Hay una diferencia muy clara entre hacer oposición y hacer política del desgaste.
La primera cuestiona, señala errores, exige resultados y presenta alternativas. La segunda apuesta por convencer a la ciudadanía de que absolutamente todo está mal.
Esta semana, el PAN en Chihuahua lanzó una campaña con el mensaje: “IMSS y nada es lo mismo”. La intención era clara: evidenciar las deficiencias del sistema de salud federal.
Y sí, sería absurdo negar que el IMSS enfrenta problemas importantes. Los millones de derechohabientes que esperan una cita médica durante meses, una cirugía que se pospone o un medicamento que no llega, saben perfectamente que existen áreas que deben mejorar.
Pero una cosa es reconocer esas fallas y exigir que se corrijan. Otra muy distinta es reducir una institución que atiende diariamente a millones de mexicanos a un eslogan publicitario. Porque el IMSS no es únicamente un edificio o un logotipo. También son miles de médicos, enfermeras, camilleros, especialistas y trabajadores que todos los días hacen su mejor esfuerzo para sacar adelante un sistema complejo, con carencias históricas y una enorme demanda de servicios.
La salud merece una discusión seria y ese es el problema de fondo. En los últimos años hemos visto cómo gran parte de la política ha dejado de competir por quién tiene las mejores propuestas y ha comenzado a competir por quién logra el ataque más efectivo.
Parece que la estrategia consiste en repetir una y otra vez que todo está mal.
Que nada sirve.
Que todo es un fracaso.
Pero después de la crítica viene una pregunta inevitable: ¿qué proponen?
Hacer oposición no significa únicamente señalar errores. Significa demostrar que existe una mejor manera de hacer las cosas.
En Chihuahua, el PAN tiene además una responsabilidad adicional. No sólo es oposición a nivel federal; también encabeza el gobierno estatal y ha impulsado un modelo propio de atención médica. Si el debate es sobre la calidad de los servicios de salud, entonces la exigencia debe ser la misma para todos. Porque la congruencia consiste en señalar las fallas del otro, pero también en reconocer y corregir las propias. Ahí es donde realmente se distingue un proyecto de gobierno de una estrategia de campaña.
La ciudadanía ya sabe identificar los problemas. Los vive todos los días. Lo que espera de quienes aspiran a gobernar es algo mucho más valioso: soluciones.
¿Cómo fortalecerían el sistema de salud?
¿Qué modelo plantean?
¿Cómo reducirían los tiempos de espera?
¿De dónde obtendrían los recursos?
Esas son las respuestas que elevan el debate público, lo demás son campañas que duran unas semanas y terminan desapareciendo cuando llega la siguiente polémica.
La crítica siempre será necesaria en una democracia. Una oposición que no cuestiona tampoco cumple con su función.Pero una oposición que únicamente critica y nunca construye termina agotando su propio discurso porque llega un momento en que la ciudadanía deja de preguntarse quién tiene la culpa y empieza a preguntarse quién tiene las respuestas.
Y esa diferencia puede definir una elección. La ciudadanía ya no buscamosúnicamente partidos que denuncien problemas. Buscan liderazgos capaces de resolverlos.
En Chihuahua necesitamos una oposición fuerte, responsable y vigilante. Pero también una oposición que inspire confianza a través de las ideas, no únicamente del contraste.
La política del “todo está mal” puede generar titulares, pero lo que genera confianza son las propuestas y esa tarde o temprano, siempre será la diferencia entre hacer oposición y construir una verdadera alternativa de gobierno.

Karina Villegas
Activista social, licenciada en Administración de Empresas por el ITCJ y emprendedora con enfoque humano. Cree firmemente en que la participación ciudadana transforma realidades. Desde cada espacio que ocupa, impulsa causas que fortalecen la voz colectiva y la construcción de comunidad con visión solidaria y acción constante.
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