¿Qué cuesta más: prevenir o reparar?
Hace unos días escribí Cuando llueve. Sostuve que Ciudad Juárez no tiene un problema porque llueva. El problema es que durante décadas ha crecido más rápido que su infraestructura pluvial.
El agua pasó. Ahora llegó la factura.
Nada más que hay un pequeño detalle: nadie sabe cuánto suma.
Dos semanas después de las últimas tormentas, el Municipio todavía no tenía un inventario de las calles que requieren reparación profunda ni sabía cuánto dinero extraordinario necesitará para dejarlas nuevamente transitables.
No es reproche. Es un dato.
Y el dato conduce a una pregunta bastante sencilla: ¿qué cuesta más, prevenir o reparar?
En 2020, el Gobierno del Estado anunció 618.8 millones de pesos para diez paquetes de infraestructura destinada a controlar inundaciones en Ciudad Juárez. Cinco correspondían a drenaje pluvial y otros cinco a diques o presas.
Mucho dinero.
Este año el Municipio destinó otros 25 millones para construir 56 pozos de absorción en 33 puntos de la ciudad.
También cuesta.
El problema es que reparar tampoco sale gratis.
Buscando solamente cantidades que las propias autoridades relacionaron expresamente con daños ocasionados por lluvias, encontré un mínimo de 88.6 millones de pesos entre 2022 y 2026.
En 2022 fueron 22.6 millones para rehabilitar vialidades dañadas por las lluvias. En 2025 se autorizaron 40 millones para apoyar a damnificados; ese mismo año J+ calculó más de seis millones para reparar unos 35 socavones después de las precipitaciones. Y ahora, en 2026, hay otros 20 millones disponibles para intervenir vialidades después de las tormentas.
Sume usted.
Son 88.6 millones.
Pero no se vaya con la finta. Esa no es la factura.
Es apenas lo que pudimos encontrar claramente etiquetado.
Faltan maquinaria, combustible, horas-hombre, Protección Civil, Bomberos, Seguridad Vial, Servicios Públicos, retiro de lodo y basura, colectores dañados, tuberías, viviendas, automóviles, comercios afectados y las horas que miles de juarenses pierden tratando de cruzar una ciudad convertida por momentos en archipiélago.
¿Cuánto cuesta todo eso?
No sabemos.
Y ahí está precisamente el problema.
Tenemos presupuestos para construir. Tenemos presupuestos para reparar. Tenemos una dependencia que paga una cosa, otra que paga otra y un orden de gobierno que termina pagando lo que el otro no alcanzó.
Cada uno lleva su cuenta. Pero nadie parece llevar la cuenta de todos.
No podemos afirmar, porque los números no lo demuestran, que Juárez gaste más reparando que previniendo. Decirlo sería acomodar los datos para que digan lo que queremos escuchar. Y para eso ya tenemos suficiente política.
Lo que sí podemos preguntar es algo mucho más elemental: ¿cuánto nos cuesta cada temporada de lluvias?
Porque una cosa es el precio de construir un dique, un vaso de captación, un colector o un pozo de absorción. Ese costo aparece en un presupuesto, se licita y se paga.
Otra cosa es la factura de no tenerlo.
Esa llega en abonos.
Un socavón por aquí. Una calle destruida por allá. Veinte millones para bacheo. Unos millones para damnificados. Maquinaria trabajando. Una familia que pierde sus muebles. Un automóvil que se queda dentro del agua.
De poquito en poquito se llena el jarrito.
Y cuando vuelve a llover, volvemos a empezar.
En 2020, cuando se anunciaron aquellos 618.8 millones para infraestructura pluvial, el entonces gobernador Javier Corral utilizó una expresión bastante acertada: habló de “estas obras que no se ven”.
Tenía razón.
Un colector enterrado no luce. Un vaso de captación vacío tampoco impresiona mucho. Un pozo de absorción difícilmente sirve para cortar un listón cada temporada.
Pero cuando esas obras faltan, vaya que se notan.
En Cuando llueve propuse actualizar el diagnóstico pluvial y convertirlo en un programa multianual que sobreviva alcaldes, gobernadores y partidos. Mantengo la propuesta, pero agregaría una cosa.
Hay que llevar la cuenta.
Después de cada temporada de lluvias deberían sumarse los daños y hacerse pública una sola cifra: cuánto gastaron Municipio, Estado, Federación y J+ en reparar; cuánto costaron las emergencias y cuánto se destinó a los damnificados.
No para buscar culpables. Para tomar decisiones.
Porque si durante años vamos a discutir que construir infraestructura pluvial cuesta demasiado, por lo menos deberíamos conocer la otra mitad de la ecuación.
¿Cuánto cuesta no construirla?
A lo mejor descubrimos que lo barato sale caro.
O quizá no.
Pero hagamos las cuentas.
No sabemos cuánto costaría evitar que Ciudad Juárez vuelva a inundarse.
Eso puede entenderse.
Lo que cuesta más trabajo entender es que tampoco sepamos cuánto nos cuesta que se inunde.
Esa es la factura que alguien debería comenzar a sumar. Para ver cómo es, El Meollo del Asunto.

Daniel Valles
Periodista y comentarista de radio y televisión. "El Meollo del Asunto" y "La Familia es Primero" son sus principales herramientas periodísticas que se publican en medios impresos y digitales en diversas geografías de habla hispana.
Ha sido merecedor de diversos reconocimientos como conferencista y premios de periodismo, entre ellos, la prestigiosa Columna de Plata, que otorga la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez.
Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.


