La semana pasada apareció una sorprendente noticia en diferentes medios internacionales. Hablaba sobre la supuesta moda entre los adolescentes chinos de pasear lechugas como si fuesen perros. También citaban el testimonio de un joven que explicaba su actitud como un medio parar superar la soledad, transferir a la lechuga sus emociones negativas e intentar buscar amistad en otros jóvenes que pasean sus hortalizas. Este mismo joven aseguraba además que las lechugas eran mucho mejores que los perros porque no ladran, no se pelean con otras verduras, no hay que darlas de comer y tampoco ensucian la calle.

Otro chico decía tener más interés por las lechugas que hacia sus propios padres porque siente que la hortaliza le comprende mejor. Incluso daban voz a un supuesto psiquiatra chino que justificaba tal moda. Aseguraba que esos jóvenes chinos se sentían asfixiados por las nuevas exigencias sociales y económicas del sistema. Según el experto, la soledad y la depresión les lleva a sentirse como lechugas y eso conduce a una amistad hortícola.

Sin embargo, la noticia fue completamente malinterpretada y sacada de contexto. Las imágenes de los jóvenes con sus lechugas encadenadas pertenecían a una performance del artista chino Han Bing durante las celebración del Primero de Mayo. Desde hace más de una década, Bing ha recorrido su país y medio planeta arrastrando sus hortalizas. Su idea es provocar, a través del absurdo, para denunciar los brutales y negativos cambios de la nueva China hiperconsumista. Según explica en su página web, antiguamente una despensa repleta de lechugas durante el crudo invierno era el símbolo de bienestar y estatus chino. Actualmente, esos valores se han invertido y el nuevo símbolo de poderío social es cenar copiosamente en restaurantes de lujo y desperdiciar mucha comida. El aprecio por la posesión de un simple alimento ya sólo permanece entre los más pobres y descastados.

- Publicidad - HP1

El portal británico Metro, que fue el primero en lanzar la información, está repleto de noticias absurdas y algunas con aspecto de haber sido inventadas con fines humorísticos. Por eso es difícil saber si esta agencia tergiversó intencionalmente la noticia y de qué manera obtuvieron tales informaciones. Quizás los jóvenes de la performance hicieron tales declaraciones como burla asociada al proyecto y los periodistas extranjeros no supieron captar el sarcasmo.

El asunto, que podría quedarse en una graciosa anécdota, esconde una situación muy preocupante. El hecho de que tantísimos medios de todo el planeta se hicieran eco de la noticia publicándola tal cual demuestra dos cosas. Una es la escasa profesionalidad de esos medios, algunos de cierto prestigio, que ni siquiera confirmaron la veracidad de las fuentes ni contrastaron la noticia. De hecho, en algunas páginas son los propios comentarios de los lectores quiénes remitían a los enlaces de Han Bing para demostrar que la noticia era falsa. La otra es que muchos de esos canales se dediquen a copiar literalmente la información de otros medios, transformando el periodismo en un ejercicio de cortar y pegar documentos.

Todos sabemos, o deberíamos saber a estas alturas, que los medios de comunicación no son todo lo veraces que su ética profesional exige. Eso cuando no mienten directamente. Si esto pasa con un hecho anodino, ¿qué no sucederá con las noticias donde entran en juego grandes intereses políticos y económicos?¿Cuánto no será lo que ignoramos sobre la violencia y la corrupción en México? Especialmente ahora que el Gobierno de Peña Nieto pretende ejercer su control sobre la televisión e internet. Y ya no hablemos de otros gravísimos problemas del mundo como la guerra civil en Siria. O la desintegración de Ucrania. Es cierto que internet abrió un abanico de informaciones alternativas pero en su virtud está también su defecto. La mentira, aunque sea sin malas intenciones, también puede propagarse al instante.

Varios días después de conocer la presunta moda de las lechugas algunos medios importantes que habían difundido la noticia, como el Huffintong Post, rehicieron el artículo. Explicaron que las famosas imágenes y entrevistas formaban parte de una acción artística y cuestionaban si aquella tendencia era cierta. Algunos admiten el error pero, ¿cuántos no lo han hecho, no lo hacen y no lo harán jamás? Por eso duden de todo lo que les cuenten. Incluso de esto que acaban de leer. Yo tampoco dispongo de todos los datos y realizo mis opiniones en base a lo que conozco. Es decir, que posiblemente yo también esté equivocado. Lo único cierto es que en la fotografía se ve a unos jóvenes paseando lechugas. A partir de ahí, saque usted sus propias conclusiones.

831d2f246017303978f3f2e34f1b8188?s=150&d=mp&r=g
Carlos Redondo

Diplomado en cine e imagen en Madrid, desde siempre compaginó la escritura con la fotografía. Ha rodado varios cortometrajes de bajo presupuesto y participado en diversas exposiciones colectivas e individuales. También colabora con varios medios locales periodísticos y radiofónicos, tanto españoles como estadounidenses. Habitualmente publica algunos de sus trabajos en el blog www.desfabricadoenchina.blogspot.com.