Ya en una ocasión anterior, hace como tres años, escribí sobre este tema.

Comencé hablando del libro: Ensayo sobre la Ceguera, de José Saramago, que nos plantea la terrible y desesperante idea que un día la gente podría ir perdiendo la visión y con ello la posibilidad de supervivencia.

Reflexionaba entonces que la ceguera política, es otra cosa, es la autocracia, la insensibilidad de los hombres del poder ante el pensamiento y sentimiento popular.

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De hecho, hoy ya no podemos hablar de una “democracia social”, no hay una clase política tradicional dividida en ideologías, partidos, o clases sociales. La partidocracia se unificó para detentar el poder para su provecho particular; contrae y acomoda el dominio político a su conveniencia para sobrevivir y medrar a costa del pueblo mexicano. ¿no es verdad?

Esta es una categoría ineludible.

La ceguera política es un fenómeno mundial. Las sociedades vibran, jadean, se quejan, por lo pronto en comentarios de la población contra la clase política dominante, que van desde el sarcasmo y la broma, hasta la indignación.

Las manifestaciones se multiplican, las mareas blancas, violetas o multicolores se repiten y crecen día a día en la defensa de los derechos, al igual que en la necesidad de decidir por nosotros mismos sobre nuestro presente y futuro. Pero lamentablemente sin respuesta.

Porque la ceguera (la estupidez y la soberbia política) llega al nivel máximo y mienten con un cinismo indecente, de insulto a la inteligencia del pueblo tomándolo por menor de edad o, simplemente, sin capacidad para reaccionar.

Esa clase política, hablamos tanto del PRI, como las bandas opuestas de la derecha o la pseudoizquierda acomodadas en el sistema, sigue convencida que no hay salida ni alternativa para la gente y que, por consiguiente, la marea de indignación pasará y ellos seguirán turnándose en el reinado y gobernando en los tiempos venideros.

La ceguera política, causa un grado considerable de embriaguez de poder que despierta la ambición por mantenerlo a cualquier precio.

En Chihuahua, tenemos todos los modelos para exportar.

Veamos por ejemplo, el caso del priyismo local. El dirigente estatal, el dirigente municipal y su secretaria general, se repartieron ya las plurinominales y obsequiaron a sus compadres, socios y amigos el resto de las candidaturas.

Dejan fuera a Javier González Mocken quien es sin duda el activo más fuerte que tenían los priyistas y se va a Morena, llevándose a medio PRI con él.

Los panistas. Con un partido desecho, esperando el dedo flamígero del gobernador Javier Corral quien anda de gira artística por el país, deja “pendiente” el asunto, mientras buscan un segundo delfín para cubrir el desperfecto interno que causó Alejandra de la Vega al negarse a participar en la contienda por la alcaldía de Ciudad Juárez.

El único que merece la candidatura azul es ahora Carlos Angulo, quien no ceja su intención y se transforma en el último de los guerreros pitufos. Pero el gobernador, ciego. Los cuadros dirigenciales, ciegos también, andan buscando candidato a estas horas.

En México, vivimos en un país donde los políticos quedan al margen de lo que ocurre en la calle, como si la calle fuese algo ajeno a la política.

Somos testigos de una generación de políticos gobernantes sin política social. Mentirosos y desgraciados, sin formación ideológica, pero los dejamos que hagan lo suyo porque no tenemos idea de cómo contrarrestar este nuevo azote dictatorial.

No quedan más de diez días para que baje el telón y veamos como queda el match electoral.

Si quisieran ver un buen espectáculo. Los candidatos deben ser…

  • Cabada (el enemigo a vencer) independiente
  • Supermocken. Ahora por MORENA
  • El “loco” Angulo. Por el PAN.
Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político | + posts

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

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