Para comenzar me gustaría hacer las siguientes aclaraciones: no debe confundirse la fundación del actual Estado de Chihuahua con la fundación de la villa de Chihuahua, ni esta con la fundación del Real de Minas de San Francisco de Cuéllar.

Vayamos por orden cronológico: Don Francisco de Ibarra fundó el Reino de la Nueva Vizcaya en 1563, teniendo a la ciudad de Durango como capital. Luego, Don Antonio Deza y Ulloa fundó el Real de Minas el 12 de octubre de 1709. Nueve años después, el 1 de octubre de 1718, se fundó la villa de San Felipe Real de Chihuahua.

Con la supresión de señoríos Nueva Vizcaya dejó de ser un reino y pasó a ser Provincia. Para finales del año de 1823 y principios de 1824, la villa de San Felipe Real de Chihuahua goza de mucha fuerza política y rivaliza con la capital provincial que era la ciudad de Durango. En 1824 con la primera república mexicana, la villa de Chihuahua y la ciudad de Durango se separan y cada una forma su provincia, los nombres provinciales surgen por la capital respectiva. Villa de Chihuahua, provincia de Chihuahua, ciudad de Durango, Provincia de Durango. Después con el federalismo pasaron de ser provincias a Estados como les llamamos hoy.

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Exactamente hace 300 años, el 1 de octubre de 1718, Don Antonio Deza y Ulloa gobernador y capitán general del ahora extinto reino de la Nueva Vizcaya. Le cambió de nombre al poblado del Real de Minas de San Francisco de Cuéllar, por San Felipe Real de Chihuahua elevándolo a villa. Nueve años antes, Don Antonio Deza y Ulloa originario del actual Estado de Puebla, fue enviado por el virrey Don Francisco Fernández de la Cueva, X Duque de Alburquerque, VIII Marqués de Cuéllar y Grande de España; quien se caracterizó por ser un hábil diplomático en la palabra y el papel, amante del tiempo y el buen gusto combinando con una casta militar. Pues llevó un estricto orden de cada asunto de la Nueva España en su escritorio, hasta el rígido control del Real de Minas más lejano.

Estatua de Don Antonio Deza y Ulloa ubicada en la plaza de armas del municipio de Chihuahua

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Fuente: Fotografía tomada por Abryl Govea-Palacios

Ahí es donde entra nuestro personaje, Deza y Ulloa desempeñó los cargos de contador-juez oficial de la Real Hacienda y capitán de caballos y corazas. Es decir, que fue un hombre instruido en la administración pública y en los números. Además, por su cargo militar perteneció al cuerpo de élite de caballería. Por ello fue el candidato idóneo para fundar un Real de Minas y administrar la mina de Santa Eulalia. Sin mencionar que era caballero de la prestigiosa Orden de Santiago. El virrey convencido del buen historial de Deza y Ulloa, le designa gobernador y capitán general del reino de la Nueva Vizcaya.

Enseguida emprendió su viaje hacia el norte, pero al llegar a Santa Eulalia se encontró con que el terreno era muy escabroso, por lo que decidió dejar lo necesario para la extracción del mineral; sin embargo, decidió establecer el Real de Minas más al norte, cerca del río Chuvíscar. El 12 de octubre de 1709 queda fundado el Real de Minas de San Francisco de Cuéllar, en honor al virrey. La buena administración pública, económica y militar de Deza y Ulloa, permitió que el Real de Minas prosperará en nueve años. Por lo que se elevó a villa, pero con el nombre de San Felipe Real de Chihuahua. Esta vez en honor al rey Felipe V de España y erigiendo la primera parroquia del actual Estado de Chihuahua. Don Antonio Deza y Ulloa murió el 20 de septiembre de 1728.

Fragmento que muestra la fundación de la villa de San Felipe Real de Chihuahua, actual capital del Estado.

Fuente: Fotografía tomada del Palacio de Gobierno del Estado en el municipio de Chihuahua, por Abryl Govea-Palacios.

Pienso que vale la pena repensar los nombres a propósito de que ya viene el día de la raza, y la invención de las Américas. El actual nombre del Estado viene del viejo nombre neovizcaíno San Felipe Real de Chihuahua y éste del antiguo nombre del Real de Minas de San Francisco de Cuéllar. Enfoquémonos en el segundo nombre, tiene tres connotaciones que hacen alusión a una identidad propiamente criolla, es decir criado y nacido en América. San Felipe antes que, al rey, nos indica la presencia del cristianismo en aquella sociedad; sin embargo, la Iglesia romana como institución caminó junto con los primeros exploradores, se asentó con los indígenas y fue piedra angular en la fundación de las primeras villas y ciudades criollas. También nos ha acompañado desde la enseñanza de oficios rudimentarios hasta las más prometedoras tesis filosóficas y las ostentosas esculturas barrocas.

Después la palabra Real que lleva en su campo semántico a la institución monárquica, el siglo de oro español y el Renacimiento Hispanoamericano; fusión de conocimiento, arte y ciencia. Un patriotismo hispano que se mostraba en las instituciones y que confirmaban a América como parte de España, no como propiedad. Pese a un mar de distancia de Madrid, había un espíritu de pertenencia.

Finalmente, Chihuahua, palabra de origen indígena que le dio identidad a aquella villa que fue punto de abastecimiento para los aventureros, comerciantes, misioneros, soldados y exploradores; que tenían como paso obligado ir en dirección a la rivera del Bravo, para llegar al septentrión Iberoamericano. Chihuahua, nombre que fue partícipe en la fundación de México y socorro del primer gobierno independiente. San Felipe Real de Chihuahua fue un nombre que ejemplificó el mestizaje en América, fue la imposición de una historia de conquistadores, pero a su vez, historia de conquistados que no se despojaron de la suya.

El nombrar es abogar de la ausencia y llamar a la presencia, sin embargo, este viejo nombre criollo y neovizcaíno llamó de la ausencia la visión indígena y a la presencia un mestizaje. El cual fue desechado a más de un siglo después, por los primeros mexicanos durante la primera república. Con la idea de sobre poner otra identidad en la ya hecha. Uno de los medios fue quitar los viejos nombres y crear nuevos. Tal vez sería buena idea recordar el por qué de los antiguos nombres de nuestras villas, ciudades y Estados para recordar qué podemos olvidar y que no hay presente vivo con una historia muerta.

Marduk Silva
Marduk Silva
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Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Profesor en Preparatoria Lobos de la Universidad de Durango Campus Juárez y en la Escuela Preparatoria Luis Urias.


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