Analizando las condiciones en que nos encontramos políticamente hablando, respecto a nuestros representantes dentro de la esfera gubernamental, en los tres poderes que conforman el sistema de gobierno libre y soberano que supuestamente tenemos, vale la pena examinar detalladamente, los principales requisitos que debe reunir todo funcionario.

Ser honesto y tener una reputación intachable, es sinónimo de confianza y fama pública de ser decente, decoroso, recatado, pudoroso, razonable, justo, probo y honrado. Cualidades y virtudes que caben en toda persona que se ha dedicado a cultivar con los hechos que merece estos atributos. Pues depositar nuestra confianza en quien representará mis intereses como persona y los de mi familia, implica una responsabilidad compartida.

Compartida, porque si apruebo su conducta, es porque de alguna manera estoy enterado de su forma de vida y al votar elijo con responsabilidad. Sin embargo, no existen en la Constitución Política del Estado de Chihuahua, ni en la Carta Magna de la nación, las palabras honestidad, conducta intachable ni la de honorabilidad, valores que como estudiante de derecho, si nos inculcaron algunos maestros.

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Creo que este tema merece nuestra atención, porque al suprimir éstas palabras cuyo contenido es determinante a la hora de seleccionar a los candidatos de elección popular, contribuye a un mejor desarrollo social e impide que sujetos con antecedentes de doble moral o con dudosa reputación, lleguen siquiera a solicitar el apoyo ciudadano.

Considerando que somos imperfectos, podemos encontrar estas cualidades en muchas personas del medio, que se distinguen por su ejemplo ante la sociedad y principalmente con sus familiares y amigos cercanos, que son los mejores jueces para señalar lo que somos o no. Pero también en el caso de las amistades, nos pueden ubicar negativamente bajo el dicho inequívoco “dime con quién andas y te diré quién eres”. Y más en una ciudad como la nuestra, donde la franqueza, la nobleza y la hospitalidad nos distinguen como una ciudad fronteriza que da calor humano.

Cuando el pueblo elije libremente no se equivoca. Intuye y sabe lo que quiere. Pero cuando se utilizan recursos públicos para ganar a toda costa el poder, se asoma el rostro de la corrupción y los que contribuyen a ello son también parte de los indeseables en la función pública. Los corruptores incitan a otra persona a corromperse e integrarse así al sistema de corrupción pública institucional.

Un sujeto corrupto, es el que por ambición propia con conocimiento y premeditación de lo que pretende hacer, utiliza todos los medios a su alcance para beneficiarse para sí y para otros, en contra del objetivo político que fue creado para servir y beneficiar a la sociedad que le confía la administración de sus recursos. Abundan en el sistema político nacional.

Los actores políticos se evidencian por sí mismos. Los que tienen problemas por ser adictos al alcohol, y/o a las drogas y/o al sexo. Es parte del desequilibrio emocional que les impide ser personas confiables para desempeñar algún cargo público. Dañan a todo en su entorno y por ello debe legislarse, para que con toda la tecnología que existe se les examine antes de admitir una candidatura de elección popular, o de confianza en el sector público.

Está demostrado por las organizaciones internacionales que se dedican al estudio de las adicciones, el grave problema que representa su comportamiento ante la sociedad. Nos hemos dado cuenta, de que tenemos incrustados en el poder a adictos y neuróticos. Eso contribuye a que aumente la corrupción. El único requisito sobre la conducta de un aspirante a la Presidencia Municipal de los ayuntamientos del Estado de Chihuahua, es que no tenga un antecedente penal. Y con el problema con la impartición de justicia, que está integrada por jueces y magistrados que entraron al Poder Judicial, recomendados por otros enfermos emocionales, la cadena sigue aumentando.

Desde luego habrá quienes justifiquen a los adictos porque desconocen el tema. O porque son cómplices del sistema y también se identifican como tales. Habrá quienes no creen que un alcohólico sea el que no puede beber solo una copa. Y que tan alcohólico es el que está tirado en la calle, como el que está tirado en su lujoso sillón o yate. Curiosamente legislaturas van y vienen sin reformar los requisitos y además incluir exámenes de salud mental, como el antidoping por ejemplo.

El equilibrio de la sociedad amerita atención urgente en los valores. Pero debemos iniciar con los que detentan el poder. Vamos a contribuir para erradicar la corrupción, sacando a los corruptos y corruptores. No merecen la confianza sino el desprecio de la sociedad y en su caso, la rehabilitación para recuperar la dignidad humana.

Molinar Apodaca
Héctor Molinar Apodaca
Abogado | [email protected] | + posts

Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.


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