El próximo jueves, a las 8:15 de la mañana, se cumplirán 81 años del primero de dos bombardeos que cambiaron la historia de la humanidad, en favor de la paz, a través de la destrucción masiva, pues fue justo en el momento en que se registró la detonación de una bomba atómica contra seres humanos en la ciudad de Hiroshima, Japón.
La bomba que cambió al mundo fue transportada en un bombardero B-29, y arrojada a 9.5 km de altura, para detonar a 600 metros del suelo, desatando un poder destructivo equivalente a 15 mil toneladas de TNT[1]. Sus efectos no sólo impactaron en las 70 mil víctimas que perdieron la vida de manera instantánea, o las y los sobrevivientes que pudieron iniciar la reconstrucción del imperio japonés, tan pronto como terminó la II Guerra mundial, sino en el hecho de haberse convertido en el principal elemento disuasivo para nuevos conflictos que enfrentaran directamente, en términos militares, a las potencias mundiales. Además, representó el símbolo de las potencias en el mundo bipolar, entre 1945 y 1991, y la membresía a un exclusivo club de naciones que hoy parecen estar en proceso de delinear los nuevos límites y márgenes de negociación entre naciones.
Desafortunadamente hoy hay muchos discursos desde los gobiernos de los estados que desdeñan la democracia liberal y los derechos humanos, y empiezan a mostrar que, ese miedo a la intolerancia mutua, y a los fanatismos del pasado, pareciera disiparse entre los escenarios que elaboran los equipos de las y los jefes de gobierno.
Consecuentemente, cada vez se avanza más en las fronteras del uso de nuevas tecnologías para la guerra, se olvida con mayor ligereza el precio del fanatismo, y se emiten opiniones desinformadas con gran facilidad, enlodando todo tipo de prestigios, y comprometiendo las posibilidades de la diplomacia en la construcción de entornos seguros.
Es decir, en el plano del intercambio de ideas sobre temas de la agenda pública, se ha establecido una dinámica tendiente ha la pulverización de la corrección política tanto en los planos nacionales, como en la esfera internacional, terminando por mermar las capacidades que los distintos sistemas políticos, para regenerar y reproducir la escala de valores que Occidente aportó tras la IIGM. Esto es, el olvido de la guerra y sus implicaciones se ha traducido en la disminución de la racionalidad política y consecuentemente en excesos cometidos por el núcleo de poder en un sistema determinado, como podría ser la Nicaragua de Daniel Ortega, o los interminables intercambios de amenazas entre Irán y EEUU.
Esperemos que esos olvidos históricos sobre los que hoy se erigen las bases de un mundo intolerante, superfluo y fanatizado, en el cual algunas voces insisten en asegurar que únicamente hay una Izquierda, que la derecha no tiene contradicciones, y en el que se es muy complaciente con la corrupción y la deshonestidad, confundiéndolas con la astucia y la sagacidad, no termine por definir los fundamentos del mundo que estamos construyendo a partir de la IA.
[1] Carlos Serrano, 80 años de Hiroshima y Nagasaki: cómo fue el “infierno” en el que murieron decenas de miles por las bombas atómicas, BBC News, 6 de agosto de 2025 https://www.bbc.com/mundo/resources/idt-897d70df-056b-413c-ac44-cdacae33bc8c

Raen Sánchez Torres
Politólogo e internacionalista, cuenta con una maestría en Estudios Internacionales por el ITESM y un doctorado en Ciencias Políticas y Sociales por la FCPyS de la UNAM, además de 16 diplomados, seminarios, cursos y talleres especializados en Seguridad Nacional, Seguridad Pública e Inteligencia, impartidos por instancias como la UNAM, ITAM, UDLAP, Policía Nacional Francesa, Real Policía Montada de Canadá, y el Departamento de Justicia de los EEUU.
Profesionalmente se ha desempeñado en el sector público como analista del fenómeno delictivo en el ámbito internacional, el desarrollo de instituciones de seguridad pública, y desde hace más de 10 años como asesor parlamentario tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Como académico, desde 2015 ha sido profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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