Hace una semana que se manifestaron en la Ciudad de México, miles de mujeres que marcharon protestando por los crímenes tipificados como feminicidios, bajo el lema “No me cuidan, me violan”. Cabe recordar que hace treinta años en Ciudad Juárez Chihuahua, este grave delito fue creciendo en víctimas que hasta le fecha están desaparecidas, o sus restos han sido encontrados en condiciones inhumanas por la tortura y violencia ejercida contra ellas.

Este tema se ha tratado en todo el continente americano, interviniendo la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que condenó en 2009, al Estado Mexicano como responsable de ésta serie de asesinatos, bajo recomendaciones de investigaciones científicas por el caso del “Campo Algodonero en Ciudad Juárez”, donde fueron encontrados los cuerpos de ocho mujeres. Por lo que se construyó un monumento en su memoria por orden del organismo internacional.

Para desgracia de la mejor frontera de México, este tema ha sido una cruz que derrama lágrimas y dolor constante. Las cruces negras sobre fondo rosa, en la mayoría de los postes; las cruces, fotografías y los nombres de las víctimas en el exterior de la Fiscalía General del Estado en Ciudad Juárez, así como la placa con el nombre de Marisela Escobedo madre de Rubí y activista contra crímenes de mujeres, que se encuentra en la banqueta de Palacio de Gobierno del Estado de Chihuahua; así como las constantes marchas de protesta de miles de mujeres, evidencian la impunidad e indiferencia de las autoridades.

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¿Por qué la indiferencia de las autoridades?, ¿por qué impunidad?, ¿por qué no han funcionado las Fiscalías Especializadas en delitos contra la mujer?, ¿por qué no se detienen a los asesinos?, ¿qué le falta al gobierno para atender lo ordenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos?. Son algunas de las interrogantes que nos hacemos los mexicanos. La respuesta contundente, cruel y real es: la corrupción.

Los antecedentes son ingratos desde el trato de las autoridades a los familiares de mujeres asesinadas, sin empatía, ni mucho menos la intención de combatir el delito. Las razones se desconocen, pero analistas e investigaciones de reconocidos periodistas han señalado a personas influyentes en los medios y en la política como tratantes de personas y posibles criminales. El problema es más peligroso de lo que creemos e involucra al crimen organizado inclusive.

En cuanto a las autoridades, curiosamente las investigaciones, las encargadas de atender estos casos de violencia contra la mujer, son en su mayoría mujeres. Así es. Si acudimos a la Fiscalía encontraremos que la mayoría de los Ministerios Públicos son del sexo femenino. La Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género ¡son mujeres!. Todas ellas profesionistas en derecho, psicología, psiquiatría, medicina legal y trabajadoras sociales. Los resultados son lamentables porque están a la vista. Ya se acostumbraron a tantos asuntos de violencia contra la mujer, que los tratan como uno más y a veces sin entender la urgencia que amerita intervenir para salvar una vida.

En lo que se refiere a Juezas en materia familiar y penal, donde se ventilan precisamente juicios contra la mujer, destacan en su mayoría juzgadoras mujeres y en mi experiencia profesional son las más frías en estos temas. Han desechado pruebas idóneas para acreditar los hechos violentos o desestiman el dicho de la mujer. Son más prudentes e imparciales los varones jueces. Se supone que debe existir cuando menos empatía y que son éticas y honestas. Desde luego sin generalizar.

En la marcha de miles de mujeres exigiendo justicia en torno a la violencia de género y en especial contra los feminicidios, destrozaron todo a su paso. Grafitearon la avenida de la Reforma y el monumento histórico el “Ángel de la Independencia”, que requerirá algunos millones para su reparación total que se pagará con nuestros impuestos. Sin embargo la violencia no es el camino para lograr justicia.

Aquí la cuestión es ¿se logrará con ésta marcha la debida actuación de las autoridades que he mencionado?. No lo creo. Debemos protestar contra la corrupción que es el principal de todos los males en la impartición de justicia. Se puede exigir justicia sin violencia. Realizar actos de desobediencia civil. Verificar los antecedentes de los que imparten justicia e investigadores que han incumplido, o son omisos en el cumplimiento de su deber. En la Fiscalía y en el Poder Judicial también existe corrupción femenina.

Molinar Apodaca
Héctor Molinar Apodaca
Abogado | [email protected] | + posts

Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.


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