Ciudad Juárez conoce demasiado bien el problema de las adicciones. No es un fenómeno nuevo ni pasajero. Durante décadas, esta frontera ha convivido con distintas oleadas de consumo: heroína, cocaína, crack, metanfetaminas y, más recientemente, cristal. Cada una ha dejado su propia estela de familias rotas, empleos perdidos, violencia y desesperanza.
Por eso llamó la atención la posibilidad de que la Patrulla Espiritual pudiera establecerse algún día en la ciudad. Aunque todavía no existen trámites formales para su instalación, el simple hecho de que el tema haya llegado a la discusión pública revela una realidad evidente: Juárez sigue necesitando más espacios de rehabilitación y más alternativas para rescatar personas atrapadas por las drogas.
Lo interesante del caso es quién lo dijo. Carlos Ortiz, representante de la gobernadora del estado en Ciudad Juárez, consideró positiva la eventual llegada de la Patrulla Espiritual y afirmó que sería bienvenida si decidiera instalarse en la frontera. La declaración tiene peso político porque no proviene de un activista ni de un líder religioso, sino de un funcionario que conoce de primera mano la problemática social de la ciudad.
Ortiz reconoció algo que muchos prefieren ignorar: la necesidad supera la capacidad existente. Juárez cuenta con centros de rehabilitación, programas públicos y organizaciones civiles que trabajan en el tema, pero la magnitud del problema sigue siendo enorme. Cuando una autoridad admite que hacen falta más opciones, vale la pena escuchar.
La Patrulla Espiritual se hizo conocida en Tijuana por recorrer calles donde viven personas atrapadas por las adicciones y canalizarlas a centros de rehabilitación vinculados al proyecto “Jireh”. Su labor combina asistencia comunitaria, disciplina, acompañamiento y una orientación cristiana.
Y es precisamente este último elemento el que genera controversia.
Para ciertos sectores, cualquier iniciativa inspirada en la fe provoca sospechas automáticas. Pareciera que el problema no es que alguien ayude a un adicto, sino que lo haga desde una convicción religiosa. Sin embargo, la realidad suele ser más compleja que las ideologías.
Quien ha convivido con una persona adicta sabe que el problema rara vez es solamente químico. Detrás suelen aparecer abandono familiar, violencia, resentimientos, soledad, falta de propósito y pérdida de esperanza. La droga destruye el cuerpo, pero muchas veces se instala primero en una vida ya fracturada.
Por eso la recuperación exige más que medicamentos. La atención médica y psicológica es indispensable, pero muchas personas también necesitan reconstruir vínculos, disciplina, comunidad y sentido de vida. La fe, cuando es auténtica, puede convertirse en una herramienta poderosa para lograrlo.
Claro que eso no significa otorgar cheques en blanco.
Toda organización dedicada a la rehabilitación debe cumplir la ley, respetar los derechos humanos y someterse a supervisión sanitaria. Ningún proyecto, por noble que parezca, puede justificar abusos, humillaciones o privaciones ilegales de libertad. La regulación existe por una razón y debe aplicarse a todos por igual.
La pregunta de fondo no es si la Patrulla Espiritual es cristiana. La pregunta es si ayuda. Si cumple la ley. Si recupera personas. Si fortalece familias. Porque una ciudad como Juárez necesita menos prejuicios y más resultados.
Durante décadas hemos visto el costo humano de las adicciones: hijos perdidos, matrimonios destruidos, familias enteras atrapadas en una espiral de sufrimiento. Frente a una realidad así, cualquier esfuerzo serio por rescatar vidas merece ser evaluado con objetividad y no con etiquetas ideológicas.
Quizá por eso la postura de Carlos Ortiz resulta tan relevante. En lugar de cerrar la puerta por prejuicio, reconoció una necesidad real. Y cuando una familia tiene a un hijo atrapado por las drogas, deja de preguntarse quién tiene la ideología correcta. Empieza a preguntar quién puede ayudar.
Si la Patrulla Espiritual llega a Juárez y demuestra que puede hacerlo dentro de la ley, entonces la ciudad habrá ganado algo que hace mucha falta: una puerta más para quienes buscan regresar a casa. Y eso es, El Meollo del Asunto.

Daniel Valles
Periodista y comentarista de radio y televisión. "El Meollo del Asunto" y "La Familia es Primero" son sus principales herramientas periodísticas que se publican en medios impresos y digitales en diversas geografías de habla hispana.
Ha sido merecedor de diversos reconocimientos como conferencista y premios de periodismo, entre ellos, la prestigiosa Columna de Plata, que otorga la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez.
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