Crónicas del Poder

“…Y que le importa a un “Peje” Belisario Domínguez…?

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    AMLO quiere que el PRI reviva sus viejos amores de caudillismo populista, desea que reactive la acción política de Lázaro Cárdenas en los 30 del siglo pasado en el escenario de la expropiación petrolera, también “sugiere” que los ánimos incontenidos expropiatorios se continúen con Adolfo López Mateos y la consiguiente acción gubernamental en relación a la industria eléctrica, situada en los 60 mexicanos.

   AMLO es totalmente “transparente”, afirma que su “reforma energética” no tiene un sentido expropiatorio, sin embargo, acude como siempre lo hace al enamoramiento de sus símbolos preferidos, en este caso, por supuesto, a la evocación de Cárdenas y López Mateos. Nostalgia, melancolía pura. Las obsesiones que tiene en lo que en términos generosos pudiera llamarse “su filosofía de la historia”, le brincan en sus acciones de gobierno o desgobierno.

   La controversia en torno a la pertinencia o no de “su reforma energética”, específicamente eléctrica, está cobrando enorme intensidad, los argumentos de todo tipo de expertos, tanto nacionales como internacionales, no le resultan precisamente favorables a las intenciones de AMLO y su aliado Manuel Bartlett. En alto grado el futuro del país se juega en lo que den por resultado las decisiones que al respecto se tomen próximamente en el seno del Congreso mexicano.

   Sin embargo, en este entramado abigarrado de razones y sinrazones, en la “lógica” de una ideología tropical mesiánica, preñada de simbolismo personalista, una cosa clara a notar es la secuencia identificatoria de AMLO con sus personajes épicos a lo largo de lo que va de su sexenio, en ese sentido ya hemos podido notar las suplantaciones épicas, exóticas reencarnaciones que ha dramatizado por ejemplo con Madero, naturalmente con Juárez, recientemente con Hidalgo y hoy con Cárdenas, concediendo un pequeño lugar semimarginal a López Mateos, el menos “heroico” del menú narrativizado por el tabasqueño.

   Al parecer con este nuevo acto de teatralización voluntarista, también ya ha escenificado a lo que considera sus referentes patrios, posiblemente y de manera afortunada ya no le faltaría ninguno por representar, lo que le permitiría reafirmar su repetido estribillo de que “ya podría irse con la conciencia tranquila” a su hacienda de retiro, desde la cual, según su flotante verbosidad se retiraría de las frivolidades de la vida pública y de los seguros homenajes académicos y de culto a la personalidad, que él evitaría con la dedicación plena al arte de escribir libros, cosa que a decir verdad, difícilmente atraería al masivo y escasamente lector público mexicano, aunque sí pudiera ser llamativo a la intelectualidad politológica mexicana, que sin duda encontraría un filón de curiosidad humorística, sin derivar en el deleite de la patología verbal.

   En la presente coyuntura, AMLO se ciñe aun más a su primer y viejo amor, el PRI, en un lenguaje que semejara pretender hacerse cargo a destiempo en la estéril añoranza, de la conducción del Partido de Calles, sin duda, pero por supuesto también del viento corporativo glorioso del general Lázaro Cárdenas, no debemos olvidar que AMLO se ”quedó con las ganas” de consumar a plenitud las jubilosas nupcias con el Partido de su iniciación en las lides complejas y apasionantes de la política, en este momento la exigencia de definirse que le impone al PRI le permitiría realizar extemporáneamente el maridaje con el sueño enamorado de sus años adolescentes.

   MORENA no ha sido otra cosa que el desplazamiento mental e ideológico, empobrecido y promiscuo de ese sueño profundo de amor al PRI. Roger Bartra habla precisamente de la Jaula de la Melancolía y del Regreso a la Jaula, pues precisamente en ese ánimo melancólico se ancla la pulsión de AMLO por dictarle al PRI lo que hoy debe hacer en su conducción histórica, aunque hay que afirmarlo también con toda claridad, no le alcanza el apetito trasnochado de su vieja ensoñación para acabar de enunciar que el PRI debe dejar a Salinas para volver a Cárdenas, cuando es altamente probable que la auténtica frase épica de sus retazos ideológicos debiera ser “dejar a Salinas para volver a…AMLO”. 

   La historia próxima, nos iluminará el amanecer posible del reencuentro de un viejo amor, de “esos que no se olvidan ni se dejan…”

Sergio Armendariz SQD
Sergio Armendáriz
Comunicador Social en Organismos Privados y Públicos

Comunicador en Radio, TV, Prensa Escrita y Portales Electrónicos. Académico Universitario. Funcionario Educativo. Miembro Consultivo en OSC.


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