Ice Bucket Challenge, o el reto de las camisetas mojadas

El Ice Bucket Challenge ha llegado a instalarse entre las modas “feisbuqueras” más absurdas de todos los tiempos. Con la intención de promover la investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y su posible cura, el fenómeno satisface el morbo de millones de cibernautas ofreciéndonos palco en un acto de ridiculización banal con el gran agregado de demostrar de alguna forma que somos buenas personas.

El ELA es una enfermedad de tipo neuromuscular y se origina cuando células del sistema nervioso disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, provocando una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal; la sensación de no poderse mover, se asegura, sólo se puede comparar un poco con la de galones de agua congelada cayendo sobre nuestro cuerpo, paralizando nuestros músculos por el cambio de temperatura.

Fue así como nació el Ice Bucket Challenge, o el Reto de la Cubeta de Hielo, creado por Corey Griffin, de 27 años, quien lamentablemente se ahogó hace un par de semanas, cuando se encontraba nadando en Nantucket Island, un lago que está ubicado en Massachusetts, Estados Unidos. Griffin impulsó esta campaña luego de que su amigo Pete Frates, un exjugador de béisbol, sufriera la enfermedad. Hasta el momento se han recaudado alrededor de 40 millones de dólares a una asociación americana que busca una cura contra el padecimiento y que se ha comprometido en repartir las ganancias entre otras asociaciones a nivel mundial.

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Este reto inició como una excusa para ser caritativos y se movió principalmente entre personalidades con fama internacional, entre las que se incluyen otros deportistas, cantantes, actores, políticos, modelos y empresarios millonarios. ¿Quién no disfrutaría viendo a Bill Gates, medio humillado, empapándose con una cubeta de agua helada? ¿Quién se resistiría a la tentación de ver los esculturales cuerpos de mujeres hermosas, que no sólo se decidieron a cumplir el reto, sino además, lo hicieron en bikini, satisfaciendo con sus figuras mojadas la sed de generosidad de todo cibernauta?

Es por eso que no pasó mucho tiempo antes de que cualquiera, sin importar su escasa o nula fama, carisma y fortuna, se grabara dejando caer una cubeta de agua sobre sí mismo y retara a las personas que se encontraban a su alrededor; en la mayoría de las veces, sin donar un solo centavo y sin haberse tomado la molestia de, por lo menos, entender lo que significa padecer ELA.

Lo cierto es que todo acto de filantropía, al hacerse público de manera intencional, pierde un poco de nobleza y tiende hacia el narcisismo; 10 o 100 dólares para encontrar una cura contra el ELA, como una cuota a cambio de un poco de reconocimiento. Eso sin mencionar que muchos de los famosos, y no famosos, que han participado en alguno de los 1.2 millones de videos que se estima circulan en la red, no han demostrado haber donado a la causa de la misma forma que se exhibieron mojándose.

Pero ¿Qué con eso?, el reto es fácil, desperdiciar agua es muy sencillo, lo hacemos todos los días, The Washington Post afirma que si un balde tiene una capacidad promedio de 4 galones, hasta ahora se han gastado más de 18 millones de litros de agua, suficiente para dar de beber a 27 mil 436 personas en un año. ¿Qué tiene eso de temerario y audaz, para que las señoritas griten extasiadas en el inicio de cada videoclip?

Los que ya hicieron el reto argumentan que si la gente no desperdiciara agua en el Ice Bucket Challenge, habría de cualquier forma niños muriendo de sed en varias partes del mundo; sin embargo ¿No sería un giro divertido que el reto fuera que dejaran de bañarse y beber agua para luego circular fotos suyas, tomadas por el National Geographic luciendo sucios y deshidratados? Quizá, así comprenderían porqué el argumento de los ambientalistas es tan sólido.

También se defienden diciendo que de cualquier forma es una buena causa, y que de nada sirve andar quejándose de todo sin darle por lo menos una solución a la cosas. Y que tal parece que a los “activistas de escritorio” les molesta que las personas sean felices. Pero no se necesita vaciarse una cubeta de agua encima para apoyar a personas que lo necesitan. Al altruismo legítimo rara vez le han importado las tendencias sociales o el reconocimiento público.

De cualquier forma, han pasado por lo menos cuatro años desde la última vez que tuve diez dólares en mi cartera. Si ahora los tuviera, seguramente abonaría para liquidar mis deudas, o compraría cerveza, o cigarros, o comida, o más cerveza. Pero si tuviera diez dólares y la intención de donar a la caridad, es decir, la intención sincera de apoyar a una causa que lo mereciera ¿cómo me vería contándoselo a todo el mundo?

Es reprochable e irritante que las personas se aprovechen de problemas como son el de la ELA o como lo sería cualquier otra enfermedad mortal, para adornarse y adquirir popularidad, poniéndole precio a la buena voluntad, como si fuera algo que pudieran ponerse para ganar varios likes.

Este fenómeno está como para cuestionar la degradación de la sociedad virtual, que observa todo desde una perspectiva superflua y se deja llevar fácilmente por cuanta moda llega; tal vez es el momento redefinir el altruismo y la filantropía, no sólo basándose en el Ice Bucket Challenge, sino también en la ridícula cantidad de posts que aparecen todos los días en las redes sociales, que sirven exactamente para lo mismo que sirve circular a gente mojándose en público: Satisfacer el morbo y entretenerse.


Karen Cano también ha defendido heróicamente a Burritoland y a la comunidad gay. También ha comentado los motivos por los cuales los hombres son rechazados.


 

Originalmente publicado en MéxicoKafkiano.com el 28 de Agosto de 2014
Karen Cano
Karen Cano

Escritora, feminista y periodista de Ciudad Juárez, sobreviviente de la guerra contra el narco, egresada de la Universidad Autónoma de Chihuahua, reportera desde el 2009; ha trabajado para distintos medios de comunicación y su trabajo literario ha sido publicado en Ecuador, en Perú y en distintas partes de México.