Soy de una generación ruda. De las últimas de esta era.


En mis tiempos mozos, imperaba el bullying, desde el más áspero y grosero, hasta lo porril. El carácter se forjaba así. Todos sobrevivimos.

En aquel tiempo, los perros correteaban a los gatos, y los gatos a los ratones. No había tregua, imperaba la naturaleza.

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Había equilibrio.

Luego, todo se volvió light.

Los niños fueron reprimidos hasta el grado de hacerlos dudar de su género.

Los armarios se abrieron y emergió el arcoiris; todo cambió.

Los perros y los gatos hoy duermen juntos y se apapachan.

Los ratones pasean sin temor al gato.

Antes, un hombre sacaba a pasear al perro, era un pastor alemán, un bulldog, un doberman, un rottweiler.

Hoy, salen los caballeros con sus chihuahuas en brazos, o sus french poodle. Con las uñas pintadas. Ellos.

No sólo eso. Antes, el chile serrano, el piquín, el manzano, y el de árbol, por decir unas pocas variedades de picantes, picaban de a madres. Te dejaban la boca, la lengua y el paladar escaldados.

Hoy, no encuentras un picante de a deveras.

En aquellos tiempos imperaba la ley, un policía era digno de respeto. Había muy pocos abusos.

Hoy, le temes más a los policías en la noche, que a los malandros.

En mis tiempos juveniles, los soldados eran símbolo de seguridad nacional. Nos sentíamos orgullosos de su pundonor, de su gallardía.

Hoy, metidos hasta el cuello con los grupos criminales. Y no por la tropa, que es noble. Sino por los mandos superiores.

Coludidos por la complacencia presidencial.

Andrés Manuel debe de entender que no es ministro religioso. No es el Papa que ora por todos ante el Creador.

Debe entender que hay una lógica imperante en el derecho y la justicia. La ley por encima de todo.

¿Robas? Cárcel
¿Matas? Cárcel
¿Violas? Cárcel
¿Traficas droga? Cárcel
¿Transgredes la ley? Cárcel
¿Te resistes? Mueres

Es la ley.

Con la militarización de las aduanas, teníamos el temor de que los nuevos administradores y sus colaboradores inmediatos, todos milicos, por cierto, pudieran abusar de sus cargos y torcer la voluntad presidencial.

Pero no ha sido así.

Los malandros crearon un micro cártel en el interior de las aduanas, que dominan el arte de la extorsión y el cochupo.

La ignorancia e ingenuidad de los nuevos administradores, sólo desató la voracidad de los funcionarios con una carrera de muchos años haciendo lo mismo.

La vergonzosa realidad es que el glorioso ejército mexicano, se ha transformado en escarnio y bufonada del poder factico.

Nomamespancho.

No queremos abusos, pero tampoco queremos que las fuerzas oscuras se pitorreen de sus uniformes y lo que representan.

Vergonzosa la corretiza que les dieron los malandros; vergonzosa la amenaza directa de un sicario a un teniente frente al alcalde de ese lugar, dominado por ese grupo criminal.

Vergonzoso que el funcionario de ínfimo rango, pero de mucho poder en la aduana, se salte las instrucciones del mero administrador, y persista la extorsión.

En el reino de las percepciones la señal es que el presidente protege a los criminales.

Tal es la percepción, que uno de los moneros mexicanos dibuja a un narco hincado, rezando a la imagen de Andrés Manuel  y en un cesto de basura, el cuadro de Malverde, santo protector de los narcotraficantes.

Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

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