Los signos, valores y comportamientos que se consideraban propios de aquellos que abrazaban una ideología en la tradicional política mexicana, desaparecieron, fueron secularizados por el pragmatismo rampante.

Por los ambiciosos, trepadores sin escrúpulos.

Esta es una categoría que no admite discusión.

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Tenemos vivos a estos especímenes y podemos señalarlos sin rubor ninguno.

En las recientes elecciones intermedias, tuvimos una voluminosa camada de alpinistas políticos, que consiguieron el poder, desplazando a los militantes que ordenadamente hacían línea de espera en sus partidos políticos.

Para examinar este tema, no voy a teorizar mucho.

Ni siquiera a plantear una metodología para el análisis histórico de las teorías y las formas políticas.

Como tampoco gastaré espacio en repasar el fantasma de la izquierda y la derecha.

Es obsoleto ya el estudio de las teorías políticas, ideas e ideologías.

Sólo lo hacemos algunos cándidos para ostentarnos como personas ilustradas, doctas, instruidas. Una elegante, pero inútil denominación que no sirve de mucho.

Lo que sí es importante anotar, es que nos encontramos en el lindero donde comienzan las nuevas tendencias del pensamiento político.

Lo pragmático, la política utilitaria.

Se requieren nuevas filosofías, nuevos principios para persuadir.

Por lo tanto, es imperativo descubrir un nuevo ideario. Nuevo credo. Nuevos esquemas en el sistema de poder social aplicado a la obtención del poder político.

La ruptura del pensamiento
político tradicional, da paso a una enérgica ola de extremistas que al ver un sistema derruido, encuentra nido entre la herrumbre.

En la dialéctica de Maquiavelo, el concepto: La razón de Estado, se diluye, se falsea.

Se supone que la política sirve para darle bienestar a la gente, para garantizar los derechos del individuo.

Hoy el concepto es un burdo sofisma, un argumento falso o capcioso que se pretende hacer pasar por verdadero.

Pero… ¿es válido?

Por supuesto que sí. La cosa es, ¿Hasta cuando podrá disfrazarse, disimularse, ocultarse, la supuesta voluntad política de bienestar sin que el pueblo lo detecte?

¿Cómo contener el crecimiento la intolerancia?

Brotan de repente, organismos que enarbolan fundamentos teóricos anacrónicos, como VOX, quienes para cobrar vigencia, pretenden resucitar a su némesis, EL COMUNISMO.

¡Nomamespancho!

No hay cacumen, me alegraría ver a uno de los intelectuales orgánicos de estos grupos extremistas, proponer siquiera una variante fisiocrática que soporte los intereses económicos de estos anarquistas.

Carnita para debatir.

Hacer un novedoso pensamiento de lo que puede ser el utilitarismo poscovidiano.

Pero tendrían que revisar fundamentos filosóficos construidos a finales del siglo XVIII por Jeremy Bentham.

En la que establece que la mejor acción es la que produce la mayor felicidad y bienestar para el mayor número de individuos involucrados y maximiza la utilidad.

Pero hay una pereza intelectual en esta generación de cristal, que produce fiaca, desgano mental.

Difícil tarea para los «pensadores» del neoutilitarismo poscovidiano.

Tendrían que revisar primero el contractualismo de Thomas Hobbes, John Locke y Juan Jacobo Rousseau.

Para comprender el neocontractualismo de, Rawls y Habermas.

Para esbozar una nueva teoría funcional a nuestros tiempos.

El cimiento de los NUEVOS FUNDAMENTOS de la política nacional.

Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político | + posts

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

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