Ciudad Juárez no tiene un problema porque llueva. Tiene un problema porque durante décadas ha crecido más rápido que su infraestructura pluvial. Cada tormenta solamente levanta la alfombra y nos enseña lo que durante el resto del año preferimos no mirar: calles inundadas, colectores saturados, socavones, basura, viviendas dañadas y las mismas lagunas de siempre.
Lo sé también por experiencia propia. Durante los casi cuatro años que fui jefe de Comunicación Social de la J+, una de las principales campañas que dirigí fue precisamente contra la basura que termina dentro del drenaje. Colchones, llantas, ropa, botellas, bolsas, muebles y toda clase de porquerías aparecen dentro de colectores construidos para transportar aguas residuales, no el basurero doméstico de media ciudad.
Agréguense aceites, grasas y mantecas vertidos clandestinamente por particulares y algunos negocios. Se adhieren, acumulan desperdicios y reducen la capacidad de conducción. Después llega la lluvia, el colector se satura, brotan aguas negras y preguntamos indignados: ¿qué está haciendo la Junta?
La pregunta es válida. Pero incompleta.
La última semana volvió a exhibir el problema. Protección Civil reportó alrededor de 63 milímetros de lluvia en menos de 48 horas y para finales de septiembre el acumulado mensual rondaba los 130 milímetros. Hubo cientos de viviendas afectadas, decenas de vehículos auxiliados y la J+ recibió más de 200 reportes relacionados con drenaje, brotes, tapas desplazadas y hundimientos.
Águilas de Zaragoza ofrece quizá la fotografía más dramática. La corriente destruyó más de cien metros de una calle, abrió una zanja de varios metros de profundidad, dañó infraestructura hidráulica y obligó a evacuar a dos familias. No fue un charquito. Fue el agua recordándonos quién manda cuando se ignora por dónde quiere pasar.
Pero hay otra parte que no podemos echarle al cielo.
Después de las lluvias, Servicios Públicos retiró cientos de toneladas de tierra de arrastre y basura. Botellas, bolsas y recipientes terminan precisamente en rejillas y puntos de captación. Juárez necesita infraestructura, ciertamente, pero también necesita ciudadanos que dejen de hacerle el favor de arrojar clandestinamente sus desperdicios donde tarde o temprano terminarán obstruyendo el drenaje.
Y aquí aparece lo verdaderamente incómodo.
Ciudad Juárez sabe desde hace más de veinte años que tiene este problema. Existe un Plan Sectorial de Manejo de Agua Pluvial desde 2004. En 2022, el propio IMIP reconoció que llevaba 18 años sin actualizarse.
No significa que durante todo ese tiempo no se haya hecho nada. Se han construido diques, vasos, colectores, pozos de absorción y otras obras. Entre 2019 y 2021 el Estado anunció inversiones por 618.8 millones de pesos en diez paquetes de infraestructura pluvial. En 2026 el Municipio construyó otros 56 pozos de absorción en 33 puntos.
Sin embargo, todavía existen cerca de cien puntos de encharcamiento identificados.
Entonces, ¿qué hacer?
Actualizar el diagnóstico pluvial de toda la ciudad y convertirlo en un programa multianual que sobreviva administraciones y partidos. Establecer prioridades por cuencas y riesgo: diques, vasos de captación, colectores pluviales, pozos de absorción y mantenimiento permanente. Asignar cada año una partida específica para esas obras. Y acompañarla de una campaña permanente —no únicamente cuando llueve— contra basura, grasas y aceites arrojados al drenaje, con inspecciones y sanciones donde corresponda.
Municipio, Estado, Federación, J+ y ciudadanía tienen responsabilidades diferentes, pero concurrentes.
Naturalmente, existe un pequeño inconveniente político.
Muchas de esas obras no se ven.
Y no es una ocurrencia nueva. En 2020, cuando el Gobierno del Estado anunciaba inversiones en infraestructura pluvial para Juárez, el entonces gobernador Javier Corral habló precisamente de “estas obras que no se ven”. Se abre la tierra, se instala la infraestructura y después vuelve a cubrirse.
Ahí está parte de la paradoja.
Son obras indispensables que terminan enterradas. No tienen monumentos, luces de colores ni grandes edificios donde colocar una placa. Políticamente pareciera que lo que no se ve, no da votos.
Quizá nuestros políticos han hecho mal las cuentas.
Porque el día que caiga una tormenta fuerte en Ciudad Juárez y podamos circular sin encontrar las lagunas de siempre; cuando las familias no tengan que levantar sus muebles para salvarlos del agua; cuando los automóviles no desaparezcan dentro de un socavón y los colectores no vomiten aguas negras, los juarenses sabremos perfectamente quién hizo la obra, aunque esté enterrada.
Ese día, paradójicamente, una obra que nadie puede ver podría convertirse en la más visible de todas. Y para quien finalmente se atreva a hacerla, quizá no haya lluvia de votos. Habrá un diluvio. Ahí está El Meollo del Asunto.

Daniel Valles
Periodista y comentarista de radio y televisión. "El Meollo del Asunto" y "La Familia es Primero" son sus principales herramientas periodísticas que se publican en medios impresos y digitales en diversas geografías de habla hispana.
Ha sido merecedor de diversos reconocimientos como conferencista y premios de periodismo, entre ellos, la prestigiosa Columna de Plata, que otorga la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez.
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