El proyecto como prioridad

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Hay una diferencia enorme entre querer llegar al poder y tener claro para qué se quiere llegar. En política, esa diferencia suele ponerse a prueba cuando aparecen las decisiones importantes, cuando las aspiraciones personales encuentran sus límites y cuando toca recordar que ningún proyecto colectivo puede depender de la satisfacción de todos sus integrantes.

Las recientes definiciones de Morena en Chihuahua han despertado sentimientos encontrados. Para algunos, la noticia llegó acompañada de alegría y celebración; para otros, seguramente hizo falta un buen antiácido. Y es que la política también tiene sus momentos difíciles de digerir, especialmente cuando existen expectativas, esfuerzos y aspiraciones legítimas.

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Pero quizá este sea el momento oportuno para recordar algo que está por encima de cualquier nombre: el proyecto de nación.

El nombramiento de Cruz Pérez Cuéllar como coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, el pasado 28 de septiembre, y la posterior designación de Andrea Chávez como coordinadora municipal en Ciudad Juárez, el 5 de octubre, representan una nueva etapa en la organización de Morena rumbo a 2027.

Son dos liderazgos con responsabilidades distintas, pero vinculados por una misma causa. Y esa coincidencia puede ser mucho más significativa que cualquier diferencia de preferencias personales.

Morena no nació alrededor de una candidatura. Su origen está relacionado con un movimiento social y político que cuestionó la desigualdad, la concentración de privilegios y una forma de gobernar que, desde su perspectiva, había colocado los intereses particulares por encima del bienestar colectivo.

Su propuesta fue construir un país donde el desarrollo no se midiera únicamente por el crecimiento económico, sino también por las condiciones de vida de las personas. Un país donde la educación, la salud y la vivienda fueran entendidas como derechos, no como privilegios reservados para quienes pueden pagarlos.

Ese planteamiento ha tomado forma en políticas públicas concretas.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha planteado la construcción del llamado segundo piso de la Cuarta Transformación. Su Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 contempla una economía orientada al bienestar, justicia social, participación ciudadana y desarrollo sustentable.

No se trata únicamente de administrar programas sociales. La propuesta establece una visión en la que el crecimiento económico debe acompañarse de mejores salarios, oportunidades y una distribución más equitativa de sus beneficios.

Existe otro avance que merece reconocimiento: la reforma constitucional de 2024 en materia de derechos de los pueblos indígenas y afromexicanos.

Durante generaciones, estas comunidades enfrentaron obstáculos para conseguir el reconocimiento pleno de sus derechos colectivos. La reforma al artículo segundo constitucional reconoció a los pueblos y comunidades afromexicanas como sujetos de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio.

Ese reconocimiento tiene una dimensión que trasciende cualquier periodo electoral. Representa una base legal para exigir políticas públicas, preservar identidades culturales y fortalecer la participación de comunidades históricamente excluidas.

El Plan Nacional de Desarrollo también incorpora los derechos de los pueblos indígenas y afromexicanos como uno de sus ejes transversales. Su cumplimiento requerirá trabajo constante, pero la existencia de estos compromisos demuestra que el proyecto nacional abarca causas que no pueden quedar subordinadas a los intereses de una sola persona.

La precisión es fundamental. Aspirar a una responsabilidad pública no es algo negativo. La participación política necesita liderazgos preparados, personas con iniciativa y ciudadanos dispuestos a asumir compromisos.

La diferencia está en comprender que una aspiración es parte de un camino, no necesariamente el destino de todo un movimiento.

Cuando una causa colectiva tiene objetivos definidos, las responsabilidades pueden cambiar de manos sin que desaparezca el compromiso con sus principios.

En Chihuahua, las nuevas coordinaciones abren precisamente esa posibilidad: aprovechar las capacidades de distintos liderazgos para fortalecer un mismo proyecto, desde sus respectivas responsabilidades.

El estado tiene retos que demandan atención. La seguridad, el acceso al agua, las condiciones laborales y las necesidades de las comunidades fronterizas requieren propuestas capaces de traducirse en políticas públicas. La organización política cobra sentido cuando contribuye a atender esas realidades.

La unidad, vista desde esta perspectiva, no consiste en pensar exactamente igual ni en compartir todas las preferencias. Consiste en reconocer que existen propósitos suficientemente grandes como para trabajar por ellos desde posiciones diferentes.

No todos pueden ocupar el mismo espacio, pero todos pueden aportar a una misma causa.

Eso también implica reconocer el valor de quienes han dedicado años a recorrer colonias, escuchar a la ciudadanía, organizar comunidades y defender las ideas del movimiento. Su participación conserva sentido independientemente de quién encabece una coordinación.

La historia política suele recordar a quienes ocuparon los cargos más visibles, pero los proyectos colectivos también se construyen gracias al trabajo de personas cuyos nombres rara vez aparecen en una boleta electoral.

Tal vez una de las mayores enseñanzas de este momento sea comprender que la lealtad a un proyecto no se demuestra únicamente cuando las decisiones coinciden con los deseos personales. También se refleja en la capacidad de reconocer el trabajo de otros y continuar defendiendo las convicciones que dieron origen a una causa.

Los liderazgos pasan, las responsabilidades cambian y los periodos de gobierno terminan. Las necesidades de la población permanecen.

Por eso, la verdadera dimensión de las definiciones políticas no estará solamente en los nombres anunciados, sino en aquello que se logre construir a partir de ellas.

Morena tiene en Chihuahua una oportunidad para demostrar que la diversidad de sus liderazgos puede convertirse en una fortaleza compartida. Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez tienen ahora responsabilidades que pueden complementarse bajo los principios del movimiento y el proyecto de nación que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

ADN Angeles Gomez
Ángeles Gómez

Fundadora en 2014 de Ángeles Voluntarios Jrz A.C. dedicada al desarrollo de habilidades para la vida en la niñez y juventud del sur oriente de la ciudad. Impulsora del Movimiento Afromexicano, promoviendo la visibilización y sensibilización sobre la historia y los derechos de las personas afrodescendientes en Juárez.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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