Los tiempos de odio nunca los hemos superado. La historia universal siempre nos cuenta asesinatos, masacres, guerras, revoluciones, traiciones y todo tipo de matanzas, que han servido para establecer el estado de derecho. Primero interno por la necesidad de establecer un equilibrio entre la sociedad y el gobierno; y luego el internacional, para colaborar mutuamente en proteger a las naciones más vulnerables, mediante el sometimiento político y económico con las más poderosas. El derecho regula la conducta humana según la época, costumbres, cultura, valores y religión.

Si existe odio entre parejas, entre vecinos, entre hermanos, entre familiares, entre amigos, ¿qué podemos esperar de una sociedad que se aleja del principal valor que es el amor?. Nada que nos conduzca a vivir en armonía, paz y tranquilidad como quisiéramos realmente en sociedad. El odio existe y genera violencia verbal y física que nos somete a un estado de alerta constante, así como a enfermedades físicas y mentales. Produce miedo e inestabilidad emocional. Causa crisis familiar y económica.

El odio también produce dinero, pues ante la inestabilidad social e inseguridad pública, hemos convertido nuestros hogares y fraccionamientos en cárceles privadas, llenas de barrotes, cámaras, guardias, alarmas y mascotas. Genera más ganancia a los bancos porque nadie guarda dinero en casa y se utiliza más el plástico que el efectivo.

- Publicidad - HP1

Lamentamos las noticias de cada semana que nos contagian de temor y tristeza, ante acontecimientos terroristas, donde mueren decenas de personas inocentes, por la voluntad de uno o varios asesinos que se creen héroes por sus creencias religiosas o racistas. Como el reciente acto criminal en Walmart, de Cielo Vista Mall de El Paso Texas, en el que fue detenido un individuo joven armado, quien declaró que lo hizo deliberadamente contra mexicanos, porque estamos invadiendo a los Estados Unidos.

Todo el mundo ha respondido ante este acto de terror, como responde generalmente contra todo acto terrorista donde mueren personas inocentes y más aun, cuando se trata de lugares públicos. Presidentes locales y de todas partes del mundo envían condolencias y flores en los lugares donde ha muerto gente, tan solo por estar en el lugar equivocado –como se dice hoy en día-. Oraciones en todos los templos cristianos, servicios funerarios gratuitos y donaciones se hacen presentes.

Es costumbre ya, enterarnos todos los días de ejecutados en la vía pública, así como de mujeres asesinadas. Pero ya es costumbre. Ya no cuenta. Ya las cruces negras en los postes forman parte del adorno de la ciudad, para cuando vienen los turistas y en su recorrido ven cruces por todas partes. Finalmente fuimos la ciudad más violenta del mundo y seguimos muy mal, pero ya no tenemos el primer lugar. Las autoridades justifican su ineptitud, declarando que son producto de la delincuencia y que se matan entre ellos mismos.

Tenemos desde el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, -que nos recuerda la Matanza de Tlateloco en 1968-, hasta la fecha; resistiendo éste país el odio entre nosotros los mexicanos. Violencia, muerte, sexo, drogas y alcohol, es la educación que con nuestro ejemplo, estamos heredando a nuestros descendientes. Todos los días en las noticias, la nota roja es la más relevante y lo que más tenemos.

Programas de televisión de Juezas que juegan con la morbosidad de lujuriosos, haciendo creer a los televidentes que son juicios de verdad. O el de “Alarma” que conduce un hombre y una mujer muy sexi, exhibiendo crímenes en videos sin censura, donde se aprecia la violencia real. O “Al Extremo”, otro programa con conductora sexi, que presenta los videos más violentos del momento. Canales de televisión abierta locales y nacionales que nos informan el diario vivir de la violencia acumulada en todo el mundo.

A los niños, los video juegos que están de moda. Para ver quien mata más y que armas poderosas existen. Además de los trastornos que originan los medios pornográficos al alcance de todas las edades, con videos indescriptibles. El lado oscuro, aterrador, cruel, sucio y perverso en las manos de una niña o de un niño. Los niños sicarios y los niños rateros y delincuentes existen. El lado positivo, es que al menos podemos recurrir a la defensa de las niñas y los niños, a través de sus derechos en los tratados internacionales.

Incluso por la diversidad de ideas, cultura, costumbres y creencias, aun seguimos sin respetar y sin entender la esencia de la vida. Nos falta practicar todo lo que nos puede hacer mejores cada día, pero le damos más importancia a implementar en nuestras leyes lo que el odio social pide en los congresos que se incluyan. Finalmente el odio ya es una costumbre y la costumbre también es una fuente del derecho.

Molinar Apodaca
Héctor Molinar Apodaca
Abogado | [email protected] | + posts

Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.