Hay personas que pasan por nuestra vida dejando recuerdos. Otras dejan enseñanzas. Y hay algunas, como Raúl Ruiz, que consiguen dejar ambas cosas. Por eso esta semana no quiero dedicar este espacio a la política, a la ciudad ni a ninguno de los temas que habitualmente ocupan estas líneas. Quiero dedicárselo a él.
Raúl se fue después de una trayectoria de 40 años en el periodismo. Cuatro décadas parecen fáciles de resumir en una frase, pero significan toda una vida observando, preguntando, escribiendo, entrevistando, analizando y contando las historias de una ciudad.
Tuve la fortuna de conocerlo desde mis inicios en la radio, cuando coincidimos como compañeros en 860 Noticias. Yo comenzaba y él ya tenía mucho camino recorrido. Años después, la vida volvió a sentarnos frente a un micrófono juntos, esta vez en Consensum, el podcast que compartimos y en el que quedaron guardadas muchas conversaciones, discusiones y, sobre todo, muchas risas.
Porque si algo tenía Raúl, además del oficio periodístico, era un extraordinario sentido del humor.
Era un humor inteligente, fino, de esos que no necesitan estridencias. Raúl podía lanzar una frase en medio de una conversación seria y provocar que todos termináramos riéndonos. Quienes tuvimos oportunidad de convivir con él seguramente tenemos alguna de esas ocurrencias guardadas en la memoria.
Pero había otra cualidad que siempre distinguí en él: Raúl era un caballero. Y utilizo deliberadamente esa palabra porque cada vez se escucha menos y porque describe perfectamente su manera de conducirse. Podía disentir sin agredir, debatir sin perder las formas y ejercer la crítica sin convertirla en un asunto personal y eso es periodismo del bueno.
En una profesión marcada por las prisas, las coyunturas y, ahora, por la inmediatez de las redes sociales, Raúl perteneció a una generación que aprendió el oficio ejerciéndolo todos los días. Vivió enormes transformaciones en los medios durante sus cuatro décadas de trayectoria y supo permanecer vigente sin perder su esencia.
Cuarenta años haciendo periodismo significan también haber sido testigo de buena parte de la historia reciente de Ciudad Juárez. Cambiaron gobiernos, personajes, medios y tecnologías. Raúl estuvo ahí, mirando y contando.
Hoy, al volver a ver las fotografías de Consensum, encuentro algo que quizá entonces parecía cotidiano: nosotros alrededor de una mesa, con los audífonos puestos y los micrófonos enfrente, conversando y riéndonos. Ahora esas imágenes adquieren otro significado.
Nos recuerdan que muchas veces no sabemos que estamos viviendo momentos que algún día vamos a atesorar.
Por eso hoy no quiero despedir solamente al periodista de 40 años de trayectoria. Quiero despedir al compañero, al conversador inteligente, al hombre divertido y al amigo. Y quiero hacerlo como seguramente a él le habría gustado: sin demasiada solemnidad y recordándolo con una sonrisa.
Querido Raúl: gracias por las conversaciones, por las enseñanzas, por las carcajadas y por tantos años dedicados al periodismo.
Fue un privilegio coincidir contigo dos veces en el camino: cuando comenzaba mi historia en la radio y muchos años después, cuando nos volvimos a encontrar en Consensum. Esta columna, amigo mío, hoy es para ti.
Hasta siempre, Raúl.

Daniela González Lara
Abogada y Dra. en Administración Pública, especializada en litigio, educación y asesoría legislativa. Experiencia como Directora de Educación y Coordinadora Jurídica en gobierno municipal
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