a tambalearse, las escuelas dejan de ser un espacio seguro no por falta de vigilancia, sino porque ahora depende de algo que no se puede vigilar del todo; el sitio turístico deja de ser refugio simbólico; la calle deja de ser rutina y el país, que ya convivía con una violencia estructurada, casi burocrática, tiene que empezar a convivir con otra mucho más impredecible, más extendida y, en ese sentido, más cruel.

Ya no importa quién eres, ni dónde estás, ni qué hiciste, basta con estar y eso, curiosamente, era lo único que nos faltaba… Yo que quería hablar de árboles, al ocurrente ese se le ocurre hacer su estupidez.

ADN Alfonso Becerra Allen
Alfonso Becerra Allen

Abogado corporativo y observador político, experto en estrategias legales y asesoría a liderazgos con visión de futuro. Defensor de la razón y la estrategia, impulsa la exigencia ciudadana como clave para el desarrollo y la transformación social.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

Publicidad - LB3 -

ADN POLLS

Mantiene Pérez Cuéllar ventaja sobre Andrea Chávez en encuesta interna de Morena

Sondeo ubica al alcalde de Juárez con 27.4% frente a 21.2% de la senadora...
- Publicidad - (MR1)

Historias Recientes

CARTAPACIO | Los Meros Machuchones

Comencé esta vida de anacoreta poscovidiano para encontrarme con la evidencia anticipada del futuro. Los...

Continúa alerta amarilla para este fin de semana por fuertes lluvias e inundaciones

Con base en informes del Servicio Meteorológico Nacional, la Dirección General de Protección Civil...
- Publicidad - (MR2)

LAS PLUMAS DE ADN

- Publicidad - (MR3)

Más como esto