Colectivo Juárez
CONVOCATORIA

Se habla del poder ciudadano como si en verdad existiera.

Llevo dos entregas anteriores sustentando la volatilidad del concepto. Y buscando poder darle «cuerpo» al calificativo PUEBLO.

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Pasarlo de su condición amorfa y etérea, a una amalgama compleja pero sólida.

Pasarlo de lo inmaterial a lo tangible. Diría Marcos Barraza, en el capítulo XXVII de su obra: 《Los Laberintos de la Conciencia》.

Trasladarlo del universo de lo intangible, a lo que conocemos como realidad.

Perdonen que soporte esta inquietud de darle animación a la imprudencia de proporcionarle cuerpo a lo que llamamos Pueblo, con las abstracciones de uno de nuestros pensadores locales más preciados; pero es imperativo este respaldo teórico.

Él dice: «tenemos un galimatías espantosamente complejo, donde una misma cosa tiene diferentes nombres engañándonos al pensar que son objetos o procesos diferentes y si a eso le agregamos ‘el sentido figurado’ la confusión crece aún más, llegando a confrontar áreas similares.»

Y luego, propone un ejercicio mental en el que sugiere: «imaginemos los dos universos, el material y el inmaterial, uno frente al otro, para tratar de reordenar lo no ordenado.»

«… en el primero, -escribe-, consideremos todos los objetos que tienen masa y sus fenómenos; en el segundo, los objetos y procesos inmateriales.

La primera gran división en el mundo material sería entre los objetos animados y los inanimados o inertes y vivos, sometidos al movimiento generado por la energía dentro de un espacio tiempo.

En el inmaterial tendríamos formas y pensamientos, la geometría de Hilbert nos podría generar prácticamente cualquier forma en cualquier dimensión y en el pensamiento tendríamos la representación de cualquier fenómeno imaginable del mundo material.»

Hasta ahí el sustento teórico. Tenemos la capacidad de razonamiento suficiente, para discernir lo siguiente:

«… si así lo hiciéreis, que el PUEBLO os lo premie, si no, os lo demande»; sentencia el final de una protesta al cargo.

Se refiere a un acuerdo con EL PUEBLO, acuerdo de cumplir su oferta como gobernante, legislador, o funcionario.

Con la palma hacia abajo, prometen cumplir y hacer cumplir, la Carta Magna, así como las leyes y reglamentos que de ella emanen.

Y casi siempre violentan ese ofrecimiento.

Antes, las palabras tenían valor. Se cumplían. La honorabilidad era incuestionable.

Era innecesario decirlo, pero se tenía que rendir una protesta pública diciendo estas palabras para refrendar el compromiso.

Son muy bellas.

Pero cuando los mexicanos, los chihuahuenses, los juarenses, vemos que no cumplen; nos imaginamos que somos el PUEBLO, y al querer demandarles su incumplimiento, resulta que no tenemos «cuerpo» para hacerlo.

Somos como las luciérnagas brillando por la noche pero imposible de tocarlas. Aunque estos coleópteros son seres vivos; gusanillos de luz, y se constituyen en más de 1900 especies, no representan prácticamente nada. Sólo la admiración de ser bioluminiscentes.

Se habla ostentosamente de nuestro poder como PUEBLO, con la capacidad de participar individual y colectivamente como ciudadanos de una comunidad, quienes, de manera protagónica podemos participar en la toma de decisiones, planificación y gestión de asuntos públicos; así como, en el control social de todos los niveles de gobierno.

Pero ya en la práctica, ¡NO!

Teóricamente las luciérnagas podemos utilizar nuestro poder, no solamente para elegir a nuestros representantes, sino también controlarlos y llevar a cabo los diferentes procesos para enjuiciarlos y destituirlos en el caso de que sea necesario.

Pero NO. Por el momento tampoco podemos. Hay múltiples candados que limitan el poder y la fuerza DEL PUEBLO.

Pienso que es momento de darle sustento jurídico a la denominación PUEBLO. Y asegurarnos que el Articulo 39 de nuestra Carta Magna tenga vigor:

“La soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo.

Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste.

El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.”

Pero como ya lo he dicho, no hay suficientes herramientas para que «el pueblo», ejerza este poder.

Antes de preguntarle a la gente qué quiere, o cómo considera que el gobierno puede resolver la problemática social, necesitamos constituirnos como EL PUEBLO DEMANDANTE.

Los que pensamos que sí se puede, juntémonos, platiquemos, definámonos primero como pueblo y démosle personalidad al corporativo urbano.

Convoco a:

Vicky Caraveo
Jaime García Chávez
Gabriel Cantú
Héctor Molinar
Jesús Salaiz
Ernesto Robles

Y aquellos ciudadanos con liderazgo social, que no estén ligados a organizaciones políticas para conformar un colectivo ciudadano que pueda DEMANDAR el cumplimiento de los compromisos de los gobernantes, legisladores y funcionarios, cuando los quebranten.

Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político | + posts

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

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