En la entrega anterior, escribí sobre la idea de que todos los ciudadanos que forman parte de una nación deben ver cumplidos sus derechos.

Y supuestamente la voluntad de algo tan pardo e inextricable denominado PUEBLO, se puede imponer sobre cualquier otra entidad, cuando se afectan los intereses comunes. ¿Cierto?

Así lo consigna nuestra Carta Magna:

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«El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.»

O sea, que el PUEBLO es omnipotente. Pero, ésta disforme sustancia, a la que le damos este gran poder, se encuentra inmovilizado por múltiples candados.

Primero, porque en un ejercicio democrático, el pueblo, define a través del voto, bien o mal, quién lo va a gobernar, y debe ganar la mayoría en las urnas.

¿Por qué? Porque todas las democracias «occidentales» son representativas, depositan el poder en los partidos y sus representantes. No hay democracias directas, al menos hoy.

Así que, para lograr que EL PUEBLO, pueda ejercer su omnipotencia, necesita de un instrumento extraordinario: Las «consultas».

En temas sensibles, controvertidos y extraordinarios, valen las consultas, como el referéndum y los plebiscitos. La revocación de mandato.

Pero, como los que ostentan el poder temen que la furia del pueblo los arrolle, imponen candados inexpugnables.

Mientras estas moléculas de la sociedad como lo somos usted y yo, encontramos una fisura para que caigan las cerraduras, necesitamos buscarnos, reconocernos, y disponernos a la lucha.

Los accesos al poder están copados. Los partidos son obstinados, no darán oportunidad a los que manifiesten interés por empoderar al ciudadano.

Hay que picar piedra desde el principio.

En esta frontera, varios colectivos se han fundado para lograr estos propósitos, pero por una u otra cosa, fracasan, se diluyen. Quedan sueltos los liderazgos.

El caso más notorio lo significa CIUDADANOS VIGILANTES, un colectivo liderado originalmente por José Luis Olivas y José Luis Rodríguez «El Puma».

Grupo político-ciudadano que atrajo a personajes que hoy son importantes en el espectro político de la entidad, como Juan Carlos Loera, Vicky Caraveo, Laura Marín y María Antonieta, Pérez, entre otros.

Me dicen que hoy, este equipo, por donde pasaron más de cien interesantes figuras, ya no existe.

Intereses político partidistas inocularon el espíritu original del colectivo, y entre morenos y azules, desarticularon el proyecto ciudadano.

De aquellos notables, la mayoría trabaja para partidos de su conveniencia, sólo dos figuras de extracción netamente ciudadanas y que aún están en activo son Vicky Caraveo y Jesús Salaiz.

Es menester anotar que el avance del «poder ciudadano» es poco más que lento.

Necesitamos capacitar más a la gente. Crear colectivos pequeños, especializarlos en temas específicos. Mostrarles un método para el cabildeo, presencia pública, manejo de redes, negociaciones, etc.

Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político | + posts

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

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