Todos nos hemos topado con alguna persona nefasta; ya sea en la calle, en el trabajo, tal vez hasta en la familia o en nuestro círculo social. Las personas nefastas están en todos lados, nosotros mismos podemos serlo, no obstante, hay individuos que se caracterizan por hacer el mal sin mirar a quien.
Siempre habrá gente carente de valores y de honor, quienes pretenden a toda costa sobresalir pasando por encima de quien puedan haciendo uso de la mentira, la manipulación, la adulación y la complicidad.
Sucede que las personas ruines y maldosas (personas nefastas) tienden a mostrarse como honestas y leales, pueden ser convenientemente agradables y ofrecerte engañosamente su sincera amistad.
La palabra nefasto significa además de detestable, desgraciado. De ahí que, aunque no lo veamos, el nefasto vive desdichado, infeliz, desafortunado; tiene vacíos emocionales profundos y busca que los demás tampoco sean felices o progresen.
Este ser despreciable hará lo que esté a su alcance por envenenar su entorno, unos más sutiles que otros, pero su finalidad será aprovecharse de los demás buscando llenar esos vacíos de amor y reconocimiento, buscará, pero no encontrará nunca algo que satisfaga su desgraciada condición.
Y no lo encontrará porque ha decidido someterse a la maldad, a los vicios, a la ambición. Tiene ojos y no ve, oídos y no escucha; actúa en base a un odio fanático contra cualquier persona que pueda brillar, que tiene amor en su vida o progresa en el trabajo.
En todos lados y en todos los ámbitos existe este tipo de gente y en muchas ocasiones se unen con el fin de obtener dinero y poder, aún y cuando es común que terminen despedazándose entre ellos tarde o temprano.
Las malas actitudes, las conspiraciones, la difamación, el acoso, los bloqueos, las trampas y las amenazas son herramientas de estas personas. Ante esto existe un escudo formidable: La integridad personal.
La rectitud, la templanza, el dominio propio y la fortaleza de carácter son virtudes que fructifican y que nadie puede quitar aún y cuando se pretendan manchar reputaciones a través de la ponzoña del rumor o del abuso del poder.
A veces se perderán batallas ante estas gentes por cuestiones del contexto y de la coyuntura, más serán derrotas temporales. La victoria interior define nuestro éxito exterior.
Tampoco es que debamos ir a guerras irracionales, nunca hagamos caso de las provocaciones de los idiotas, de los inestables ni de los locos, aún y cuando tenemos un legítimo derecho a defendernos.
Pues bien, caminar en la Justicia nos traerá de vez en cuando diferencias que debemos enfrentar con gente nefasta que pudiera aprovecharse de su posición para golpear, obligar o quitarnos de en medio en función de intereses materiales o hasta de maldad fanática declarada u oculta.
En nosotros está el darle la vuelta a este tipo de personas, personalmente creo que el cómo nos lo da siempre la inteligencia infinita a la que pertenecemos, más nunca debemos someternos ni ser serviles. No te dejes y, sobre todo, no seas un nefasto más.
“Me invocará él, y yo le responderé; estaré con él en la tribulación, le libertaré y le glorificaré.”
(Salmos 91:15)

Moisés Hernández Félix
Lic. en Administración Pública y Ciencia Política, candidato a Maestro en Administración en curso. Ha sido funcionario público federal y docente en nivel media básica y medio superior. Se especializa en gobernanza educativa y políticas públicas.
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