“…La patología socio-política y comunicativa populista se sustenta hoy en cuatro “infecciones”, que se repiten en el contradictorio mundo de la globalización de hoy, la patología mencionada puede ser diagnosticada por la presencia de cuatro síntomas o infecciones parciales; primeramente la recurrencia de poner en duda la integridad de las elecciones. Todos los candidatos o presidentes populistas, que hoy infectan las democracias de varios países, como por ejemplo Donald Trump, Jair Bolsonaro, Marine Le Pen y Andrés Manuel López Obrador, por ejemplo, han sometido a feroces impugnaciones, siempre a su conveniencia, claro, este factor propio de la democracia…”

“…Es de sobra conocido el comportamiento recurrente de impugnación de “fraudes” electorales y de trampas de los aparatos e instituciones encargadas por el Estado, con rangos de autonomía constitucional, por cierto, de parte de estos personajes populistas, que ya en el Poder, al estilo Evo Morales, Nicolás Maduro o Daniel Ortega, o el mismo AMLO, por no hablar de la omnipotencia del castrismo en Cuba, no vacilan en realizar cualquier truculencia de fraude electoral, que antes, al haber sido oposición, en los casos correspondientes, tomaban como bandera indeclinable en su lucha antisistémica…”

Así habla el teórico de la política, especialista y posgraduado en la Universidad de Harvard, en el vigente campo académico de los modelos de gobernanza, en la generosa entrevista vía videoconferencia proyectada desde el campus central de prestigiadísima Institución Universitaria con sede en la Ciudad de México. Con la convicción de quien conoce los temas hoy tan en boga acerca del Poder y las Instituciones en las sociedades actuales, continúa en su precisa expresión: “…La segunda infección remite a la movilización deshumanizante de los inmigrantes, basada en información falsa o bien, opaca; los inmigrantes son sujetos amenazantes, gente mala, sujetos sin capacidades de aporte social y sí, por el contrario, de amagar a la “gente de bien”, que trabaja con derechos plenos e identitarios para llevar adelante sus honestos y decentes proyectos de vida. En la misma lógica, los inmigrantes acaparan y acumulan ayudas sociales que son arrebatadas a la población local, y son o esconden terroristas, esos verdaderos datos son “ocultados” por los medios que dañan a la nación con perversas fake news…” “…El lenguaje es elegido cuidadosamente, se habla siempre de “invasión”, de conducta “criminal”, de extremismo religioso, de terrorismo…” O bien, como en el caso del gobierno de AMLO, se pervierten cuerpos militares para “zurrar” y regresar a los inmigrantes ilegales que amenazan la “limpieza” social de Trump y aliados…”

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Con la claridad y el amor a la verdad que solamente el ejercicio académico permite, se da a la tarea de referir uno de los puntos neurálgicos de la “Infección Populista” hoy, la tercera, por cierto, “…Se repite también la retórica del nosotros-contra-ellos, la misma herramienta de tribalización perfeccionada por la Agencia rusa, y que se manifiesta de manera racista, clasista, sexista y violenta en general. Se forman comunidades en torno al rechazo a otros grupos, el robo de derechos o servicios y la comisión de crímenes imaginarios o errores de ego, por lo demás y como dice Jean Werner Müller, en su libro publicado el 2017, titulado “Qué es el populismo”: se trata, de un gobierno antielitista, donde todos los errores vienen de “las élites que gobernaron antes”. Es también un gobierno antipluralista, en el sentido de que “él y sólo él representa al pueblo”. Quien no apoya a este gobierno no es “propiamente parte del pueblo, siempre definido como recto y moralmente puro”. Cuando estaba en la oposición, este gobierno “retrataba a sus rivales políticos como parte de la élite corrupta e inmoral, ahora que está en el gobierno, “se niega a reconocer la legitimidad de cualquier oposición”, pues esta sigue siendo solo una “parte de la élite corrupta”. “…Este gobierno “fomenta el conflicto y alienta la confrontación… Se “esfuerza sistemáticamente por suprimir a la sociedad civil”. “Tiende a ser severo con las organizaciones no gubernamentales que lo critican”. Quiere “ahorrarse al intermediario”, “depender lo menos posible de complejas organizaciones partidistas”, “prescindir de los periodistas”, y tener “representación directa”. Sostiene “que hay un solo bien común, que el pueblo puede discernir cuál es y procurárselo, y que el político puede instrumentarlo como política inequívoca”. Para este gobierno, “el pueblo puede hablar con una voz y emitir algo parecido a un mandato imperativo que les diga a los políticos exactamente lo que tienen que hacer con el gobierno”. Este gobierno busca controlar los otros poderes y los órganos autónomos: “tiende a colonizar el Estado”. Practica un “clientelismo de masas” mediante el cual se otorgan “favores materiales e inmateriales de las élites a cambio del apoyo político de las masas”. La contraparte de este clientelismo de masas es un “legalismo discriminatorio, o sea la postura de que para mis amigos, todo; para mis enemigos, la ley”. Este gobierno desconfía de las instituciones, porque “incluso si parecen democráticas, algo sucede tras bambalinas que permite que las élites corruptas continúen traicionando al pueblo”. Victorioso, suele portarse “como una víctima”, alude a “oscuras maniobras de la oposición” y está “en campaña permanente…”

La cuarta infección es “…La conspiración en contra de las instituciones democráticas, dado que nada molesta más a un régimen autoritario que las instituciones, en mayor medida si estas poseen o derivan de una condición de autonomía constitucional…Todos los políticos contrarios son unos radicales o unos ineptos, todos los periódicos y canales informativos están vendidos al poder, todas las instituciones están corruptas, todos los procesos democráticos amañados, excepto, claro está, aquellos que terminan favoreciendo a los beneficiarios de la “Infección Populista”, todos los poderes podridos, todos los representantes vendidos…hasta que la infección se transforma en Poder…No hay ningún lugar adonde ir, salvo la Tribu…”

Finalmente, nuestro Académico, sostiene de manera sintética y a la vez categórica, “…La patología socio-política populista se manifiesta a través de la hegemonía de las cuatro infecciones sobre el cuerpo democrático en todos los países objeto del mal, donde los operadores de la misma intercambian material, retórica y canales, en un esfuerzo coordinado por ejecutar el mismo algoritmo optimizado para una viralidad inmediata, todo en el marco de una narrativa masiva y digital de odio, poderosamente destructiva del Estado de derecho…”

Hasta aquí y por lo pronto, nuestra Conversación…

Sergio Armendariz SQD
Sergio Armendáriz
Comunicador Social en Organismos Privados y Públicos | + posts

Comunicador en Radio, TV, Prensa Escrita y Portales Electrónicos. Académico Universitario. Funcionario Educativo. Miembro Consultivo en OSC.


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