El fuera de lugar de nuestra educación

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México enfrenta retos climáticos y de infraestructura cada vez más complejos. Las altas temperaturas que golpean distintas regiones del país obligan a replantear cómo funcionan nuestros espacios públicos, especialmente las escuelas. Sin embargo, la reciente discusión impulsada desde la Secretaría de Educación Pública sobre ampliar el periodo vacacional —argumentando el calor extremo e incluso el contexto del Mundial de Futbol de 2026— abrió una preocupación legítima sobre el rumbo de nuestras prioridades nacionales.

Más allá de si la propuesta prospera o no, el debate deja algo claro: seguimos reaccionando a las crisis desde la improvisación y no desde la planeación. Y cuando se trata de educación, improvisar tiene consecuencias profundas.

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Después de años de rezago educativo agravado por la pandemia y las desigualdades sociales, pensar en suspender durante meses la educación presencial no puede verse como una medida menor. El calor es un problema real, pero cerrar escuelas en vez de invertir en infraestructura, climatización y condiciones dignas para estudiantes y docentes es atender el síntoma ignorando la enfermedad. La discusión nunca debió centrarse en cómo vaciar las aulas, sino en cómo hacerlas seguras y funcionales.

Preocupa también la ligereza institucional con la que se manejó el tema. Un país no puede construir certeza educativa a partir de declaraciones contradictorias o proyectos ambiguos que cambian en cuestión de horas. La educación pública exige rigor técnico, coordinación y claridad. No puede administrarse como una ocurrencia sujeta al ánimo político del día.

Pero quizá el punto más ignorado es el impacto social y familiar que una medida así tendría. En México, la escuela no solo educa: también sostiene buena parte de la organización cotidiana de millones de hogares. Extender drásticamente el tiempo en casa trasladaría una carga enorme a las familias trabajadoras, especialmente a las mujeres. En un país donde el sistema nacional de cuidados sigue siendo insuficiente, serían las madres, las abuelas o las hermanas mayores quienes absorberían nuevamente el costo de la falta de planeación estatal.

La educación no puede quedar subordinada al calendario de un evento deportivo ni a soluciones rápidas que solo maquillan problemas estructurales. Gobernar implica entender que cada decisión pública impacta directamente la vida cotidiana de millones de personas.

Como advirtió Gabriela Mistral: “El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde”. Y justamente por eso, el verdadero partido que México debería estar jugando no se disputa en un estadio, sino dentro de las aulas.

ADN Georgina Bujanda
Georgina Bujanda

Licenciada en Derecho por la UACH y Maestra en Políticas Públicas, especialista en seguridad pública con experiencia en cargos legislativos y administrativos clave a nivel estatal y federal. Catedrática universitaria y experta en profesionalización policial.


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