La frontera que todos queremos

Además de 3,000 kilómetros de frontera, la relación entre México y Estados Unidos se caracteriza por el hecho de que, derivado del fenómeno migratorio, 45 millones de mexicanos viven en los Estados Unidos. El “Otro México. Del que nos acordamos por sus remesas que este año ascenderán a U.S.$50,000 mdd.

Estados Unidos es el mayor socio comercial de México, y México, seguido de Canadá es el segundo socio comercial de los Estados Unidos. Mantenemos una intensa relación que comprende un intercambio comercial abierto, múltiples vínculos entre instituciones y organizaciones de la sociedad civil y estrechos lazos caracterizados por familias con miembros de doble nacionalidad y residencia en ambos países.

Nuestro país como parte del bloque comercial de América del Norte, juega un papel trascendental, que fortalece y complementa una de las más poderosas regiones económicas en el mundo. Es un esquema dinámico, complejo y multidimensional,

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Históricamente la relación bilateral ha sido desigual y complicada, caracterizada por procesos culturales distintos, con desarrollos dispares en lo político, social y económico, que se refleja como en ningún otro lado en las comunidades fronterizas. Sin duda es el fenómeno migratorio el de mayor relevancia en el entramado bilateral actual.

La migración mexicana es económica. La origina nuestro rezago en la generación de suficientes empleos, bien remunerados, que ofrezcan a los mexicanos las condiciones para una vida digna en nuestras ciudades y el campo. El ingreso per cápita en México es la quinta parte del estadounidense.

Nuestra migración es económica. No se emigra por gusto sino por necesidad. La oferta creciente y continuada de trabajo en el vecino del norte en los sectores primarios, de servicios y construcción genera anualmente hasta 4 millones de empleos urbanos en las ciudades estadounidenses, lo que nos ha convertido por mucho en la primera minoría en ese país.

A pesar de lo anterior, la migración mexicana hacia Estados Unidos ha descendido en los últimos años. De acuerdo con un estudio del Instituto de Política Migratoria, el número de inmigrantes mexicanos disminuyó 7% entre 2010 y 2020, como resultado del endurecimiento de las leyes de inmigración estadounidenses. Como ejemplo están la Ley SB4 en Texas, los 2.8 millones de deportaciones durante los 8 años de gobierno de Barack Obama (el “Gran Deportador”) y la política antiinmigrante de Donald Trump, como el programa “Remain in Mexico” y el Título 42, que provocó solo en el 2021, 1.7 millones de deportados y aunque combatidos ambos programas por el presidente Biden, sus efectos aún no se han revertido exitosamente. Desde 2013 dejamos de ser el primer país de origen de los inmigrantes en Estados Unidos superados por China y la India, disminuyendo la presencia de mexicanos en forma gradual.

En México como en ninguna otra región del territorio nacional, las ciudades de la frontera norte cuentan con grandes e inmejorables condiciones para ofrecer mejores niveles de vida a su población. Precisamos de un modelo económico equilibrado que aproveche nuestras vocaciones ya desarrolladas en las últimas décadas como resultado de nuestra interacción económica en el bloque de América del Norte. Formular una política nacional de desarrollo industrial, hasta hoy ausente, que identifique áreas de alto potencial de desarrollo, a diferencia de sólo tener una política de atracción de inversión extranjera industrial, que únicamente ha buscado mano de obra barata y precarizado sin control las condiciones de vida de los obreros. Invertir en la infraestructura urbana de las ciudades fronterizas. México también es el norte.

En la frontera existe un intangible muy valioso y poco aprovechado. Una cultura de sacrificio, trabajo y esfuerzo de gente que regularmente ya se aventuró a iniciar un éxodo para superarse y que circunstancialmente terminó residiendo en esta zona del país. Debe el gobierno realmente incentivar e invertir en la formación de capital humano que es nuestra gran fortaleza. Acompañar el ofrecimiento y generación de empleo con hacer realmente efectivas las disposiciones laborales relativas a las mejoras en las condiciones de vida y el bienestar de los trabajadores y sus familias.

La frontera que todos queremos requiere de un liderazgo nacional capaz de escuchar, de dialogar y de construir consensos. De edificar un centro productor dónde con el trabajo, se desarrollen personas humanas y comunidades solidarias.

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Rafael Espino
Senador de la República

De Chihuahua. Abogado fiscalista. Consejero Independiente de Petróleos Mexicanos. Senador de la República por Morena.