Trump a la Casa Blanca

Contra los pronósticos, gana Trump la presidencia de los Estados Unidos.

Los momios en Las Vegas daban amplia ventaja a Hillary Clinton sobre el magnate inmobiliario, Donald Trump y sufrieron un revés en una de las más cerradas elecciones de la historia de los Estados Unidos.

Trump gana gracias al pequeño detalle mercadotécnico que nunca abandonó durante su campaña. Ser una imagen del norteamericano promedio y adoptar el aspecto de su entorno.

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Patán, racista, misógino, demente, ignorante, son sólo algunos de los epítetos con los que se le señaló a lo largo de su campaña. Características de un enorme sector de la sociedad norteamericana con el que conectó inmediatamente.

Un especialista en politing (Mercadólogo de la política, o marketing político), sugiere a sus clientes identificarse con el segmento poblacional de su comarca si quiere ganar las elecciones.

Para lo cual, realiza un estudio antropológico y sociológico que le defina algunas características esenciales de este sector y de inmediato, mimetizar con él.

Clinton y el síndrome de los espejos.

Sociedad espejo
Uno va por la vida en la creencia de que los espejos devuelven fielmente la imagen de quien se les pone por delante, ¿no es cierto? Es una convicción muy fuerte. Hasta que por ahí, alguien, sugiere que los espejos deforman. Los espejos no devuelven la verdad, sino una imagen de mentira.

Imagine usted que se levante por la mañana y al afeitarse ve como el morenazo que siempre ha sido usted, mira en el espejo una persona rubia distinta a la que usted reconoce.

Y así y todo se le tiene tanta confianza a los espejos que incluso prevalece esa confianza por encima de la realidad. A la vuelta de un tiempo de ver la imagen distorsionada, comienzas a creer que en verdad eres rubio y sin darte cuenta ya estás asumiendo rubias conductas. ¿Por qué? Pues porque toda la vida te han dicho que el espejo no miente.

El problema con Clinton es que siempre confió en el espejo. Y el espejo la traicionó. Hasta los tiburones de Las Vegas compraron la idea del triunfo de Hillary.

En estas elecciones ganó la estrategia de convertirse en espejo, y así, en lugar de mirarte tú, obligas al elector a mirarse a sí mismo.

Pudo haber sido mejor para Clinton, que, más que mirar el espejo hubiese preguntado al elector como la veían, qué les pasaba, qué sentían. Y mirar entonces más la realidad y menos el espejo de la falsa “realidad”.

El discurso del odio
Uno de los factores clave para el triunfo de Trump lo significa el abominable y despreciable discurso contra los mexicanos, musulmanes y orientales. Eran las palabras que deseaban escuchar los votantes de su mercado.

El fascismo al alza
El fascismo se basa en un Estado todopoderoso que dice encarnar el espíritu del pueblo. Esa es su principal doctrina.

La población no debe, por lo tanto, buscar nada fuera del Estado, que está en manos de un partido único. En este caso, en la figura del propio Donald Trump quien asume el liderazgo de todos los supuestos patriotas.

El Estado fascista ejerce su autoridad a través de la violencia, la represión y la propaganda, incluyendo la manipulación del sistema educativo. Se trata de liderazgos mesiánicos y autoritarios, con un poder que se ejerce de manera unilateral y sin ningún tipo de consulta. Se piensa que el gobierno de Donald Trump traería ese contenido.

El papel de las estructuras del poder
Nunca he confiado en las estructuras del poder, son terríficas. Condicionan a todas las fuerzas políticas y sociales para que guarden cierto orden, y luego, con su manipulación, retribuyan para sí una ganancia.

Sin embargo, ante la gran fisura que se produjo, quizás las estructuras del poder, compriman la locura de este personaje que hoy se transforma en líder del país más poderoso del mundo.

El resultado es una sociedad marcadamente dividida en la que se confrontarán muchas fuerzas y quizás en su demencia, pierdan ese liderazgo mundial.

Putin acecha.

Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

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